Sorpresa, sorpresa, nos encanta Eslovenia

Este pequeño país situado al noreste de Italia puede ser uno de los descubrimiento más agradables que hagas este año

Vista de la ciudad de Maribor (Eslovenia).
Vista de la ciudad de Maribor (Eslovenia). FOTO: Matic Stojs dreamstime

Que la gente en los países del este europeo todavía se mueve en burro y que regalan Kalashnikov a sus hijos por Navidad es una creencia generalizada entre muchos españoles. Por alguna razón misteriosa, estas personas escuchan palabras tan sencillas como Rumanía, Eslovenia, Bulgaria o Croacia (o peor todavía: “antigua Yugoslavia”) e inmediatamente demudan el color del rostro como si hubieran visto un fantasma, como si la amenaza del comunismo hubiese vuelto a plantarse a las puertas de Europa, como si un ejército de hunos en colaboración con un grupo de tíos en chándal hubiese llamado al timbre de su casa para saquearle la nevera y comerse a su perro. No exagero. Cuando comentaba con amigos y familiares que me iba con la furgoneta a Ucrania, mencionando de pasada algunos de los países que cruzaré por el camino, más de uno me miró con una expresión que tenía algo de asombro y algo de admiración. Me intentaron disuadir con todo tipo de temores: allí te van a robar la placa solar antes de que te des cuenta, te vas a pelar de frío y aparecerás en la sección de sucesos de un periódico ucraniano, pueden robarte la furgoneta, pueden robarte las ruedas, pueden robarte la cartera, pueden robarte los calcetines y dime tú que vas a hacer sin calcetines en Moldavia. Hubo una que incluso se extrañó al conocer que en Rumanía tienen aparcamientos públicos.

En ese nivel nos movemos. Solo es una suerte que la ignorancia se cura viajando, y que cada vez son más populares los viajes al este de Europa. Poco a poco conocemos a nuestros no tan lejanos vecinos y vamos descubriendo (con una mezcla de asombro y de admiración) que realmente no son tan diferentes a nosotros. Quiero decir que en algunas zonas de Rumanía todavía puedes ver burritos tirando de pequeños carromatos... de una forma similar a ciertas zonas de Galicia o de Extremadura. Y que ciudades como Budapest o Sofía pueden hacer enmudecer a la mismísima Madrid por el empaque de sus monumentos.

Eslovenia y España en común

No es el nombre de una nueva filial de Podemos. Pero de entre todos estos países incomprendidos por sus propios primos, hoy quiero fijarme en uno muy pequeñito y que formó parte de la antigua Yugoslavia (que tiemble el lector) hasta junio de 1991, un pedacito de tierra montañoso encajonado entre Italia, Croacia y Hungría. Se llama Eslovenia. Mi abuela lo suele confundir con Eslovaquia. Apenas supera los dos millones de habitantes y es el cuarto país más pequeño de la UE, solo por detrás de Malta, Luxemburgo y Chipre. Oh, sí, Eslovenia está en la Unión Europea. Y también manejan el euro. Incluso ha compartido destino con España en numerosas ocasiones, como aquella vez que también les conquistaron las tropas de Napoleón y pasaron a llamarse las “Provincias Ilirias”, un vasto territorio que comprendía pedazos de las actuales Austria, Eslovenia y Croacia.

Lago en Eslovenia.
Lago en Eslovenia. FOTO: Leonardospencer dreamstime

Compartió destino con nosotros cuando su territorio pasó a formar parte del Imperio Romano. A partir del siglo XIV, la mayoría de la región perteneció a las tierras dominadas por los Habsburgo, igual que España. Y de verdad que me parece impresionante que un país tan lejano y aparentemente tan desvinculado a España tenga tantos detalles en común. Fíjate que, lejos de lo que dice la creencia popular, en Eslovenia también brilla un sol radiante durante los meses de invierno, menos los días que hace nublado. Parece lógico pero sé de uno que piensa que en el Este de Europa solo brilla el sol en el solsticio de verano, como mucho, y que allí todo el mundo camina con la cabeza gacha y como cagándose en todo constantemente. Pero no es así. Aquí también sonríen y hace un sol espléndido iluminando las montañas de Karavanke y los Alpes julianos, que son enormes macizos montañosos de una vista formidable (y esquiables durante la temporada de invierno) que hacen de Eslovenia uno de los países más elevados de Europa.

