Michelle Obama, el honor de una primera dama

Odisea estrena hoy un documental sobre la historia de la primera afroamericana que llegó a la Casa Blanca

Michelle Obama mi vida después de la Casa Blanca
Michelle Obama mi vida después de la Casa Blancala razonla razon

Hace ya cuatro años que Michelle Obama, aquella mujer que hizo historia sin querer dedicarse a la política abandonara la Casa Blanca. Otra cosa es la huella indeleble que dejó la primera afroamericana en convertirse en primera dama, capaz de romper muchas barreras, defender los sueños a través de la educación hasta convertirse en una de las mujeres más queridas de la historia política de los Estados Unidos. Hoy, día de la Mujer, es el Canal Odisea (Movistar+, Vodafone TV, Orange TV, Grupo Euskaltel y Cable Local), la plataforma que estrena un documental dedicado a su figura, a ese brillante viaje que le llevó a una chica del sur de Chicago de familia modesta y de clase trabajadora al foco político universal: «Michelle Obama: Mi vida después de la Casa Blanca».

Centrada en su vida y lejos de la convulsa vida política que vivió al lado de Barak Obama, Presidente de Estados Unidos, Michelle ha estado muy ocupada en este tiempo con los compromisos de su nueva vida, repleta de éxitos. A través de su productora, Higher Ground, con la que alcanzaron un acuerdo con Netflix, están inmersos en la producción de siete documentales para tratar temas sociales, raciales y políticos. Ha sido con uno de ellos, con «American Factory», con el que se alzaron con un Oscar al mejor documental de 2020. Sus poderosas voces, las de la familia Obama, aún tienen muchas cosas que decir.

Una autobiografía y un Grammy

Su autobiografía, «Becoming», en la que habla sin tapujos de su vida en la Casa Blanca y hasta de las dificultades de su relación de pareja, se ha convertido en el libro de memorias más vendido de todos los tiempos e incluso ha conseguido un Grammy por su versión en audio. Es en él donde desvela, entre otras muchas cosas, las muchas complicaciones que tuvo que padecer para concebir a sus dos hijas, tras sufrir en primera instancia un aborto y acabar sometiéndose a tratamientos de fecundación in vitro para que Malia y Sasha vinieran al mundo. Reconoce la soledad que sintió cuando se inyectaba hormonas y Barak estaba de viaje. Un recorrido franco por la lucha para concebir a sus hijas y desconocido hasta entonces.

Obama FOTO: Foto La Razón

Tampoco pasa por alto Michelle la travesía del desierto que puede ser para la pareja, lejos de intentar proyectar la imagen de pareja perfecta. «Sé que la gente nos ve cómo #objetivosdepareja, pero no todo es como parece», apuntó en alguna ocasión, reconociendo en el libro que tuvieron que hacer terapia de pareja al poco de nacer sus hijas o cómo necesitaron aprender a amarse con sus diferencias.

Una vida la de Michelle muy familiar, estudiosa y responsable desde la niñez, se crio en el sur de Chicago en el seno de una familia humilde, «tuve la suerte de vivir en una familia que no tenía muchos recursos, que no fueron a la universidad, pero eso no significa que no sean inteligentes. Esperaban de nosotros que fuéramos excelsos», dijo más de una vez.

«Me esforcé por estudiar, pero había quien decía que una chica como yo no podía ir a una universidad de élite». Años después se licenciaría en Harvard en Derecho, se convertía en directora de una ONG, ejecutiva de un hospital y ya, en última instancia, en primera dama de Estados Unidos.

¿Cómo conoció a Obama?

Entró a trabajar en su empresa un pasante en verano, un brillante Barak Obama, en el que chocaba tras su espléndido currículo su actividad distendida. Y hasta hoy. Ella no quiso entrar en política, pero entendió las aspiraciones de su marido, que era algo excepcional. Y su talento hizo el resto para convertirse en una primera dama estelar. Capaz de hacerse amiga de Bush o saltarse protocolos como abrazar a la Reina de Inglaterra, Isabel II, con su posterior aceptación. Un legado histórico.

«Ser vuestra primera dama ha sido el mayor honor de mi vida, espero haberos hecho sentir orgullosos». Fueron las palabras de despedida. No de éxitos.