Plenaria de la Conferencia Episcopal

Los obispos españoles superan sus divisiones internas

El nuevo presidente de la CEE, el arzobispo de Valladolid, Luis Argüello, y el nuevo vicepresidente, el cardenal José Cobo, arzobispo de Madrid, confirman un tándem coherente

El presidente de los obispos, Luis Argüello, saluda a las víctimas de abuso que protestaron en la sede del Episcopado el 5 de marzo
Luis Argüello, nuevo presidente de la Conferencia Episcopal EspañolaDavid JarLa Razón

Después de seguir la andadura de la Asamblea Plenaria de la Conferencia Episcopal Española y de analizar los resultados de sus elecciones parece correcto deducir que nuestros obispos han superado casi totalmente las divisiones internas, quedando reducido a diez votos el bloque de los que aún permanecen reticentes a la línea indicada por el Papa Francisco.

Han sido elegidos presidente y vicepresidente el arzobispo de Valladolid, Luis Argüello, y el cardenal José Cobo, arzobispo de Madrid, con unos porcentajes de adhesión que no dejan lugar a dudas y que confirman un tándem coherente e impregnado por el espíritu de comunión. Por otra parte la Comisión Ejecutiva se ha mantenido casi igual a la anterior con mínimos cambios motivados por la edad.

Vistas desde Roma, estas decisiones han sido bien acogidas aunque la Santa Sede esta vez no ha intervenido en un sentido ni en otro, como sucedió en un pasado no tan lejano. Nadie en el Curia Romana ha manifestado públicamente su satisfacción pero nos consta que se considera que las cosas han ido en la mejor dirección posible y aquí se espera que los cuatro próximos años discurran con menos tensiones internas y con una mayor cooperación entre los prelados de nuestro país.

Alcanzar este equilibrio ha sido posible al disminuir las presiones de algún grupo episcopal que en las últimas décadas se había hecho con el control de las voluntades y votaciones pero, sobre todo, porque ha prevalecido la necesidad de ofrecer a la sociedad española, tan polarizada en otros campos, la imagen y la realidad de una Iglesia llamada a facilitar la fraternidad y la búsqueda de todos de ese bien común que añoran y necesitan nuestros conciudadanos.

Cabe añadir un comentario menor sobre la ausencia del Nuncio Apostólico en esta Plenaria. Novedad sorprendente de la que no se ha dado explicación alguna ya que todos los predecesores de Monseñor Bernardito Auza no sólo asistían a la apertura de las sesiones, sino que además pronunciaban un discurso que en algún momento servía de altavoz a las indicaciones que el Papa quería hacer llegar a nuestra Iglesia.