¿Cuánto crees saber sobre los rastafari?

Confundidos de forma habitual como una variante de los hippies, conforman en la realidad un credo basado en la tradición bíblica y una búsqueda constante de la comunión con Dios

Es sorprendente lo poco que conocemos una cultura, hasta que casualidades de la vida nos empujan a doblar cierta esquina y comenzamos una serie de actuaciones que desembocan en un conocimiento real de dicha cultura. Pero es precisamente al conocerla, al darnos cuenta de que aún así no hemos hecho más que rascar su superficie, cuando comprendemos la riqueza del ser humano a la hora de forjar sus diferentes creencias.

Algo así me pasó una tarde paseando por Addis Abeba, capital de Etiopía, cuando el azar me llevó a doblar una esquina aleatoria y me topé sin quererlo con un rastafari, de cuerpo enjuto y sonrisa picaresca. Hasta ese día qué sabía yo de su cultura, nada, poco más que algunas canciones de Bob Marley y que calzan el conocido peinado de rastas hasta la cintura. ¡Pero este hombre que me encontré no llevaba rastas! ¿Cómo podía ser? Nos pusimos a charlar y terminamos por tomar un té en una cafetería cercana. Fue él quién me explicó algunos detalles sobre la cultura rastafari, quizá para que hoy te los cuente yo a ti.

Haile Selassie I, reencarnación de Dios

La cultura rastafari, que a partir de ahora trataremos como religión - ya que esta sería su definición correcta - no puede entenderse si no es a partir de la figura de Haile Selassie I, último rey en ocupar el trono imperial de Etiopía. Existe un libro sumamente interesante escrito por el reportero polaco Ryszard Kapuściński, titulado El Emperador, que analiza con deliciosa precisión la figura de este personaje estrambótico que fue Haile Selassie, pero por el momento empezaremos confiando al lector que el nombre de nacimiento del monarca, antes de ser coronado, era Tafari, y que la palabra Ras puede traducirse como Rey. Ras Tafari, el rey Tafari. Tan importante es el etíope en la religión rastafari que comparten el mismo nombre. ç

¿A qué se debe esta fijación en él? ¿Por qué encontramos en Jamaica, cuna de esta religión, una conexión tan evidente con un rey etíope? Según afirma el credo rastafari, el rey Haile Selassie I sería la tercera reencarnación de Dios en la Tierra, después del sacerdote-rey Melquisedec y de Jesucristo, la tercera y última reencarnación de Jah (abreviación de Yahvé) antes del fin de los tiempos. La tradición indica que la dinastía salomónica a la que pertenecía Selassie nació a partir del vástago que concibió el rey Salomón, heredero de David, con la reina etíope Saba. Desde la coronación de este hijo, Menelik I, hasta la deposición de Selaisse en 1974 por un consultorio militar, la dinastía salomónica ha ocupado casi ininterrumpidamente el trono de Etiopía.

La idea de que el monarca era la reencarnación de Dios parte de la profecía que dictó un conocido periodista jamaicano, Marcus Garvey, una década antes de que este subiese al trono: “Mirad a África un rey negro será coronado, el día de la liberación está cerca”.

Rápidamente se asoció la liberación de África, de los hombres y mujeres arrancados de dicho continente para ser llevados a las plantaciones de esclavos en América y muchos de ellos residentes en Jamaica, con la liberación definitiva del ser humano. Se encontró en el único rey que tenía el continente africano durante el siglo XX, que era a su vez gobernante del único país africano que nunca fue colonizado (apenas sucedieron cinco años de invasión italiana durante la Segunda Guerra Mundial), una figura superior a la del hombre cotidiano. Y Selaisse aprovechó esta idea hasta su muerte en 1975, reuniéndose en repetidas ocasiones con dirigentes rastafari en Jamaica y Etiopía. También circula entre los rastafari la teoría de que el rey nunca murió, ya que su cuerpo no fue encontrado hasta 1992, y que simplemente trascendió de su apariencia física a un plano divino.

