¿Cómo se muestran hoy las capitales de los imperios más poderosos de la Historia?

Unas son ruinas y otras todavía se piensan un imperio

Palacio de San Petersburgo.
Palacio de San Petersburgo.Peruchopixabay

Es interesante, cuanto menos, observar el paso del tiempo. Es el óxido que se agarra en la piedra y en nuestros huesos, corroe los libros, quema el hierro. Es interesante mirar, desde la perspectiva privilegiada que nos conceden los hallazgos cometidos en el siglo XX, las marcas imborrables que el tiempo ha inscrito en la piedra, los libros y los huesos, cubriéndolos bajo una espesa capa de años que ni el más mañoso restaurador podría borrar. Pero saltando a los aspectos grandes de la vida, los imperios que vienen conformados por millones de huesos, miles de libros y ciudades de piedra y hierro, observar el paso del tiempo adquiere un aspecto extraordinario, con sabor a eternidad, que mantiene atados a las mesas a muchas de las grandes mentes que pueblan nuestro planeta.

¿Qué clase de hechizo maneja el tiempo para someter hasta este punto las vidas de los hombres? ¿Es nostalgia? ¿Curiosidad? ¿Afán por descubrir, ese afán rabioso que lucha contra el tiempo y profundiza en preguntas que en ocasiones ni se nos ocurría hacernos? Veremos. Como se encuentran hoy las tres capitales de los tres imperios más poderosos de la Historia.

Londres, Imperio Británico

La duda no debería darse, el Imperio Británico alcanzó en 1938 su máxima expansión y lanzó por la borda cualquier excusa que pudiese haber sobre su extensión. Este es el imperio más amplio de la Historia, con 31 millones de kilómetros cuadrados por gobernar desde una ciudad colocada a las orillas del Támesis. Londres. Al tratarse de la capital del gran imperio más reciente, todavía sigue considerándose un centro cosmopolita y con gran relevancia internacional, aunque la naturaleza elitista de los ingleses respecto al resto del mundo quiso dejar pasar la oportunidad de albergar las sedes de las mayores organizaciones internacionales. Ni si quiera la sede de la UNESCO, fundada en Londres, se encuentra en esta ciudad, sino en París.

El Parlamento Británico junto al archiconocido Big Ben.
El Parlamento Británico junto al archiconocido Big Ben.derwikipixabay

Sí guarda, por otro lado, un gran número de museos e instituciones nacionales que guardan tesoros de un valor incalculable, producto de sus (históricamente hablando) recientes expolios en las tierras que colonizaron. El mayor cofre de tesoros del planeta, sonsacados a civilizaciones de toda la Tierra, se encuentra en Museo Británico. Aquí se guarda una formidable colección de arte egipcio solo comparable con la del Museo del Cairo, además de un nada envidiable repertorio de arte griego y romano de la Antigüedad. Inaugurado en 1759, entre sus joyas cuenta con la Piedra de la Rosetta, arrebatada a los franceses tras la derrota de Napoleón, y un paseo por las salas permite descubrir la cultura de cada país que colonizaron mucho mejor que en los propios países ya desnudados de sus culturas - aunque no fuera este precisamente su objetivo -.

La plaza de Trafalgar, por otro lado, muestra una serie de leones forjados con los cañones españoles tras la batalla del mismo nombre, en una clara muestra de triunfalismo imperialista que todavía se mantiene intacta. Es la magia de Londres. Al contrario que otros imperios de esta lista, su existencia es tan reciente que bastaría apenas un paseo por sus calles, el Palacio de Buckingham o la Torre de Londres, para zambullirnos en las calles de un imperio, aunque ya no exista tal imperio, como si la ciudad todavía no se hubiese acostumbrado a ser la capital de un único país.

Karakórum, Imperio Mongol

Desde que Gengis Kan salió de su yurta hasta que las fuerzas europeas empujaron a los mongoles de vuelta a las estepas, el Imperio Mongol llegó a cubrir 24 millones de kilómetros cuadrados con una velocidad de vértigo. Cifras de este estilo conformaron el uso de la palabra “barbaridad” (propio de los bárbaros) para referirse a algo impresionante. Una barbaridad es azuzar a cien mil caballos y cabalgar sin descanso hasta atravesar la Gran Llanura Europea y presentarse a las puertas de Viena. El fallo en la estrategia mongola fue la fragmentación de su imperio en las distintas Hordas y las rencillas internas, convirtiéndolo en un imperio inmenso pero fugaz.

