Feria de Bilbao

Oportunidad perdida a las puertas de San Isidro

Mario Alcalde, única ovación de la tarde al natural, con una novillada con opciones de Javier Molina

El novillero madrileño alarga la embestida de su primero en un derechazo
El novillero madrileño alarga la embestida de su primero en un derechazolarazon

En Las Ventas (Madrid), se lidiaron novillos de Javier Molina, muy bien presentados. Serios y cuajados. El 1º, noble, con movilidad y transmisión; el 2º, suelto y tardo pero franco; el 3º, a menos; el 4º, manejable; el 5º, incierto, para apostar; y el 6º, mansurrón.

Mario Alcalde, de espuma de mar y oro, estocada atravesada, aviso (saludos); estocada, aviso (silencio).

Brandon Campos, de blanco y oro, aviso, pinchazo, estocada, segundo aviso, dos descabellos (silencio); pinchazo hondo, estocada caída, dos descabellos (silencio).

Vicente Soler, de turquesa y plata, estocada desprendida, aviso, dos descabellos (silencio); pinchazo, pinchazo hondo, aviso, descabello (silencio).

Fijo de la temporada madrileña, Javier Molina lidió ayer en Las Ventas una interesante novillada. Muy seria –con hechuras de toro en casi todos los utreros– y de juego variado, ofreció opciones para algo más a la terna. Se antoja parco balance la solitaria ovación con saludos de Mario Alcalde en el primero. El madrileño dejó los muletazos más destacados en ese trasteo. Naturales limpios y de buen trazo tirando del novillo. De Brandon Campos, volteado sin consecuencias por el quinto, gustó su variedad y frescura con el capote. Pese a ello, como Vicente Soler, fue silenciado en su lote. Pocos méritos. Muy pocos. Prácticamente ninguno, que deja ese regusto a oportunidad perdida, más si cabe, con el maratón de San Isidro a la vuelta de la esquina. Quién sabe si al caprichoso destino de renglones torcidos le da por ofrecer una jugosa sustitución en plena feria. Ya saben eso que dicen, para encontrar la suerte, hay que tentarla.

Mario Alcalde rompió plaza con un novillo que salió con muchos pies. Tuvo luego movilidad, transmisión y tomó con clase los engaños. Permitió al madrileño plantear una faena firme, de novillero asentado, sobre el pitón izquierdo. Relajado, dibujó naturales limpios y de buen trazo. Destacó una serie por encima del resto por su ligazón y profundidad. Luego, tiró del novillo con oficio a medida que se fue apagando. Se cortó con la espada cuando se disponía a colocar al toro en suerte y recibió varios puntos en la enfermería. Ovación que recogió la cuadrilla.

Con el manejable cuarto -aleonado, alto de cruz y de imponente cabeza-, Alcalde no consiguió que despegara su tarde. Labor intermitente en la que el novillo sin emplearse en exceso, sí se dejó, más por la diestra que por la siniestra, descompuesto. Silencio.

Finalista la primavera pasada en el certamen de novilladas, Brandon Campos regresó a Las Ventas tras su paso invernal por América. Fácil y variado con el capote toda la tarde, quitó por tafalleras a su primero, un utrero que salió suelto y a su aire en los primeros tercios. En la muleta, se pensaba la primera arrancada, pero luego se empleaba con franqueza. El azteca firmó un trasteo de largo metraje, pero demasiado insulso. Hubo buena técnica, pero faltó miga, emoción. Templó algún derechazo estimable en las postrimerías del trasteo. Silencio.

Repitió balance en el quinto. Otro utrero serio y muy astifino, en la línea de lo que suele presentar este hierro en Madrid, al que recibió con una tapatía al paso y por vistosas gaoneras. Volvió a innovar en el comienzo de faena sacándose de la manga una bernadina desde los medios en el último segundo. Áspero e incierto en la embestida, el novillo tenía mucho que torear. Cada arrancada era una moneda al aire y Campos arriesgó en varias tandas meritorias. En una de ellas, sobre el pitón izquierdo, lo encunó por la corva y se lo echó a los lomos. Hizo por él en el suelo, pero el filo del asta le pasó, por fortuna, a milímetros. Siguió en la cara del toro, pero no tardó en desistir ante la falta de conexión con el tendido.

Con el aval de la oreja paseada hace apenas un mes de un extraordinario novillo de Los Chospes, Vicente Soler se ganó la repetición. El castellonense estuvo una vez más bullidor en todos los tercios. Sin embargo, «Jaleo» y su picador, El Patillas, fueron los protagonistas del primero. Dos varas al galope y arrancándose con alegría tomó el de Javier Molina, que derrochó una enorme fijeza desde chiqueros hasta su arrastre. Movió el caballo el varilarguero y lo agarró bien en los dos encuentros. El primero de ellos, excelente. De agradecer. Con facultades, Soler, en banderillas. Aseado con la franela, faltó quizás cargar más la suerte. Sin pena ni gloria transcurrió una faena en la que el novillo acusó todo lo que se había empleado durante la lidia. Se terminó apagando y parando.

Ante el sexto, que se hizo amo y señor del ruedo en el tercio de varas y salió suelto manseando cuanto pudo, Soler volvió a navegar entre dos aguas sin que su labor subiera de tono. Los pases se fueron encadenando sin brillantez hasta que sin remedio terminó llegando el esperado ocaso camino de las tablas por la espada.

Así, como la oportunidad escurrida entre las manos, se nos fue la tarde. Y San Isidro, asomando, a la vuelta de la esquina.