Vaticano

Sin vetos papales para debatir del celibato, los divorciados y los gais

La guía de trabajo del Sínodo promovido por Francisco borra los temas tabúes de la Iglesia

El Papa Francisco a su salida del Hospital Gemelli de Roma
El Papa Francisco a su salida del Hospital GemelliAndrew MedichiniAP Photo

Francisco no pone vetos a conversar sobre tema alguno en el Sínodo de la Sinodalidad, que celebrará su primera sesión el próximo mes de octubre. Ni al celibato opcional ni a los divorciados vueltos a casar. Tampoco al colectivo LGTBQ+. Todas estas temáticas se recogen en el llamado ‘Instrumentum laboris’, una guía de trabajo previa que tendrán que preparar las madres y los padres sinodales convocados por el Papa para participar en esta asamblea consultiva que busca ser una puesta a punto de la Iglesia, bajo el lema 'Por una Iglesia sinodal: comunión, participación, misión'.

Que sean incluidos a modo de temas para debatir no significa que se vayan a dar cambios doctrinales en estos asuntos. Por ejemplo, tras celebrarse el Sínodo de la Amazonía en 2019, hay quien dio por hecho que el pontífice argentino aprobaría la ordenación de hombres casados y no movió una sola línea al respecto. En cualquier caso, este nuevo manual de uso sí supone un salto cualitativo el mero hecho de que Francisco haya dado vía libre a que se aborden sin ningún tipo de tabúes. Será él quien, después de celebrarse las dos convocatorias previstas para este otoño y el de 2024 decida si da un paso al frente en alguno de estos asuntos sensibles. De momento, se abre la veda para que comience el debate en un foro que estará compuesto en un 75 por ciento por obispos, mientras que el resto lo forman sacerdotes, religiosos y laicos, tanto hombres como mujeres.

Entre las preguntas que incluye el documento de trabajo, se encuentra la siguiente: “¿Es posible, como proponen algunos continentes, abrir una reflexión sobre la posibilidad de revisar, al menos en algunas áreas, la disciplina sobre el acceso al presbiterado por parte de hombres casados?”. Con esta misma naturalidad, el texto aborda otras cuestiones como el acceso de las mujeres al diaconado: "¿Cómo puede la Iglesia de nuestro tiempo cumplir mejor su misión mediante un mayor reconocimiento y promoción de la dignidad bautismal de las mujeres?".

En este sentido, la guía se hace eco del trabajo realizado en los distintos continentes al respecto, para evidenciar que “en una Iglesia que quiere ser verdaderamente sinodal, estas cuestiones deben ser abordadas conjuntamente y deben construirse juntos respuestas concretas para un mayor reconocimiento de la dignidad bautismal de las mujeres y para la lucha contra todas las formas de discriminación y exclusión de las que son víctimas en la comunidad eclesial y en la sociedad".

Sí resulta significativo, por ejemplo, que, por primera vez, un documento de la Santa Sede utiliza la nomenclatura LGBTQ+ para referirse al colectivo. Así, se entona un ‘mea culpa’ en favor de "quienes no se sienten aceptados en la Iglesia, como los divorciados vueltos a casar, las personas en matrimonios polígamos o las personas LGBTQ+". Es más, echando mano de ‘Amoris laetitia’, la exhortación apostólica de Francisco sobre la familia, se insta a “crear espacios en los que aquellos que se sienten heridos por la Iglesia y rechazados por la comunidad puedan sentirse reconocidos, acogidos, no juzgados y libres para hacer preguntas”. De la misma manera, se propone a las madres y padres sinodales que sugieran “medidas concretas son necesarias para llegar a las personas que se sienten excluidas de la Iglesia a causa de su afectividad y sexualidad”.