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Viajes

VIAJE A ITALIA – Roma, un paseo por atajos

Aunque no te lo creas, se puede ir dando un paseo desde la Fontana de Trevi hasta la Ciudad del Vaticano.

Caminar desde la Fontana de Trevi hasta la Plaza de San Pedro, no es una locura sino un placer, pero ¡ojo! hay que saber por donde ir, si te desvías sólo una calle, puedes terminar en el lado contrario de la ruta deseada.

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Es bastante común que los guías le lleven a uno por sus rutas, es normal pues es parte de su trabajo, pero muchas veces no queremos ir detrás de ningún grupo sino a nuestro aire. Ir así, por libre en Roma, es una delicia. Si hacéis este recorrido conoceréis la ciudad de otra manera.

La visita a la Fontana de Trevi es “casi” obligatoria, por su belleza y también por su historia. Desde el año 19 a.C , el agua que viene de las termas romanas fluye en esta hermosísima fuente. Si entrais en este link encontraréis la interesante historia de los acueductos romanos. En la antigüedad, el mariscal de la Curia de la capital romana, tenía la responsabilidad de vigilar que ninguna persona privada disfrutase de la fuente como uso personal. En una época estuvo controlado el acceso con una verja y solo era permitido entrar a los “aguadores”, unos personajes con picardía, que llenaban los barriles del agua cristalina y fresca, después de haber recorrido caudalosos acueductos, pero carecían de la intención de refrescar sus gargantas o de darse un refrescante baño, sino para ¡re-vender el preciado líquido a domicilio!.

Roma y sus interminables historias y leyendas...así podemos seguir leyendo páginas enteras sobre esta la famosa fuente. No puedo obviar la escena realizada en este famoso rincón romano, protagonizada por Anita Ekberg y Marcello Mastroianni en la famosa película La Dolce Vita en los años 60′s que catapultó su fama a nivel mundial.

Pero la idea es que os sintáis en casa en Roma y sí se puede lograr pero si se siguen algunas indicaciones, tales como por donde arrancar, por donde caminar, en donde dormir y cómo evitar los permanentes tumultos.

Saber en dónde alojarse. Es un punto muy importante para sentirse italiano en Roma.

Hay infinidad de ofertas para dormir en el centro de la ciudad eterna, pero una de las mayores dificultades es dar con el sitio justo ante tanta información. Como lo que se busca es sentirse como en casa, la única manera de hacerlo en esta ciudad tan llena de turistas es localizar un rincón que sólo los italianos o los buenos conocedores de la ciudad, saben llegar. Sorprende siempre, que a dónde ellos se mueven, suele estar justo en la calle de atrás de donde pasean los turistas.

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La mejor manera de sentir la Roma antigua, es durmiendo en un palacio en alguna de las pequeñas plazas del centro. Hay cientos de alojamientos, pero he elegido este por su cercanía a nuestro punto de partida que es la Fontana de Trevi. Este palacio ha sido renovado no hace mucho tiempo. Más que un hotel, el edificio ofrece apartamentos turísticos, que además de ofrecer habitaciones agradables, puede funcionar como casa particular porque en algunas de sus habitaciones, cuentan con un salón y una mesa de comedor, una barra con frigorífico y servicio para desayunar o comer algo “en casa”. Se trata del Palazzo Scanderberg ubicado en una pequeña placita, que caminando de la Fontana de Trevi son sólo dos minutos. Impresiona la cercanía y la paz que hay en este espacio. Es justo detrás de la plaza en donde está la fuente.

Ahora, ya instalados, arranquemos hacia el Vaticano.

Al salir del palacio, tenemos que dirigirnos hacia la Vía dell’Umiltà, la calle en la que en su tiempo fue la sede el partido de Silvio Berlusconi. Esta calle, caminando todo recto nos conducirá hasta la Via del Corso.

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Al llegar a ella, giraremos a la izquierda en dirección a la Piazza Venezia. La Via del Corso es una de las calles más largas y más comerciales del centro histórico de Roma. En la época de Augusto una parte se llamaba Vía Lata y la restante Vía Flaminia, pero el Papa Paolo II en el año 1466 permitió las carreras de caballos y el paso de los coches durante el carnaval, por lo que el nombre cambió a Via del Corso. En la época de Umberto I en 1990, la calle se llamó Corso Umberto I, después de la renuncia de Vittorio Emanuele III se llamó Corso del Popolo pero le duró poco el nombre pues dos años después volvió a ser la Vía del Corso que recorre desde la Piazza Venezia hasta la Piazza del Popolo.

En la Piazza Venezia se encuentra el monumento dedicado a Vittorio Emanuele II, conocido también como el Monumento a la Patria. La visita a este monumento se puede dejar para otro recorrido.

Ahora debemos de ir hacia la derecha rumbo al Río Tíber por la Vía del Plebiscito y continuar por el Corso Vittorio Emanuele II. Esta será nuestra calle, la que nos llevará directamente a la ciudad del Vaticano.

Son un poco más de 2 kilómetros que se recorren muy fácilmente y se disfrutan enormemente. El recorrido pasa por la Basílica de Sant’Andrea della Valle, una iglesia monumental, su nombre es derivado de las propiedades de la familia Della Valle. Más adelante se encuentra el Palazzo Braschi en la Plaza San Pantaleo, actual Museo de Roma, el Largo di Torre Argentina, un lugar con gran simbolismo ya que el 15 de marzo del año 44 a.C. Julio César cayó asesinado víctima de una conspiración.

En el camino y tal como como os indico, vais a pasar delante del Palazzo Braschi, sede del Museo de Roma. “Canova, Eterna Belleza” es en este momento y hasta el 15 de Marzo la muestra de una parte importante de este artista que si algo sabía hacer era obras de gran belleza.

El centro histórico de la ciudad tiene en cada calle, en cada recorrido, tanta historia, que es mejor seguir la voz de los expertos: tener claro lo que se quiere hacer y ver y lo más importante, hay que elegir y no querer abarcarlo todo porque se disfrutará y aprenderá menos.

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Al llegar al Borgo del Vaticano, dejaros llevar y disfrutarlo milímetro por milímetro. Esta zona de Roma, funciona como un pequeñísimo pueblo, en donde muchos de sus habitantes trabajan dentro de la Ciudad del Vaticano, ó tienen alguna relación con el pequeño estado, ó tienen sus propios negocios. En esta zona se aconseja perderos por las pequeñas calles, que os llenarán de misticismo, de historias, de imágenes y de sensaciones que no se olvidan nunca.

No obstante, tendré ocasión más adelante para contaros algunos secretillos de la zona del Vaticano.