Jordi Cruz: «Ni guapo ni mala persona; soy un tío muy trabajador que intenta hacerlo bien»

A sus 43 años, el chef del restaurante ABaC y juez de “MasterChef” (Shine Iberia) cuenta con ocho estrellas Michelin y su siguiente objetivo podría ser Madrid

Jordi Cruz
Jordi Cruz

Lleva desde 2013 siendo uno de los tres rostros de «MasterChef» y no es ajeno a que se hable de él, normalmente para mal, pero quizá se sorprendan de cómo es realmente el chef tras leer esta entrevista. Eternamente ocupado, nos confiesa que está constantemente “de arriba para abajo intentando gestionarlo todo y seguir vivo”. Aclara que pretende “mantener todo equilibradito” intentando “mantener una vida personal decente; tener el una, dos y tres estrellas funcionando con el rigor que necesita y encima llegar para tener buena cara cuando me ponen la cámara delante . Y que el gato me reconozca cuando voy a casa”.

–Las polémicas que le rodean, ¿son por ser guapo, chef, catalán o por hablar claro?

-Hoy en día la polémicas son por cualquier tontería que no reflejar quién soy, cómo trabajo ni nada, por eso agradezco las entrevistas que me hacen la pregunta directa, respondo de una forma directa y se plasma lo que he dicho. Ni soy guapo ni soy mala persona; soy un tío muy trabajador que intenta hacerlo bien. Que entiende que hay cocina buena y mala, que tengo una enfermedad que es no parar nunca, no estar satisfecho con lo que hago y replantearme todo lo que hago. Intento no ofender a nadie ya está. A partir de ahí, mi vida privada considero que es poco importante porque tengo una vida vulgar como cualquier ser humano normal

-Es una figura pública, aunque sólo sea por aparecer en la pantalla, y parece que todo vale.

-No todo vale. Tú no puedes decir «Jordi Cruz ha muerto», poner una coma y «’'MasterChef’' está hundido». Luego leer la noticia y que ponga que se ha muerto un chef francés que es amigo mío y estoy muy triste. Primero, porque en el jurado somos tres individuos que nos complementamos y somos una unidad. Y segundo, porque no sé qué interés hay en generar un click con ese titular. Creo en un periodismo que refleje lo que está pasando y que sea coherente y a veces no lo veo.

-Los titulares para conseguir “clickbait” están a la orden del día...

-Sí, hay una tendencia, una moda. Pues como nosotros los cocineros: nos hemos dejado llevar por tendencias y modas, como por TripAdvisor, que al final teníamos una persona que te criticaba con una guía concreta y que podía ser el demonio, pero te hacía estar tenso. Esa persona tenía criterio y tenías un referente. Ahora mismo opina todo el mundo y es muy complicado extraer algo bueno cuando todo el mundo opina. No se si me explico, está bien, pero no me sirve como herramienta. Mi herramienta a día de hoy es el cliente que tengo sentado a la mesa que interactúo con él. Y de ahí extraigo cosas, pero quizá esa inter comunicación es complicada de gestionar.

-¿Y cree que el cliente sentado en su restaurante es sincero?

-Yo intento ser súper llano; súper directo con ellos, y no me vale el estoy hablando con chef y le voy  a decir que todo está rico. Se lo veo a la gente en la cara. Mis maitres y mi gente de sala, ellos me lo dicen antes de salir: “Esta persona no le ha gustado eso·, y yo ya voy con la información y se lo pregunto: ‘‘¿Esto no te ha gustado del todo no?’', e intento extraer algo que me sea útil, porque no me valen los elogios; de los elogios no extraigo nada. Y ese cliente que tú piensas que no te va a aportar una opinión buena, aparece uno que te dice algo. Y dices, ¡coño, pues tiene razón! Pues yo intento extraer esas cosas que me son útiles. A mí el elogio gratuito no me sirve para nada.

-¿Cómo es un día en su vida?

-Cada día es diferente. Un domingo noche es el único día que voy a Madrid un poco antes e intento descansar. A partir de ahí grabo lunes, regreso por la noche y cuando llego a Barcelona mi casa está pasado el ABaC, y sea la hora que sea, siete u ocho de la tarde, no tengo vergüenza para ir a mi casa y me voy al ABaC. El martes me lo tiro dando vueltas por todos los restaurantes que tengo en Barcelona y por la noche cojo un avión o un patinete o lo que sea que se desplace y me voy al exterior de «MasterChef» y el miércoles noche ya regreso al ABaC. Jueves lo pasó igual que el martes, y el viernes tengo un avioncito a las siete de la mañana para ir a Madrid, grabar, volver por la tarde e irme al ABaC. El fin de semana me lo paso en el restaurante. Y el domingo por la mañana, que es el único día que intento estar en casa y tranquilo con los gatos, pues igual me hago un directo por si acaso.