El credo rastafari

No existe una definición exacta sobre la religión rastafari. Los hay que la clasifican dentro del cristianismo copto de los etíopes, del cristianismo protestante o del judaísmo. Solo se puede afirmar con seguridad que creen en la figura de Dios de forma parecida a los cristianos y los judíos, siguen leyes similares y creen en una idea semejante del Paraíso después de la muerte. En lo que respecta a sus textos sagrados, la mayoría de los rastafari consideran que la Biblia ha sido tergiversada a partir de los intereses eurocentristas, aunque todavía hay algunos que siguen sus enseñanzas a rajatabla. Únicamente comparten el interés por el texto épico de la nación etíope, el Kebra Nagast, que trata sobre los monarcas de la dinastía salomónica desde el reinado de Menelik I.

Basta escuchar un puñado de canciones de Bob Marley, que fue fiel seguidor de la religión rastafari, para escuchar dos nombres de forma constante: Zion y Babylon. El primero se refiere a la ciudad bíblica de Sión, quizá la tierra prometida, interpretada por los rastafari como África o, en última instancia, el reino de Etiopía. Zion es también el nombre que dan al Paraíso. Por el contrario, Babylon o Babilonia escenifica todo lo contrario a esta tierra prometida, es la región en la que habita el pecado, son las creencias del hombre contemporáneo escenificadas en el capitalismo y el comunismo, la avaricia, todo aquello que pueda corromper al espíritu.

Existe una profunda conexión entre la religión rastafari y lo que hoy consideramos un movimiento antisistema. Las tensas relaciones entre estos y el gobierno jamaicano, al que no suelen reconocer, son el pan de cada día desde su creación. En su credo entran términos como downpression para referirse a la opresión de los poderosos sobre el pueblo llano y, esto no debe extrañarnos, critican con fiereza el neocolonialismo que sufre África desde los procesos de descolonización en la segunda mitad del siglo XX.

Lo que sabemos o lo que creemos saber

En la cultura popular han destacado tres elementos básicos de la religión rastafari. Son los colores amarillo, rojo y verde en su vestimenta y representaciones artísticas; el consumo de marihuana; y el famoso peinado rasta. Pero, ¿sabemos a qué se deben cada uno de ellos?

Los colores amarillo, rojo y verde, en ocasiones también el negro, corresponden a los colores de la bandera etíope y jamaicana. Esto es evidente. ¿Y por qué estos colores? Según me explicó mi reciente amigo en Addis Abeba, cada uno contiene una simbología propia que explica por qué muchas de las banderas africanas son de estos colores. El amarillo hace referencia a su riqueza mineral en África, en especial el oro; el rojo explica la sangre derramada por el continente, durante el colonialismo y la época esclavista; el verde habla de sus selvas; el negro se refiere al color de su gente. En una religión que considera África como la tierra prometida, no debe extrañarnos que use los mismos colores como símbolo.

El consumo de marihuana no es un cliché debido a la promoción que hizo Bob Marley de la misma. Aunque hay excepciones que confirman la regla, podemos afirmar que prácticamente todos la consumen. El consumo de marihuana se hace aquí de forma casi ritual, en fiestas religiosas o en la soledad del hogar, con la intención de conectar en mayor medida con uno mismo y con Jah. Afirman que la marihuana es una creación divina, dirigida a la meditación del espíritu, y apoyan esta teoría en la idea de que se encontró marihuana creciendo salvaje junto a la tumba del rey Salomón.

El peinado rasta recibe el nombre de dreadlocks y, lejos de tratarse de una práctica poco higiénica, contiene un significado espiritual a mi parecer muy bonito. Aunque este peinado no es obligado en los seguidores de la religión (esto explica por qué mi recién adquirido amigo llevaba la cabeza rasurada), sí que se considera una forma de entrega y una mayor unión del hombre con Jah, partiendo de lo escrito en el libro de Levíticos: “No mostrarán calvicie sobre sus cabezas, ni se afeitarán el extremo de sus barbas, ni se harán cortes en su carne”. El cabello africano, rizado por naturaleza, facilita la formación de rastas a partir del simple hecho de no peinarse - al contrario de lo que se piensa cuando se dice que la manera de conseguirlas es no lavándose la cabeza - y, en el caso de los rastafaris caucásicos, la forma de conseguirlo es mediante técnicas concretas de peinado.

Aquí termina una pequeña introducción a la religión rastafari. Es una profundamente influenciada por las tradiciones judeocristianas, las leyendas épicas de los reyes etíopes, la bondad y la comunión del hombre con Dios. El amor por las raíces, en este caso africanas. Y si transmiten sus ideales a través de la música contagiosa de Bob Marley, tanto mejor para nosotros.