Monasterio reconstruido en las cercanías de Karakórum.
Monasterio reconstruido en las cercanías de Karakórum.Hbieser

Del puñado de capitales que tuvo a lo largo de su Historia, quizás sea Karakórum la más conocida. Estamos hablando de la capital del imperio más extenso que existió hasta la fecha, el centro del mundo durante aquellos años y el destino al que acudían comerciantes de toda Europa para rendir pleitesía al emperador mongol y pedirle permiso para comerciar en sus dominios. Sería la versión clásica de lo que hoy llamamos Nueva York. ¿Y qué ocurrió con el Nueva York mongol?

Desapareció.

La capital del imperio más extenso del mundo desapareció, quién lo habría creído cuando por sus puertas salían y entraban riquezas capaces de derretir los ojos del hombre más humilde. Bastó que Kublai Kan cambiara la capital a una ciudad china, que las guerras civiles y los saqueos la desollasen, que la Historia caminase con insoportable habilidad, para que la ciudad fuera definitivamente abandonada en el siglo XVI - dos siglos y medio después de su construcción - y se perdiera en los monótonos mapas de geografía mongola.

No fue hasta 1933 cuando una excavación mongola-soviética descubrió los restos de la ciudad. Esta había sido saqueada hasta la extenuación y muchas de sus piedras se habían utilizado para la construcción de templos cercanos, así que poco queda hoy de la capital Karakórum. Apenas un muro grueso que delimita la ciudad y unos pocos edificios palaciegos que se reconstruyeron a finales del siglo pasado. Punto y partido para el tiempo.

San Petersburgo, Imperio Ruso

El tercero en la lista de imperios sin fin aparente, con una extensión de 23 millones de kilómetros en 1913. Solo el levantamiento bolchevique, nacido en sus propias entrañas, pudo frenarlo. Uno de los aspectos más curiosos de esta ciudad es que, a diferencia del resto de esta lista, fue fundada cuando el imperio que dominó ya se había conformado, en exclusiva para gobernar ese imperio. Fue el zar Pedro el Grande - de él viene su nombre - quien decidió construirla en 1703 para sustituir a Moscú como capital de su creciente imperio.

Palacio principesco en San Petersburgo.
Palacio principesco en San Petersburgo.Monico. B

Puede imaginarse el lujo que albergó esta ciudad durante sus años dorados. Las cúpulas brillantes de sus iglesias y palacios son un ejemplo perfecto de ello. Y es que siempre puede encontrarse cierto aire fascinante en las capitales de los imperios. Codo con codo con los más desafortunados, las figuras cuya labor consistía en moldear la Historia vestían ropas lujosas y joyas de gala, albergadas por los delicados techos de edificios que no queremos que se oxiden con la edad. Todavía siguen allí, aunque la mano de hierro soviética provocó verdaderos destrozos en las iglesias y catedrales que se construyeron entre los siglos XVIII y XX. Unas pocas fueron derruidas, pero las más fueron completamente saqueadas. Los finos retablos que las adornaban fueron utilizados para todo tipo de actividades, desde prender hogueras hasta su colocación en el suelo para que la gente no se resbalase con la nieve.

Sí que quedan todavía, limpios e intocables, palacios del nivel del Palacio Yusupov y el Palacio Ménshikov, al igual que las cúpulas de sueño que señalan la Iglesia del Salvador sobre la sangre derramada, pero es interesante profundizar en un aspecto del complejo Imperio Ruso. Si lo dividimos en tres fases: zarista (1700- 1914), soviética (1914-1991) y contemporánea (1991 - actualidad), podemos descubrir que durante su proceso de remodelación entre la primera y la segunda etapa se vio lo nunca visto en un Imperio. Su destrucción desde dentro sin que el imperio desapareciese.

Sí es cierto que numerosos imperios han caído por mano propia pero lo que vuelve tan salvaje la realidad rusa es que, pese a ser destruidas, casi hasta rozar el olvido, la cultura y la política y la sociedad y la religión de su etapa zarista - todo lo que definía el imperio a excepción de su territorio -, este siguió en pie bajo una forma completamente nueva. Se rompió en pedazos su estructura interna, y San Petersburgo es el mejor ejemplo de esto, sin cambiar un ápice su poder internacional.