Intento buscar un equilibrio entre todo. Ahora, después de la pandemia, creo que si descanso un poco, soy más efectivo porque pasé un poco de ansiedad, fruto de que cuando tú tienes una nevera encendida 20 años, si tu esa nevera la paras un mes, no va a volver a encender. Pues a mí me pasó un poquito lo mismo: Estaba perfecto de cabeza, pero mi cuerpo me ha dicho, “oye, te crees Superman, pero no has nacido en Krypton...”. Me he dado cuenta de tengo que intentar descansar un poco más, intentar estar más equilibrado, porque funciono mejor, me salen más ideas y mi equipo me ve más positivo.

-¿Ha pensado en abrir en Madrid un restaurante?

-Me gusta hacer las cosas con mucho sentido y creo que la vida te susurra cosas para que tú decidas meter la pata o acertar. Lo que hagamos fuera deberá ser con un asesoramiento, con un compañero de viaje que nos complemente, que nos ayude mucho y que tenga las mismas parámetros de rigor. Nos han hecho una propuesta para el año que viene y estamos analizando un partner muy bueno y quizá llevemos un restaurante bueno en Madrid. Además me apetece mucho porque Madrid ahora mismo está espléndido y la gente está muy disfrutona y hay una gastronomía genial.

-Hay un par de aspectos de su carácter y profesionales que achaca a su padre.

-Creo que soy muy parecido a mi padre. Era una persona muy cerrada, con carácter fuerte y un poco enfadado con la vida porque no supo hacer el ejercicio que yo intento hacer, que es superar la timidez, mostrar mis sentimientos un poco más. Él se intoxicó un poco, entiéndeme la palabra maldicha, y mostraba sin querer la parte fea de su carácter. Yo intento utilizar ese mismo carácter fuerte como motor para hacer cosas en la vida y racionalizar todo, ser una persona equilibrada, sacarle las partes buenas, llegar a ser feliz y transmitir lo bueno que tienes dentro y no lo malo. Mi mamá, que es muy cariñosa y ha sido siempre entregada a la familia, pues es muy fácil elogiarla.  Pero también también tiene lo malo, de mi padre, seguramente, pues lo fácil sería decir ‘‘pues tuve un padre muy duro’'. Pues oye, me parezco mucho a él, tengo que admitirlo. Y me enseñó la parte que tengo que trabajar de mi mismo para ser feliz, y yo se lo agradezco.

-Y luego cada uno aporta su parte

-Fueron épocas muy distintas, yo estaba con dieciocho años en una cocina, haciendo casi 18 horas, pero es que mi padre estaba con doce en una fábrica. Por lo tanto, hay que entender los momentos de vivir una guerra. Es fácil decir ‘‘mi papá tiene un carácter muy duro y tal’'. Las épocas son otras, pero la base genética es la misma. En honor a él intento pues disfrutar de este carácter tan fuerte que tenemos, pero que hay que saber gestionarlo.

-Descríbame esta edición de «MasterChef»

-Hemos tenido una edición de gente muy poco conflictiva, muy particular y singular que nos gusta. Al final «MasterChef» es el equilibrio entre la devoción a un oficio y a una cultura gastronómica y un programa que te tiene que entretener. Esa persona que no se expresa, que no comunica, pues aburre y no puede ser en televisión. Y tenemos la suerte de tener gente dispuesta a muchas cosas, que tiene ganas de mostrarse y de tener un cambio en su vida, pero con muy buen rollo, muy equilibrado. Y que no generan polémicas extrañas. Tenemos a un Fran, que es el tío más gracioso del mundo de una forma natural. Una María, la de Tomelloso, que es genial y tiene ese carácter tan suyo...

-Pero os habéis mostrado muy duros con eso de que no evolucionan

-Cada edición, y en eso Pepe, que es mi maestro, yo le digo a veces “que platos más malos que no están haciendo” y él me dice “tú no te acuerdas de los platos malos que nos comimos en la edición anterior”.  Porque es muy fácil, incluso aunque sepas cocinar, decir que estás cocinando mal. Hay que vivir lo que pasa en las cocinas de “MasterCHef” para entender lo que es cocinar delante de una cámara, un plato con unos ingredientes que tienes que improvisar. O sea, es muy complicado. Es fácil cocinar mal en la cocina de “MasterChef”. Y creo que es un reflejo del nivel de cocina que tiene la gente que nos ven por la televisión. Es verdad que hemos añadido muchos conocimientos a la sociedad de lo que son los restaurantes, el producto de España, lo que hacen los cocineros, las técnicas modernas y los que no son tan modernos, los platos tradicionales. Pero sigue siendo muy difícil cocinar bien en esta cocina,  con ese reloj y con ese jurado que te está mirando y con esa inmediatez, que exigimos

-¿Qué no sabemos del jurado de «MasterChef»?

