Cuatro millones de kilómetros cuadrados conforman la llanura más amplia de Europa

Desde Polonia hasta Moscú, atravesando la friolera de diez países, la llanura europea oriental es uno de los territorios más importantes del continente.

Llanura europea oriental.
Llanura europea oriental.Marcin Jozwiak

Estos últimos días encerrados en casa, parecemos haber abandonado al mundo a su suerte. Las calles vacías, los campos vacíos, han sido invadidos por animales que habitualmente rehuyen de la compañía humana. Han sido comunes en los tiempos de telediario graciosos vídeos de jabalíes correteando por ciudades francesas, osos despistados merodeando por pueblos pirenaicos y cervatillos brincando de la carretera a la acera. Y quise pensar, vaya, parece que no estamos en la tierra, se podría decir que hemos retornado a los tiempos en que no éramos tantos humanos. Y divagando, encerrado en casa, me acordé de la llanura europea oriental y quise imaginarla virgen, como en aquellos años. Me propuse estudiar esta impresionante llanura, recogiendo información de campo y otro poco de los libros que guardo. Aquí van los descubrimientos.

En primer lugar, sería necesario comprender la basta amplitud de la llanura europea oriental. Sus cuatro millones de kilómetros cuadrados la convierten en la llanura más extensa de Europa y una de las cinco mayores del mundo, en competición con Siberia y la Pampa argentina. Cuatro millones de kilómetros cuadrados son, por mostrar un ejemplo comparativo, el equivalente a ocho veces España. El equivalente a ocho veces España sin superar los 347 metros de altura y con una altitud media de 170 metros. El equivalente a la extensión del Imperio Romano. Una llanura tan larga que ocupa diez países, desde Polonia hasta Kazajistán, devorando pedazos enteros de la colosal Rusia.

Un pedazo de tierra plano cuyo poder solo logran contener mares y montañas. Por el norte, el mar Blanco y los Alpes escandinavos; por el sur, el mar Negro, el Caspio y los Balcanes; por el este, la muralla de los Urales; y por el oeste, a duras penas, los orgullosos Cárpatos.

En Kazajistán encontramos una de las vistas más hermosas de la llanura europea oriental. FOTO: Vladimir Fayl

Flanqueada por mares y montañas, esta llanura ha sido la puerta de entrada para uno de los más temibles conquistadores asiáticos. Los mongoles. Fácil de cabalgar, este fue su camino particular para llegar a desvalijar Polonia, Hungría y Rumanía sin nadie que osara hacerles frente. Este es el gran juego, el de las conquistas. Hombres inmortales se sentaban a la mesa planeando gloria para ellos y muerte para el enemigo, y sus generales más ingeniosos posaban el dedo en el mapa europeo gritando, por aquí pasarán nuestros temibles ejércitos. Por la llanura europea oriental. Un arma de doble filo cuando los europeos más ambiciosos utilizaban este mismo paso para abalanzarse sobre Rusia. Observando mapas de los imperios napoleónico y nazi, se muestra claramente definida la facilidad con que conquistaron los territorios de la llanura. De paso fácil y climas amables, bastaba estirar la mano de hierro para recogerlos con el puño.

Los ríos fluyen por esta llanura sin apenas esfuerzo. Desganados se resbalan en un terreno suave, sin giros bruscos. El Volga, el Danubio, el Dviná Septentrional y el Dniéper serpentean por aquí. Y en torno a ellos crecen bosques y explota la vida de todos los tipos y colores. Si se extiende hosca la tundra en su zona norte, también crecen bosques de pinos y piceas en la parte rusa, o amplias regiones de estepa semidesértica a las orillas del Caspio.

Visitar la llanura europea oriental quizás sea uno de los mejores roadtrips que puedan hacerse en Europa. Las carreteras de trazos suaves sortean ríos, bosques, ciudades ricas en cultura. Recorrerla de punta a punta, desde Varsovia hasta Moscú y visitando cada uno de los diez países que la conforman. El gran atractivo es que no importan los intereses de uno, ya sean cultura, historia, gastronomía o naturaleza, aquí están todos ellos encerrados en sus cuatro paredes particulares, al alcance de las manos, en nuestra propia Europa. Pasen y vean la llanura europea oriental. Cuando nuestro encierro termine, viajen por ella, déjense empujar.