«La Iglesia sufre miopía, hace falta mirada abierta»

Rafael Cob, obispo de Puyo (Ecuador) y presidente de la Red Eclesial Panamazónica, es el rostro católico más visible en América Latina en defensa de los derechos de las comunidades indígenas

Rafael Cob
Rafael Cob FOTO: Alberto R. Roldán La Razón

Siempre le atrajeron las misiones. Pero, ni por asomo, aquel seminarista burgalés que nació en La Horra hace 70 años se imaginó que este agosto se convertiría en el presidente de la Red Eclesial Panamazónica (Repam), plataforma respaldada por el Papa que es el mayor armazón de los indígenas frente la explotación de las multinacionales y la complicidad de los Estados. A la par, es obispo del Vicariato ecuatoriano de Puyo, 30.000 kilómetros cuadrados que se traducen en cinco días en canoa para llegar al último rincón en la frontera con Perú.

Su voz es incómoda para los que manejan los dólares. ¿Cuántas veces ha escuchado aquello de ‘obispo, métase en sus cosas’?

Cuando la gente ve que la Iglesia lucha por los derechos de los indígenas dejan caer que la ecología no es ni nuestro fuerte ni competencia. La defensa de la vida humana ocupa y preocupa a la Iglesia en todas sus manifestaciones, includio el medio ambiente y quienes lo habitan. En el Sínodo de la Amazonía que se celebró en Roma en 2019 quedó claro además que eran las propias comunidades piden a la Iglesia que sea su portavoz y aliada. La Iglesia es hoy una mediadora eficaz ante cualquier conflicto, como hemos visto en Ecuador estas semanas. Ante un paro nacional, ejerce de interlocutora entre el Gobierno y los indígenas para lograr un acuerdo. No hay ninguna institución que tenga mayor credibilidad moral.

A veces estas críticas salen de las sacristías, que piden más doctrina y menos exotismo…

Para criticar hay que ponerse en los zapatos de quienes sufren.

¿Se ha acostumbrado a recibir palos de un lado y otro?

Estoy convencido de que la Iglesia tiene que ser esa voz que lleve la luz y la paz, aunque te den palos.

¿Aun cuando le tachen de populista y teólogo de la liberación?

La Iglesia tiene que tener muy claro que tiene que conjugar a la vez su misión profética y samaritana. Como samaritana, tiene que estar con aquel que sufre y al que hay que ayudar y proteger. Pero, no solo debe anunciar la Buena Noticia, sino también denunciar el mal. Por eso, la misión profética implica levantar la voz frente a aquello que afecta al bien común. Tanto los campesinos como los indígenas necesitan escuchar de nosotros que nos indignamos de verdad ante situaciones de injusticia. Así nos lo pide también el Papa Francisco. La Iglesia tiene que estar al frente para decir lo que está mal y no callarse ante la corrupción. Lo que no se denuncia, se tapa. Por ejemplo, en nuestra provincia nos querían poner una explotación petrolífera en las fuentes donde el pueblo toma el agua. Como Iglesia no lo podíamos permitir y nos movilizamos. Ni al Gobierno ni a las empresas les gusta que denunciemos que no pueden tomar una decisión sin realizar una consulta pública e informada a las comunidades, pero no podemos pasar esto por alto.

¿No ha estado tentado de quedarse en su despacho para evitar una amenaza o represalias?

Un cristiano, y más una autoridad de la Iglesia, debe ser coherente con aquello en lo que cree, esto es, defender la justicia y la verdad. Jesús decía: «Yo he venido para dar justicia a los más pobres». Los pobres están ahí, en la misma calle que yo, a mi lado y yo tengo que estar con ellos, no entretenido en otras cosas. No puedo dejar pasar sus problemas. A veces pienso cómo nos van a juzgar las futuras generaciones. No podemos ser ciegos ante la realidad, sordos ante los gritos y mudos ante la verdad, no seríamos fieles al Evangelio.

Pero seguro que ha pensado en tirar la toalla ante las presiones de los Goliats…

En algún instante aparece la tentación de abandonar la misión, pero siempre se logran pequeños frutos que te animan a seguir adelante. Si puedes hacer algo, aunque sea poquito, hay que arriesgar ante tanto derecho vulnerado.

En medio de tantos problemas en la Amazonía, cuando llega a España, ¿no se enfada al ver las «tonterías» porque las que se enfrentan aquí unos y otros?

Uno se enfada porque veo que solo se preocupan por su metro cuadrado. En el fondo, desde Europa se piensa que, como aquello está muy lejos ni nos impacta ni nos concierne. Como advierte el Papa en la encíclica «Laudato si’», todo está interconectado. Vivimos en un mundo global en el que todos nos necesitamos. Si fuéramos conscientes de que una de cada cinco respiraciones nuestras y uno de cada cinco vasos de agua que bebemos dependen de la Amazonía, cambiaría nuestra mirada. ¿Qué hago yo para que ese oxígeno y esa agua no se agoten? Tenemos que crear esa conciencia colectiva frente a la deforestación y contaminación se frenen, sobre todo, porque aquellos que tienen que tomar las decisiones en las cumbres del clima, se acaban desentendiendo.

¿Cómo se ven desde la selva las guerras doctrinales católicas de conservadores norteamericanos y progresistas alemanes?

Detecto que hay una cierta miopía en la Iglesia a la hora de ver los problemas y la realidad de hoy requiere de una mirada abierta y global. Cuando uno ve los problemas particulares que a uno le preocupan y no los problemas universales que a todos nos implican, se dan estos extremos. Nadie niega que pueda haber diferencias internas en la Iglesia, pero hay que estar alerta cuando nos enredamos en discutir en un punto doctrinal y buscamos conservar todo intacto, cuando la realidad va por otro lado. Hay que abrir nuevos caminos de evangelización tal y como hizo Jesús, que rompió esquemas en su cultura. La Iglesia no puede quedarse anclada en el pasado, tal y como nos pide el Papa, sino adentrarse en esa propuesta sinodal que nos reconoce a todos como pueblo de Dios, donde caminos juntos, todos somos parte, tenemos voz y podemos actuar, no solo los que están en la pirámide.

¿Hay Papa para rato a pesar de su rodilla?

Francisco es un hombre providente puesto por Dios en este tiempo. Tiene una clarividencia iluminadora y la misión que tiene entre manos no es para decir justo ahora: «Aquí os dejo, arregláoslo vosotros». Mientras vea en su mente y en su corazón que puede, continuará porque sabe que los pies no son solo los que hacen camino a la Iglesia. No creo que presente mañana la renuncia.

«Cáritas es la mejor defensora de la dignidad de los pueblos»

Tras un mes de vacaciones en España, este fin de semana, Rafael Cob vuela a Ecuador, vuelve a la que es su casa desde hace tres décadas. Pero, antes, una parada en la sede de Cáritas Española. Y es que, la plataforma social de la Iglesia, además de salir al rescate de los más vulnerables en España, también tiene en marcha proyectos de cooperación al desarrollo. Es más, está vinculada como entidad fundante a la Red Panamazónica. «Cáritas es insustituible. Una Iglesia sin caridad no sería la Iglesia de Jesús. Esa caridad que no tiene fronteras nos hace sentirnos a nosotros la verdadera fraternidad», asevera el obispo de Puyo, que ve en la entidad mucho más que una fuente de financiación: «Cáritas es la mejor compañera de viaje de estos pueblos, es quien mejor defiende sus derechos frente a cualquier amenaza».