Padilla, el guía del novillero milagro

Manuel Perera y su apoderado han superado juntos un accidente de tráfico y una grave cornada para volver hoy

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torero padillaLA RAZONLA RAZON

Con tan solo 19 años, Manuel Perera tiene la madurez de cualquier padre de familia, la vida le ha enseñado su cara más oscura y él sigue sacando solo lecciones positivas. El novillero que torea sin montera ha ganado ya varios certámenes de escuelas taurinas captando el interés de Juan José Padilla, quien le sujetó las tripas en dirección a la enfermería de Vistalegre en el pasado San Isidro. Pero los caminos del novillero y del diestro jerezano, retirado hace tres años, se unieron por otra tragedia. «Yo estaba colaborando con Manolo Molés en su programa de radio de la cadena SER, cuando entró en directo el maestro Luis Reina para contar que un novillero de 17 años había sufrido un gravísimo accidente de tráfico», recuerda Padilla. «Estuve 11 días en coma», apunta Manuel Perera, quien desde entonces tiene instaladas más de una decena de placas en su cabeza, motivo por el que torea desmonterado. Durante esa semana y media el maestro Padilla estuvo muy pendiente de él y de su familia, prometiéndoles cualquier apoyo que necesitasen. Cuando Manuel salió del coma y se enteró de la atención que le había prestado el maestro no se lo podía creer, todo un referente para él.

Aunque sabían que la recuperación iba a ser larga, Manuel nunca perdió de vista el objetivo y le iba mandando en vídeo cada avance a Padilla. «Al principio, en mi cabeza nunca estuvo apoderarle, necesitaba distanciarme un tiempo del toro cuando me retiré. Me pegué el año sabático que deseaba, fui a ver al Papa al Vaticano y le dediqué mucho tiempo a mi familia». Juan José, curtido en mil y una desgracias, tiene la sensibilidad perfecta para tratar con un caso como el de Manuel, «sin mostrar pena o clemencia en ningún momento, solo humanidad».

Superado ese primer percance, Manuel intentó captar la atención de Padilla en cada tarde que actuaba, algo que le costaría pero que alcanzaría con sus primeros triunfos y su actitud ante la vida. Tras meses y meses de trabajo, un prometedor debut con caballos y una pandemia, su gran oportunidad llegaba el pasado San Isidro en Vistalegre, donde el tercer toro le rebanaría el abdomen, dejando a la vista el paquete intestinal. Padilla, no dudó en intervenir. «Salté y le sujeté el intestino hasta la enfermería. Lo he pasado peor que con mis propios percances. No me despegué de él durante la semana que pasó ingresado, pasé noches sin dormir. El aparato digestivo no le funcionaba, no podía ni vomitar».

Los plazos han sido frenéticos, apenas un mes después del gravísimo percance en Vistalegre, atendido por el Doctor Crespo, reaparece hoy en Cazorla en la última Clasificatoria de la Liga Nacional de Novilladas organizada por la Fundación del Toro de Lidia. «Tendría que haber actuado hace unos días en Sanlucar de Barrameda, pero como no llegaba a tiempo en la FTL tuvieron el gesto de correrme el turno». Novillero y apoderado coinciden en que el regreso es un poco precipitado, pero aseguran que está en plenas facultades, como ya han comprobado en el campo. Aun así, los percances siempre dejan alguna secuela, como su apoderado Manuel tiene un déficit en la visión de un ojo y ha perdido algo de equilibrio.

Su semana en el hospital le brindó la oportunidad de conocer al subalterno de la cuadrilla de Roca Rey, Juan José Domíngez, quien rozó la tragedia también en Vistalegre. «Nos seguimos llamando todos los días, se ha convertido en un apoyo importantísimo. Cuando estuvimos en el hospital vimos lo que quedaba de San Isidro juntos desde la habitación». También compartieron tiempo de recuperación con Pablo Aguado, herido en el mismo festejo que Domínguez, aunque de menor gravedad. Entre las múltiples muestras de afecto que ha recibido Manuel durante sus dos recuperaciones, destaca el detalle que tuvo José María Manzanares: «Me regaló un traje de luces», una auténtica joya para todo espada que esté empezando. Al igual que se sacó el carné de conducir meses después del accidente, hoy vuelve a los ruedos siendo consciente del riesgo.