-Al final el estereotipo es el estereotipo. Es fácil decir que Pepe sólo cocina panceta y que se come las cabezas de las gambas. La gente que va a su restaurante se piensa que le va a poner un cordero o un cochinillo asado con cuatro hojas de lechuga, pero Pepe hace una cocina minimalista también, con sus tonterías, con su menú largo... Lo que pasa es que hemos vivido momentos diferentes de la gastronomía y nos llevamos diez años, pero nuestra forma de pensar es muy pareja, independientemente de nuestra personalidad. Lo bueno que tenemos Pepe y yo es que somos dos deformados gastronómicos que solemos llegar a las mismas conclusiones y los defectos que yo no encuentro los encuentra él, y al revés; nos complementamos muy bien. Además tiene esa capacidad de retranca y se alimenta de mí tiquismiquismo. El gran problema lo tiene Samantha, porque quizá viene más del mundo del catering. También es cocinera, pero se encuentra con dos perturbados mentales. que cuando hacemos una crítica, del cien por cien de la crítica, si yo digo el 60 por ciento, Pepe dice el 40. Y Samantha se queda diciendo y “ahora que digo yo”, porque lo tiene muy complicado y encima somos dos cabroncetes que le hacemos coñas todos los días.  Pues Samantha es esa persona que nos equilibra, que cuando discutimos, nos pone calma, nos da sosiego, y que también refleja esa parte de la cocina que a nosotros nos interesa menos porque somos más de sabor, pero que también es súper importante, que es la parte estética. Llevamos diez años juntos y nos va bien porque somos amigos y porque nos tenemos cariño. Y creo que las cosas de largo recorrido hay que hacerlas con equipos, con personas con las que tengas filling. Nosotros tenemos la suerte de tenerlo de una forma natural.

GRAF9899. MADRID, 08/04/2021.- El jurado de 'MasterChef' Pepe Rodríguez (c), Jordi Cruz (d) y Samantha Vallejo-Nágera (i) posan antes del comienzo de la novena edición del programa que se emitirá el próximo martes 13 de abril. El talent culinario, producido por RTVE en colaboración con Shine Iberia, abre sus puertas a dieciséis nuevos aspirantes que lucharán por hacer realidad su sueño. Durante esta temporada, 'MasterChef' cumplirá su emisión número 200 y lo celebrará con un programa especial. EFE/ TVE SOLO USO EDITORIAL/SOLO DISPONIBLE PARA ILUSTRAR LA NOTICIA QUE ACOMPAÑA (CRÉDITO OBLIGATORIO) TVE / EFE

-¿Qué opina de que le critiquen por hacer campas publicitarias?

-Lo primero es que a ver, yo nunca quise ser influencer, soy muy malo con la tecnología, soy fatal. Tengo un hermano informático que se encarga de todo eso, en la familia. Pero mira, fruto del confinamiento, fruto de hacer esas historias y esos directos. Pues tengo muchos seguidores y hay marcas que les interesa. Tengo la suerte de poder elegir más o menos esas marcas con las que me siento cómodo y que tienen cierto sentido. No hacerlo sería un error porque me cuesta poco tiempo y me enriquece. Y oye, te da un beneficio. Yo intento que sea algo muy natural, que no ofenda, que no sea la publicidad tal cual y hay poca gente que me critique por eso; la gente lo entiende.

-¿Qué le dice a un influencer que quiere comer gratis en su restaurante?

-Hace poco me envió una carta una chiquita de 10 años diciéndome “hoy soy tal como estás. Quiero venir ABaC un día de estos, llevo un año metiendo monedas en la hucha para invitar a mis papas. Que me hace mucha ilusión”... ¡La madre que me parió! Le dije al personal de recepción: “Envía una carta a esta chica, que sus papas se lo paguen y a ella la invito yo, que me parece la más grande del mundo”. Esa persona que viene a tu casa y te quiere obligar a que la invites a cambio de una imagen X...  Yo tengo un referente que se llama Michelin, que es una gente seria, que vienen, que te tratan con cariño, te tratan con respeto y no te exigen nada ni te preguntan nada, solo quieren que tu hagas bien tu trabajo, y eso es lo que me vale. Si a partir de aquí viene un amigo o una persona que me cae muy bien, puñeta, que te invito yo.

-Los de Michelin pagan también...

-Vamos que si pagan. No se te ocurra invitarles; su trabajo no es venir de gratis y jamás te lo dirán, que seguramente van a pasar desapercibido. Si estamos a hablando de crítica yo nunca le voy a agradecer a un influencer una opinión, porque lo que yo quiero es una opinión sincera y real de lo que hago restaurante. Un influencer para mí es alguien que comunica, que transmite una opinión a un público y que tiene que ser una opinión real. Si yo te invito, ya estoy afectando a tu criterio. No vale la opinión que tengas personal hacia mi persona. Vale la opinión de las 50 personas que trabajan en ABaC, que están haciendo un trabajo X, y que merecen un respeto ya sólo por eso. Y tú tienes que opinar de lo que has comido, lo que has visto y de lo que has bebido.