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Huelga de vetos en el Congreso

Mujeres policías trabajando, camareras de baja, políticas que pararon y otras que no... por un día la Cámara dejó a un lado las discrepancias y todos los partidos defendieron la conciliación

  • La presidenta del Congreso, Ana Pastor, junto a los parlamentarios y mujeres trabajadoras que participaron en la charla del Congreso
    La presidenta del Congreso, Ana Pastor, junto a los parlamentarios y mujeres trabajadoras que participaron en la charla del Congreso / Javier Fernández-Largo

Tiempo de lectura 4 min.

09 de marzo de 2018. 04:00h

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Aurora G. Mateache 9/3/2018

El parón por la huelga feminista convirtió ayer al Congreso en, si se permite, una especie de «salón del té», recogido, intimista, en el que diputadas de distintos partidos (a excepción de Podemos) y mujeres de variados ámbitos laborales explicaron, en un tono familiar y confidente, como si hubieran quedado en una casa un grupo de amigas, su experiencia en el mundo laboral. Así lo debió sentir la propia presidenta del Congreso, Ana Pastor, con esta inequívoca afirmación: «Ésta es la casa de todas las mujeres». Ya el inmenso lazo morado que atravesaba la fachada de la puerta de los leones avisaba, según se subía por la Cuesta de los Jerónimos, lo que «se cocía» dentro. Sorprendió ver que, en el control policial, dos mujeres se encontraban en sus puestos. «¿No hay huelga aquí?», una leve sonrisa por supuesto.

En el «hall», el habitual barullo de periodistas estaba de «luto», y apenas dos mujeres comprobaban sus carnets. «Luego voy a la “mani”», se apresuraba a aclarar una informadora. Con las comisiones parlamentarias retrasadas a causa de la huelga, el hemiciclo quedó desierto, y sólo la cafetería era concurrido lugar de encuentro variado de hombres y mujeres entre el personal laboral de la Cámara Baja. «Yo vengo a trabajar porque no me puedo permitir no hacerlo. Así son las cosas», zanjaba la conversación una mujer en un puesto de secretariado que prefirió permanecer en el anonimato. Eso sí, las camareras se erigieron reivindicativas ayer, ya que ninguna mujer se encontraba detrás de la barra. «Hemos tenido que cubrir sus ausencias, sí», explicó un encargado que tampoco quiso dar su nombre, girándose hacia una ristra de hombres afanados en servir. «Es su derecho».

Al bajar las escaleras que conducen al Salón de Pasos Perdidos, las protagonistas. Como todos los años en el día internacional de la mujer, el Congreso organizó actos relacionados con la efeméride. «Siempre ha habido estos actos, y más desde que la presidenta del Congreso es mujer. Esas afirmaciones de que era un acto paralelo a la huelga es falso», aseguró la parlamentaria popular Marta González, en referencia a la ausencia representativa de Podemos. Una imagen en las primeras filas: Rafael Hernando y Albert Rivera, que quisieron arropar a las mujeres en la charla, hablando con la portavoz socialista, Margarita Robles, junto a dos sillas vacías de la formación morada. «Tenemos que seguir reivindicando nuestros derechos porque si no el mundo no funciona», afirmó la juez a este periódico. «Somos un factor esencial para moverlo y en este acto hemos aprendido mucho porque hay mujeres de sectores muy diferentes: del mundo rural, agrícola, científico...». Como Encarna Roca, vicepresidenta del TC; Eva Calvo, medalla de plata en Taekwondo en los Juegos Olímpicos de Río de Janeiro; Carmen Iglesias, directora de la Real Academia de la Historia; Elvira Roca Barea, filóloga y escritora; Albina Pedraza, premio Mujer Rural, o Ana Coto Montes, profesora de Morfología de la Universidad de Oviedo. Por parte de los grupos parlamentarios: Susana Sumelzo (PSOE), Marta González (PP), Melisa Rodríguez (Cs) o Idoia Segastizabal (PNV), y de la Mesa, Alicia Sánchez Camacho (PP) o Patricia Reyes (Cs), Juan Ignacio Prendes (Cs), entre otros, que aseguró a este periódico: «Desde Cs queremos ampliar a dos semanas el permiso de paternidad. Esta muy bien esta charla porque escuchamos los testimonios de todas para luego trabajar desde aquí. Esto sí es efectivo, no el primer manifiesto del 8-M, que yo sepa, el tratado de libre comercio nada tiene que ver con la igualdad».

Políticas para ayudar a la conciliación siguiendo el ejemplo de otros países fue la reclamación unánime. Testimonios como el de Montes silenciaron la sala: «Cuando estuve de baja por embarazo tenía que presentar informes de mis proyectos periódicamente. Es decir, tuve que seguir trabajando cuando tenía que disfrutar de mi hijo para mantener mi puesto». También hubo voces discrepantes, como la de Roca Barea, autora del libro «Imperiofobia y leyenda negra», quien aseguró no haber «sucumbido al puritanismo» y reivindicó que la brecha salarial se produce, en cierta medida, porque las mujeres «suelen poner a los hijos por delante de todo lo demás cuando son madres». La vicepresidenta del TC habló en un desenfadado tono personal: «La verdad es que yo no he sufrido nunca acoso ni nada parecido», aseguró. «Hay más mujeres jueces que hombres en España. Pero en cuanto se llega al vértice de la pirámide, y hay que ser nombrado por el resto, la cosa cambia en el sistema judicial».

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