«Esto te va a doler», humor negro en buenas manos

Movistar Plus+ estrena hoy esta serie elogiada y atacada por su retrato del Sistema Nacional de Salud y sus trabajadores

Ben Whishaw encuentra en Adam el papel perfecto para su impecable manera de actuar
Ben Whishaw encuentra en Adam el papel perfecto para su impecable manera de actuar FOTO: La Razón Amazon Prime Video

Es imposible que el médico residente de obstetricia y ginecología Adam Kay no acabe cada turno lleno de fluidos corporales. Semanas de 97 horas laborales, disponibilidad de 24 horas los siete días de las semana y sus consiguientes problemas personales son la radiografía de este médico que protagoniza «Esto te va a doler», serie de siete episodios que estrena hoy Movistar Plus+, y que ha desatado en Reino Unido opiniones muy diferentes sobre su contenido y la manera de tratar lo que pasa en el NHS (Sistema Nacional de Salud).

Adam Key no es un nombre inventado, de hecho la serie se basa en las memorias del médico superventas del mismo nombre que ha conseguido vender más de 2,5 millones de ejemplares traducidas a 37 idiomas de su novela «Esto te va a doler: Historias disparatadas de un médico residente». Así que experiencias traumáticas de pacientes y enfermeras, unidas a escenas impactantes en los quirófanos, una buena dosis de humor negro, y la impecable actuación de Ben Whishaw (ganador del Emmy, el Globo de Oro y el BAFTA por «Un escándalo muy inglés»), hacen de «Esto te va a doler» una serie intensa y que tiene el handicap de que no gustará a todo el mundo por los temas que trata y cómo lo hace: honesta y ácidamente. Aunque paradógicamente anotó más de tres millones de espectadores en la BBC en su estreno. Adam acaba de despertarse en su coche, en un aparcamiento, con la ropa y la cara llena de sangre y otros fluidos. Pero no acaba de estar de fiesta, salió del turno anterior y se quedó dormido en el estacionamiento del propio hospital donde trabaja. Un centro público con un gestor enriquecido (Alex Jennings), con unas instalaciones sin presupuesto, con turnos inhumanos y donde mandan las fieles enfermeras. En su día a día tiene que lidiar con los defectos del sistema hospitalario público, la saturación de pacientes y, para colmo, escenas de racismo ante la nueva joven en prácticas, Shruti Acharya, interpretada por Ambilka Mod. Esta última será la encargada de sacar de sus casillas al médico residente que ve cómo tiene que ocultar su homosexualidad en el trabajo, mientras intenta no defraudar a su prometido y a sus amigos. Memorable el primer capítulo de la despedida de soltero que acabará en un salón de striptease, pero no cómo imaginamos.

La controversia de la serie, oscura y muy rápida, ha venido cuando algunas personas han alzado la voz hacia una posible misoginia contra las mujeres embarazadas en la serie y reducirlas a «meros trozos de carne» que no tienen decisión sobre su parto o los tratamientos. Por otro lado, otros defienden la sinceridad con la que se ha abordado el tema, que les parece que refleja perfectamente el caos que supone un parto o los turnos de los especialistas. En el área de «mocosos e idiotas», como se denomina a obstetricia y ginecología, las alegrías y las penas hacen que el espectador esté en un constante viaje con el ruido constante de los gritos por los pasillos y habitaciones. Subyace a todo una ácida crítica al sistema de salud público que genera la tensión entre el personal, los pacientes y los estudiantes, que en cada segundo parece que todo va a saltar por los aires. Que lo hace.

Es una serie recomendada para aquellos que quieran huir del blanco y azul luminoso de «Anatomía de Grey» o del triunfalismo de «House» tras cada caso acabado. Es posible que los espectadores acaben exhaustos u horrorizados, o ambas cosas al mismo tiempo. Por si acaso en Reino Unido, los padres a punto de ser primerizos ya han compartido su decisión de las futuras madres no vean la serie. Ni siquiera el tráiler.