¿Por qué deberíamos investigar sobre sexo en el espacio? Esta es la respuesta científica

Hablamos con un experto en sexualidad, psicología y robótica para comprender la importancia de un nuevo campo de la ciencia: la sexualidad espacial

¿Cuánto sabemos del sexo en el espacio?
¿Cuánto sabemos del sexo en el espacio?Cortesía

Tanto la NASA, como la ESA (Agencia Espacial Europea) y la agencia espacial rusa, insisten en que ningún humano ha tenido relaciones sexuales en el espacio. Y lo más probable es que sea cierto: muy pocos hombres se resistirían a alardear de haber sido los primeros en haberse masturbado en el espacio. Y es que hasta ahora casi el 90% de los que han viajado al espacio han sido hombres.

Los pocos experimentos que se han realizado sobre el sexo espacial se centraron en animales no humanos. Y no fueron muy exitosos: se enviaron geckos a bordo de un satélite ruso y un fallo en el sistema de calefacción provocó la muerte de las cuatro hembras y el único macho. Uno de los pocos casos conocidos y exitosos, fue el de los peces medaka o pez arroz japonés que fueron enviados al espacio y se reprodujeron con éxito.

Pero sexualidad humana… nada aún

“Necesitamos saber más sobre la sexualidad en el espacio si nos tomamos en serio los vuelos espaciales de larga duración – explicaba en una entrevista Paul Root Wolpe, quien fue asesor en bioética durante 15 años en la NASA –. Si consideramos la salud sexual como un componente central de la salud, es importante comprender las condiciones en las que estamos poniendo a las personas cuando viajan al espacio”.

El sexo y la masturbación están relacionados con la salud física y mental. Y eso no cambia en el espacio. Por ejemplo, se sabe que la eyaculación es esencial para que los hombres eviten el riesgo de que se acumulen bacterias en la próstata, y se ha demostrado que los orgasmos alivian el estrés y la ansiedad, además de mejorar la calidad del sueño, lo que probablemente ayude durante una misión espacial de alta presión.

Pero…, ¿en qué se diferencia el sexo en el espacio? Más allá de estrés propio de estar en una nave constantemente monitorizada, hay factores “ambientales” que seguirán allí aún cuando el sexo se autorice o promueva, en el espacio. La ingravidez que experimentan los astronautas en el espacio, provoca cambios hormonales, como la disminución del estrógeno. Los niveles bajos de estrógeno se han relacionado con una disminución del deseo sexual. https://pubmed.ncbi.nlm.nih.gov/4087210/

Desafortunadamente, la mayor parte de lo que sabemos sobre las hormonas en el espacio proviene solo de pruebas en hombres, ya que solo el 11,5% de quienes han ido más allá de nuestras fronteras planetarias han sido mujeres. Y han optado por tomar anticonceptivos previamente para evitar la menstruación. Esto hace que sea complicado separar los cambios hormonales provocados por la píldora, de aquellos que podría causar la ingravidez.

Otro factor también podría ser nuestro reloj interno, que se ve alterado por completo, al menos las primeras semanas, cuando damos una vuelta al planeta cada 90 minutos, como sucede en la Estación Espacial Internacional o el concepto de noche y día cambia radicalmente.

Por todo esto queríamos hablar con Simon Dubé, doctor en psicología, especializado en sexualidad humana y erobotics, el estudio de la interacción y coevolución erótica entre humanos y máquinas. Su trabajo también explora la sexología espacial. Por si esto fuera poco, es representante de la Academia Internacional de Investigación Sexual y copresidente general del Congreso Internacional sobre Amor y Sexo con Robots.

Simón Dubé, experto en sexología espacial FOTO: Sim

Cuando hablamos con Dubé la primera pregunta era clara: ¿Por qué es tan escasa la investigación del sexo en el espacio? ¿Y por qué es tan importante?

“La limitada investigación sobre la intimidad humana y la sexualidad en el espacio – nos asegura Dubé – probablemente se deba a los tabúes sexuales inherentes y al conservadurismo de algunas agencias espaciales nacionales y empresas privadas, junto con las opiniones de sus patrocinadores que pueden no querer tener nada que ver con el sexo. Sin embargo, es de esperar que esto cambie a medida que reconozcamos la importancia de considerar las realidades eróticas de la existencia humana para facilitar un viaje seguro, placentero y exitoso a largo plazo hacia la frontera final”.

Sin duda el sexo es una actividad humana fundamental, independientemente del fin reproductivo y en este contexto, ¿qué podemos aprender del sexo en el espacio?

“Podemos aprender a reproducirnos fuera de la Tierra y establecer nuevos mundos – afirma Dubé –. Podemos aprender a construir una vida significativa y placentera en entornos peligrosos donde la cooperación y el apoyo son primordiales. Podemos aprender a adaptar y desarrollar sistemas, entrenamientos y protocolos que permitan la expresión sana del erotismo humano dentro de las nuevas condiciones de naves espaciales, estaciones y asentamientos. También podemos aprender a desarrollar una ética positiva para el sexo que se puede utilizar para mejorar el bienestar de los habitantes del espacio, pero también el de aquellos que todavía viven en nuestro planeta de origen. Es cierto que el sexo y la reproducción son componentes importantes, relacionados pero distintos de la sexualidad humana. Es esencial tener en cuenta que la sexualidad humana no se trata solo de reproducción ni de tener relaciones sexuales. Los seres humanos realizan actividades sexuales por una amplia gama de razones más allá de producir descendencia, que incluyen, entre otras, la diversión, el placer, la expresión de afecto o cercanía, así como la construcción o el mantenimiento de relaciones casuales o de largo plazo. Por lo tanto, es crucial investigar cómo reproducirse de manera segura fuera de la atmósfera de la Tierra, pero igualmente, si no más, importante para explorar cómo facilitar el sexo (en solitario y en pareja) en el espacio, junto con sus innumerables beneficios para la salud y el bienestar humanos”.

Ahora…, la tecnología ha permitido desarrollar juguetes inteligentes, conectados y anatómicamente más estimulantes. Entonces, ¿cómo pueden los juguetes sexuales cambiar la ciencia del sexo en el espacio?

“Los juguetes sexuales – explica Dubé, que es consultor de la empresa especializada We Vibe – representan una solución práctica para permitir que los astronautas y futuros habitantes del espacio accedan al placer sexual en el espacio de forma segura e higiénica, con y sin pareja, junto con sus beneficios para la salud y el bienestar humanos.

Juguetes sexuales en el espacio FOTO: Cedida

Teniendo en cuenta que, a medida que los viajes al espacio sean más frecuentes debido al ingreso de empresas privadas, habrá mayor posibilidad de investigar en este sector. Con esto en mente, ¿deberíamos iniciar un nuevo campo de la ciencia sobre este tema? ¿Por qué y cuál sería el conocimiento necesario obtenido de esto?

“Sí, y lo hemos hecho – concluye Dubé –. Hemos lanzado un nuevo campo de investigación sobre la sexología espacial: el estudio científico integral de la intimidad y la sexualidad extraterrestres. También hemos argumentado que este campo debería estar completamente integrado a los programas espaciales y la exploración para realizar investigaciones sobre todos los fenómenos relacionados con el aspecto sexual de la vida espacial humana. Este campo es crucial para desarrollar capacitaciones, sistemas y protocolos que faciliten la expresión sana y holística de la sexualidad humana en contextos espaciales. También es esencial hacer que el espacio sea más seguro, así como más agradable, inclusivo y accesible para una clientela más amplia que pueda ir (o nacer) al espacio en el futuro”.