Teatro

El Calderón más sexy

Miguel del Arco se pone al frente de la cantera de la Compañía Nacional para levantar «La señora y la criada», un texto prácticamente desconocido del autor barroco que ha versionado Julio Escalada

Calderón siempre está en boga, pero ahora más. Sin que nunca se haya dejado de «llevar» por el Teatro de la Comedia, es curioso que de los cuatro montajes que se han levantado en la presente temporada, tres lleven la firma del dramaturgo barroco: «La vida es sueño», con el que Helena Pimenta cerró su etapa; «El gran mercado del mundo», dirigido por Xavier Albertí; y, ahora, «La señora y la criada», un título poco representado –se tiene constancia de un único antecedente– con el que se atreve Miguel del Arco en su debut al frente de un Calderón.

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El kamikaze le ha cogido el gusto a trabajar con las nuevas generaciones. Si el curso pasado apostaba por hacer su primer Lorca junto a LaJoven, esta vez confía la nueva empresa a los chicos y chicas del filial de la Compañía Nacional de Teatro Clásico (CNTC) –la quinta promoción–. «Es una triste realidad que la gente a la que diriges puedan ser tus hijos», ríe, «me da bajón al llegar a casa, pero luego se me olvida y les puedo», bromea un Del Arco arropado por unos cachorros que le miran con admiración y se deshacen en elogios al hablar del bueno de Miguel: «Nos hace sentir libres, jugamos, lo pasamos bien, disfrutamos...», cuenta el elenco como quien ha cumplido un sueño.

Precisamente, el sueño del director era tan sencillo como «complicado», en sus propias palabras: hacer comedia. «No hay nada más difícil. Todavía no hemos probado con público, pero las referencias que tenemos van bien. Oigo a los técnicos reír y es buena señal. Además de mi risa, grande y sonora, que cuando se produce me mola». Presenta así Miguel del Arco su propia reacción como aval de un montaje con el que tampoco ha buscado ponerse sesudo «porque no hay nada más trascendente que la carcajada». Con esas, llegó el director el primer día de ensayo con las cosas claras: «Pongámonos serios que vamos a hacer comedia», recuerda de los inicios, mientras el coro de jóvenes asiente.

Dice Del Arco que «La señora y la criada» no es un título conocido, pero que «lo será» porque en el texto se ve a un «Calderón deslumbrante». Buena culpa de ese nuevo brillo la tiene Julio Escalada como responsable de la versión: «He intervenido la pieza con el máximo respeto, pero también con todas las licencias. Algo que hay que hacer con mucho tino para no ser contradictorio», apunta de un montaje en el que el peso no está en el honor, sino en el amor, el desamor y el sexo, «puro furor en muchos momentos», comenta el director. Un deseo que vive, especialmente en el papel de la criada, Gileta (Alba Recondo): «Es curioso que haya un personaje femenino tan activo sexualmente, pero es algo que está en el propio Calderón. Ella no está a gusto con lo que tiene en casa y se rebela». Una vez más dentro de las tramas del Siglo de Oro, la mujer es la que lleva el peso de la función, aunque «aquí lo hacen de manera descarada y lo hemos querido subrayar», comentan.

Enredo amoroso

Como la comedia palatina que es, Calderón de la Barca presenta en su pieza un enredo de amor y de celos entre nobles que, dice Escalada, «se muestra proclive a la fantasía». Aborda la relación entre Diana (Irene Serrano) y Crotaldo (Alejandro Pau), hijos de los duques de Mantua y de Parma, cuyas desavenencias políticas hacen imposible el amor de sus vástagos. «Imagino que Calderón dispone la acción en Italia por las mismas razones que Shakespeare hace aparecer a Viola en las costas de la exótica Iliria: para rebajar el encorsetamiento de las normas sociales y sortear la censura», razona Del Arco frente a un autor que afirma que «la insolencia de la ‘‘dolce vita’’ del país transalpino favorece y justifica ciertas licencias temáticas que dan vía libre al deseo». El enredo llega cuando aparece el equívoco originado por un lujoso vestido que pertenece a Diana, pero que lleva puesta la rústica Gileta. Así, «la confusión entre señora y criada dará pie a una serie de hilarantes situaciones que desarrollará el muy barroco tema del trueque de identidades», continúa Escalada.

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Un patrón repetido en los textos de un Calderón que, de hecho, forma esta comedia a partir de la reescritura de «El acaso y el error». Ahora Miguel del Arco desempolva el título sin afanes arqueológicos, sino por la simple búsqueda de la risa: «Quería una comedia que viniera libre de polvo y paja, sin puntos de comparación. Y con esta me salieron tres carcajadas en una primera lectura que me pareció un comienzo prometedor». A lo que añadió el verso de Calderón, «tan juguetón que en esta pieza llega incluso a la autoparodia», cierra el director.

Dónde: Teatro de la Comedia, sala Tirso de Molina (calle Príncipe, 14. Madrid).
Cuándo: del 10 de diciembre al 2 de febrero.
Cuánto: 25 €.