Cuando Ava Gardner y Madrid ardieron

Paco León y Anna Rodríguez Costa producen la primera serie en blanco y negro sobre la estancia de la diva estadounidense en la capital española, que Movistar+ estrena el 9 de noviembre.

  • Debi Mazar da vida a Ava Gardner en la serie
    Debi Mazar da vida a Ava Gardner en la serie
Madrid.

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01 de octubre de 2018. 15:50h

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Cristina Abel .  Madrid. 30/9/2018

La España del tardofranquismo, concretamente, Madrid; una trama de espionaje auspiciada por la Sección Femenina, y una estrella de Hollywood, Ava Gardner, que, además de traer de cabeza al régimen, desquició al mismísimo general Perón, del que era vecina en una lujosa urbanización en El Viso, son los ingredientes de «Arde Madrid», la primera serie española rodada en blanco y negro que llegará a las pantallas de Movistar+ el 9 de noviembre. En esta ficción se fusionan el flamenco, las noches de juerga en Chicote y los tablaos flamencos Villa Rosa y Torres Bermejas, el mundo de los clanes gitanos y el contrato de «55 días en Pekín», película localizada en Las Rozas en la que «el animal más bello del mundo» (apodo que le puso su tercer marido, Frank Sinatra) compartió protagonismo con Charlton Heston.

La verdad es cara

Producida por Paco León –que también hace de director y actor– y Anna Rodríguez Costa (su pareja), la ficción de ocho episodios es un proyecto que se remonta seis años atrás y que nace después de leer un reportaje publicado en Prensa en el que se narraba como «Ava le gritaba al presidente argentino desde el balcón perrerías», comenta León. «Nos llevó mucho tiempo pertrechar la idea y luego buscarle novia porque estuvimos de productora en productora, de cadena en cadena, para ver quién la quería y quién iba a saber hacerla mejor respetando su esencia», comenta León, que señala «la libertad» y «los euros suficientes» que le ofrecieron en la plataforma de Telefónica para llevarlo a buen puerto. Un presupuesto que para el género «está muy bien», en palabras de su cocreador. «Lo que buscábamos era una realidad, hemos rodado en espacios naturales, necesitábamos mucha figuración y, para convencerles (a la cadena de pago), les dijimos que la verdad es cara», añade.

La decisión de rodarla en blanco y negro no surgió desde el origen, sino cuando el equipo discutió sobre el color. «Es la España en blanco y negro, cuenta con referencias que nos gustaban, como Berlanga, Miguel Picazo, todo lo que habíamos visto de aquellos años, y una vez que nos decidimos ya no podíamos verla de otra manera», subraya Rodríguez. El tres veces nominado a los premios Goya agrega el toque diferenciador, porque «hay una saturación de productos de televisión de pago y el blanco y negro era una oportunidad de ser distintos».

El servicio doméstico es el verdadero protagonista del relato. Inma Cuesta, que encarna a una espía de la Sección Femenina (Ana Mari) contratada como criada de la actriz, León, el buscavidas cómplice de ésta (Manolo) y chico para todo, y Anna Castillo, la joven sirvienta (Pilar), son los artífices de esta rocambolesca crónica de los años locos (quince) de la actriz en la capital, una mujer que recaló en Tossa de Mar en 1950 para rodar «Pandora y el holandés herrante», que se enamoró de España y de algún que otro torero, pero, sobre todo, de la fiesta, del flamenco y de la noche.

Al igual que Gardner, su «alter ego» en la pequeña pantalla, Debi Mazar, también cayó rendida. «Se lo ha pasado bomba en el rodaje, ha hecho amigos para toda la vida, se ha comprado mantones de Manila y está fascinada con la tortilla de patatas», asegura la productora. La elección no fue fácil porque habían recibido muchas propuestas del director de casting internacional, pero que fuera esta neoyorquina, amiga de Madonna y de Rossy de Palma –que hizo de intermediadora–, la seleccionada fue producto de «la suerte de Paco», esa que le movió a contactarla a través de Instagram. «Vimos a muchas actrices, pero ninguna tenía eso que necesitábamos, la noche y la vida de Ava», indica el director, que vio en la estadounidense la esencia para encarnar a la actriz, pese a «pasarse de la edad» que tenía a finales de los 50. Entre las muchas fascinaciones de la estrella estaba el mundo gitano, una seducción compartida por León y Costa, residentes de El Rastro y curiosos de los anticuarios que regentan las familias calé, que queda palpable con una subtrama repleta de picaresca sustentada por el criado. A la espera de la acogida de los abonados, sus artífices piensan ya en una segunda entrega porque «el universo de “Arde Madrid” puede continuar».

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