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¿Éste es el rostro de Dios?

El cine, el arte y la literatura lo han representado como un hombre blanco, barbudo y serio. Pero ¿realmente es así como lo vemos? Un estudio de la Universidad de Carolina del Norte concluye que los creyentes lo imaginan joven, amable y, aunque masculino, con rasgos afeminados.

  • Los participantes vieron 300 pares de rostros que variaban aleatoriamente y seleccionaron qué cara de cada par se parecía más a cómo imaginaban que sería la de Dios
    Los participantes vieron 300 pares de rostros que variaban aleatoriamente y seleccionaron qué cara de cada par se parecía más a cómo imaginaban que sería la de Dios

Tiempo de lectura 4 min.

13 de junio de 2018. 02:34h

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M. Palacio/E. Genillo.  13/6/2018

Buscar el Rostro de Dios es un camino necesario, que se debe recorrer con sinceridad de corazón y esfuerzo constante». Estas palabras son de san Juan Pablo II, en una homilía pronunciada el 13 de enero de 1999. Aunque a lo que nos animaba el papa polaco era a empreder la búsqueda espiritual de Dios, lo cierto es que la representación de la imagen antropomorfa de Dios ha sido una constante en el mundo del arte, la literatura y la teología. Más allá de las huellas de la Sábana Santa, hasta ahora el hombre lo ha representado partiendo de patrones que cumplían con los clásicos cánones de la belleza occidental a los que se unían ciertas características comunes: la longevidad (barba, pelo blanco...) y un gesto que o bien era de bondad o, por el contrario, de severidad Pero ¿es así como vemos realmente a Dios?

Un equipo de psicólogos de la Universidad de Carolina del Norte en Chapel Hill acaba de romper con el molde de hombre mayor de aspecto caucásico, barba blanca y aspecto serio que ha representado al Señor. Según un estudio científico en el que han participado más de medio millar de cristianos americanos, el Dios del siglo XXI es, según los creyentes, mucho más joven, algo más femenino, menos caucásico y serio de lo que hasta ahora se solía creer.

Para llegar a esta conclusión se escogió una muestra representativa de la sociedad americana (330 hombres, 181 mujeres, de edad media y de los cuatro puntos cardinales y razas ).

Cada participante en el estudio vio 300 pares de rostros que variaban aleatoriamente y seleccionaron qué cara de cada par se parecía más a cómo imaginaban que sería la de Dios. Al combinar todas las caras seleccionadas, los investigadores pudieron armar un rostro compuesto que reflejara cómo cada persona imaginaba que sería la del Altísimo. El resultado es que la mayoría de los cristianos estadounidenses ven a Dios masculino (aunque sus rasgos están más feminizados que en las imánes «tradicionales»), caucásico (aunque en menos medida), atractivo, inteligente y cariñoso. Pero el estudio va más alla: ¿Vemos diferente a Dios en función de nuestra ideología?

Los investigadores de la Universidad de Carolina del Norte concluyen que sí. El estudio quiso saber la percepción que tenían de él los participantes dependiendo de su edad, género, atractivo, raza, riqueza percibida, inteligencia, felicidad, amor y poder. Y concluye que las personas que se definen como liberales tienden a ver a Dios como más femenino, más joven y más amoroso que los conservadores. Así, los conservadores ven a Dios más caucásico y más poderoso que los liberales. «Investigaciones anteriores mostraban que los conservadores estarían más motivados que los liberales para vivir en una sociedad bien ordenada, una que estaría mejor regulada por un Dios poderoso. Por su parte, los liberales estarían más motivados para vivir en una sociedad tolerante, que sería mejor regulado por un dios amoroso», afirma Joshua Conrad Jackson, coautor principal del estudio.

Nuestro propio patrón

L

a clave está en que proyectamos nuestras creencias y rasgos sobre los demás: «Nuestro estudio muestra que la apariencia de Dios no es diferente: las personas creen en un Dios que no solo piensa como ellos, sino que también se parece a ellos», explica el profesor Kurt Gray, coautor del estudio y profesor de psicología en la Facultad de Artes y Ciencias de UNC-Chapel Hill. Curiosamente, mientras que los jóvenes se imaginaban un Dios más joven y los afroamericanos, lo veían con rasgos similares a los de su raza, en el caso del género, los participantes en el estudio no mostraron un sesgo egocéntrico, ya que hombres y mujeres (el estudio contaba con más varones que féminas) coincidieron en imaginar un Dios masculino, aunque quizás, el resultado final mostró un rostro más afeminado del que estamos acostumbrados a ver.

Fermín Labarga, profesor de la Facultad de Teología de la Universidad de Navarra, subraya sin embargo que para imaginar a Dios hay que partir de una premisa que rompe con la conducta que tuvieron los participantes en el estudio: «Dios no es como nosotros».

Como director del Departamento de Teología Histórica de este mismo centro, Labarga explica que hemos sido creados «a su imagen y semejanza», pero advierte de que «ésto debe entenderse no tanto en cuanto a la biología sino en cuanto a la capacidad racional y la capacidad de relacionarse y amar».

Como experto en el conocimiento que el ser humano tiene de Dios, el teólogo añade que «para los cristianos, el auténtico rostro de Dios es Jesucristo, Dios hecho hombre». Ahora bien, añade que dado que no queda ningún retrato de Cristo «cada uno puede imaginarlo como mejor le parezca». Labarga detalla además cómo describen a Cristo los cuatro Evangelios, que no entran en sus rasgos físicos, pero sí aportan muchos datos sobre su personalidad humana: «amable, acogedor, recio, sensible, trabajador, etc. Con todos estos rasgos, podemos componernos nuestra propia imagen de Cristo», dice a LA RAZÓN. Y finalmente añade que «aunque Cristo no nos facilita un retrato de Dios Padre, sí nos da los rasgos fundamentales de su forma de ser, hablando con un lenguaje humano. Así, Dios es un Padre amoroso, misericordioso, paciente, justo, etc. Y en esos rasgos también se incluye su carácter entrañable, un rasgo típicamente femenino. Porque Dios supera y trasciende todas nuestras categorías humanas».

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