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«Ojalá que el paso dado por el Papa sirva para que mi hijo no muera en prisión»

Tras la petición histórica de Francisco de abolir la pena capital, Cándido Ibar, el padre de Pablo, en prisión desde 1994, agradece, a través de LA RAZÓN, este hito al Pontífice

  • Pablo Ibar, en una imagen de archivo, muestra la tarjeta de identificación que tenía en la cárcel
    Pablo Ibar, en una imagen de archivo, muestra la tarjeta de identificación que tenía en la cárcel

Tiempo de lectura 5 min.

05 de agosto de 2018. 02:27h

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Belén Tobalina 5/8/2018

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La decisión del Papa Francisco de modificar el Catecismo para declarar «inadmisible» la pena de muerte y anunciar que la Iglesia luchará para abolir la pena capital en todo el mundo llega dos semanas antes de que arranque el juicio a Pablo Ibar. Un hito que supone un gran apoyo para todas las familias que tienen a un ser querido en el corredor o en las puertas. Es el caso de Cándido Ibar, el padre de Pablo Ibar, el español de origen vasco encarcelado desde 1994 al estar acusado de un triple homicidio.

«Nada más saber que el Papa había dicho claramente que la Iglesia va a luchar contra la pena de muerte, el primero en quien pensé fue en mi hijo, claro, pero rápidamente en todas las personas que están en el corredor o a la espera de ser condenados a muerte. Durante todos estos años hemos conocido a muchos latinos, de Puerto Rico, de Panamá..., que están en el corredor. La decisión del Papa me importa por mi hijo y por el futuro de los hijos de otras familias que están o estarán en esa terrible situación», afirma a este periódico Cándido Ibar.

Su hijo lleva 24 años en prisión. Y de ellos, 16 en el corredor de la muerte, del que salió en junio de 2016 después de que el Supremo de Florida anulase el 4 de febrero de ese año la sentencia a muerte y ordenase la celebración de un nuevo juicio. Desde entonces se encuentra en prisión preventiva en el centro penitenciario del condado de Broward, «donde le cambian de módulo cada dos o tres semanas, lo que le impide hacer buenos compañeros», explica Andrés Karkenberger, portavoz de la familia.

Hasta Miami se ha mudado temporalmente el padre de Pablo. «Estoy a unos 80 km de la prisión en la que está», afirma Cándido. «Le vi hace dos semanas, pero a través del ordenador. Ahora, al no estar ya en el corredor de la muerte hablamos por teléfono, aunque cuesta bastante dinero. Hablé con él a principios de semana. Primero estuvimos conversando sobre cómo estaban las cosas judiciales. Pablo está bien, pero también nervioso. Está en la última batalla, hay que ganar. Pero no podemos estar demasiado confiados mientras dependa de la Fiscalía. La última vez lo estábamos y fue un jarro de agua fría». «Creo que Pablo aún no sabe nada del paso del Papa. Estoy preocupado. He intentado volver a hablar con él pero no he podido. Él está en la séptima planta donde hay dos teléfonos y uno está estropeado. Les dividen en tres grupos de 30. Si en uno de los grupos hay problemas les castigan a todos», asegura.

Pase lo que pase durante el juicio cabe la posibilidad del recurso, algo en lo que Cándido prefiere ni pensar: «Si no saliera bien habría una última oportunidad, pero no contamos con tener que llegar al recurso porque eso podría alargar su estancia en prisión 10 años más a la espera de un nuevo juicio. Hay que ganar sí o sí».

«La petición del Papa para abolir la pena de muerte en todo el mundo es algo grande. Dada su influencia, aunque no se vaya a conseguir abolir la pena capital de un día para otro, es un paso sumamente importante para el mundo. Quiero agradecer al Papa lo que está haciendo en el mundo para evitar la pena de muerte. Le doy las gracias porque después de la muerte no se puede arreglar nada».

Nada más anunciar el Vaticano la modificación en el Catecismo, este periódico se puso en contacto con él, unas conversaciones que han continuado los siguientes días. Cándido se muestra fuerte, aunque hay días en los que se le percibe preocupado.

«Ojalá la gente participe desde su posición en esta lucha para que de una vez se elimine la pena de muerte», hace hincapié. Y es que aunque la decisión del Papa sea una buena noticia teme que el mensaje no sea debidamente escuchado por la Fiscalía del Estado de Florida, que sigue pidiendo para su hijo la pena de muerte.

«Siempre hemos creído que la pena de muerte es inadmisible. Ojalá que el paso dado por Francisco sirva para que mi hijo no muera. El problema en Florida es que la Fiscalía es una de las más duras, junto con la de Atlanta y Texas».

«Abolir la pena de muerte –prosigue– es algo necesario. No debería existir. Se está haciendo mucho para acabar con ella gracias a organizaciones como Amnistía Internacional. Estoy convencido de que si se votase en todo Estados Unidos el país votaría en contra de la pena de muerte».

A pesar de los agradecimientos al Papa, Cándido se muestra algo escéptico con que la Iglesia pueda ayudar: «Ojalá». Nos pone en contacto con la Archidiócesis Católica Romana de Atlanta para tratar de averiguar de qué modo la Iglesia va a luchar si cabe con más ahínco contra la pena capital. Su directora de comunicación, Paula Gwynn Grant, explicó a este periódico que, aunque no tienen información específica en el caso de Pablo Ibar o sobre ningún otro caso para facilitarnos, «tenemos un ministerio de prisiones y cárceles activo que defiende la lucha contra la pena de muerte cada semana del año. Este ministerio continuará este trabajo vital en nombre de todos los condenados a muerte, especialmente dados los comentarios del Santo Padre».

De hecho, tras la publicación de la sección revisada del Catecismo, el obispo Frank J. Dewane de Venice, Florida, y presidente del Comité de Justicia Doméstica y Desarrollo Humano de la Conferencia de Obispos Católicos de EE UU (Usccb), acogió positivamente el cambio y se hizo eco de la llamada para poner fin a la pena capital en EE UU vía el siguiente comunicado: «Celebramos la decisión del Santo Padre de revisar el Catecismo y su explicación de las enseñanzas de la Iglesia sobre la pena de muerte. Todos los seres humanos son creados a la imagen y semejanza de Dios y la dignidad que el Creador les otorga no se puede extinguir, incluso por un pecado grave, tal que todas las personas, desde la concepción hasta la muerte natural, poseen dignidad y valor inalienables que apuntan a su origen como hijos e hijas de Dios».

«Durante décadas –prosigue el obispo–, la Conferencia de Obispos Católicos ha pedido el fin de la pena de muerte en EE UU. Como dice el Catecismo revisado, existen sistemas de detención más efectivos que garantizan la debida protección de los ciudadanos, que también mantienen la dignidad humana de todos. Esperamos que el anuncio traiga nueva atención a este tema crítico y acelere el final de esta práctica que, como ha dicho el Papa, es “inadmisible porque es un ataque a la inviolabilidad y a la dignidad de la persona”».

Durante 2017, se registraron al menos 993 ejecuciones en 23 países y hubo 2.591 condenas a muerte en 53 países, según Amnistía Internacional. En el caso concreto de Estados Unidos, el pasado año hubo 23 ejecuciones en ocho estados: Alabama (3), Arkansas (4), Florida (3), Georgia (1), Misuri (1), Ohio (2) , Texas (7) y Virginia (2). También se dictaron 41 condenas a muerte, de modo que el número de ejecuciones y condenas en este país aumentó ligeramente el pasado año respecto a 2016.

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