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El racismo es un monstruo

HBO España estrena el próximo lunes «Territorio Lovecraft», una ficción que está llamada a ser una de la series mejores del año por el atrevimiento de su propuesta al fundir realidad y ficción

En la imagen, Courtney B. Vance, Jonathan Majors y Jurnee Smollett, protagonistas de "Territorio Lovecraft"
En la imagen, Courtney B. Vance, Jonathan Majors y Jurnee Smollett, protagonistas de "Territorio Lovecraft"HBOLa Razón

Atención porque ya tenemos a una candidata para proclamarse la mejor serie del año... y las que van. Sin caer en el escepticismo, «Territorio Lovecraft» –que se estrena el próximo lunes en HBO España– sí que está llamada a ser una de las ficciones más comentadas en los próximos meses y con buenas críticas. Tiene todos los ingredientes sabiamente combinados para que resulte una apuesta segura. Basada en una novela de Mark Ruff, juega –en el mejor término de la palabra– con el racismo y lo proyecta, y magnífica, con los textos de H. P. Lovecraft, un autor que se manejaba con soltura en el género de la ciencia ficción y de terror aderezado de filosofía que plantea prácticas ocultistas, posesiones astrales y presencias alienígenas.

Contra el racismo

El punto de partida de la serie –que conste que se grabó antes del el asesinato de George Floyd y las revueltas raciales en EE UU aunque su emisión coincida con este suceso– se sitúa en 1955. Atticus Black –un nombre que a las primeras de cambio rememora al protagonista de «Matar a un ruiseñor», (1962), un abogado que defiende a un negro acusado de atacar a una mujer blanca– es un afroamericano que, junto a su amiga Letilia y su tío George, recorre los estados más segregacionistas de Estados Unidos en busca de su padre que ha desaparecido. Se puede simplificar esta ficción describiéndola como una «road movie», pero no es así. Va mucho más allá. Porque Atticus es un fanático de las novelas de Lovecraft, pertenecientes al género «pulp», relatos que apenas valora la crítica pero que tienen miles de seguidores gracias a tramas presuntamente superficiales y ediciones de bajo coste. Lo curioso, y realmente lo más excitante de esta ficción, es que Lovecraft era un supremacista que tildaba a los negros como una raza inferior a la que le ponía un listón tan bajo que ni siquiera se les podía llamar humanos.

Así, el protagonista, junto a su amiga y su tío, se adentra en un mundo en el que, cual equilibrista, trata de no bandear entre la realidad y la ficción. Dicho de otra manera: el racismo es una realidad, pero al tiempo los personajes tienen que lidiar con monstruos de ficción que son un espejo de la realidad con la que tienen que vivir. Una declaración de intenciones de la serie la pronuncia Atticus: «Me encanta que los héroes se adentren en aventuras en otros mundos, luchen contra adversidades insuperables, derroten al mundo y salven el día».

Y así es «Territorio Lovecraft», una fantasía con mucho poso de realidad que sitúa al espectador a veces en un puro divertimento y en otras ocasiones en un dilema moral. Ningún personaje salido de la mente del autor, que está tan presente, es tan aterrador como el racismo. En una entrevista para «The Wrap», el protagonista, Jonathan Majors, dice: «Para mí, yo diría que los racistas blancos, los racistas en general, son mucho más aterradores que los Shoggoth (una raza creada por Lovecraft) o que Cthulhu. Un monstruo funciona por unas dinámicas internas propias, que tienen que ver con la función de aterrorizar o destruir y no hay compromiso con esa criatura. Es muy diferente cuando el monstruo está escondido en un cuerpo como el tuyo, y lo único que te diferencia es el color de la piel». Dicho está.