En Eslovenia se habla esloveno, que es una lengua (no te lo pierdas) de origen eslavo y con ligueras influencias croatas, italianas, austriacas... Su Índice de Desarrollo Humano está en el puesto mundial número 22, tres puestos por delante de la mismísima España. Incluso forman parte de la OTAN. La etimología de su nombre es la misma que la de Eslovaquia: ambos nombres nacen de la palabra slověnin que en proto eslavo significa “eslavo”, que nace a su vez de la palabra slovo, que se traduce como “gente que habla el mismo idioma”. Son la tierra de los eslavos, la tierra de quienes hablan el mismo idioma.

Los eslovenos

Puede sonar superficial pero son muy guapos. Guapos y guapas. Y hay gente muy famosa que nació en Eslovenia, gente importante: el filósofo Slavoj Žižek, el apicultor Anton Janša, Aleksander Čeferin (el presidente de la UEFA), el inventor Janez Puh... e incluso Melania Trump, la esposa del archiconocido Donald Trump, es natural de Eslovenia.

Pero hay más. Es bien sabido en el mundillo de los prejuicios que los nacionales de cada país pueden dividirse en cuatro grupos diferenciados: simpáticos o antipáticos y educados o maleducados. Por ejemplo, se dice que los franceses son antipáticos y maleducados, que los italianos son simpáticos y maleducados, que los noruegos son antipáticos y educados, y así sucesivamente… ¡pero hete aquí que los eslovenos son simpáticos y educados! Ayer mismo me pusieron una multa y no solo me la envolvieron en un plástico para que no se estropeara (detallazo), sino que, para colmo, me pidieron disculpas por ponérmela. Inaudito. En el momento solo supe balbucear confundido, murmurar un “hvala” (que es como se dice gracias aquí) a la señorita y guardarme la multa envuelta como si fuera un valioso regalo que enseñaré a mis nietos dentro de 40 años.

Esquiadores de renombre como Peter Prevc son naturales de Eslovenia.
Esquiadores de renombre como Peter Prevc son naturales de Eslovenia. FOTO: Grzegorz Momot EFE

Los eslovenos son guapos, educados y simpáticos. Un viajero no puede pedir más de ellos.

Los indispensables de Eslovenia

Países con tamaños tan asequibles como Eslovenia requieren del alquiler de un vehículo que nos permita transportarnos con total libertad. Solo así podremos escarbar en los detalles de un país compuesto por detalles, donde la grandilocuencia de la Torre Eiffel y los castillos alemanes ceden el protagonismo a pequeñas iglesias de campanarios afilados, bosques repletos de leyendas populares y minúsculas localidades al pie de las montañas.

Para los amantes de la naturaleza, los Alpes julianos son el indispensable número uno, dos y tres en una visita a Eslovenia. Llamados así por Julio César, estos gigantes de piedra quebrada ofrecen multitud de oportunidades para practicar el senderismo, admirar de cerca la naturaleza eslovena y, si hay suerte, encontraremos en nuestro recorrido alguna que otra florecilla edelweiss escondida entre las rocas. Para los amantes de la naturaleza, el Parque Nacional de Triglav es el el indispensable número cuatro y cinco. Especialmente durante los meses de verano. Verdes, azules y los púrpuras del atardecer pierden el equilibrio en esta preciosa región eslovena, confundiéndose unos a los otros y señalándose con rayos de luz de sol. Monasterios encalados en la roca, sinuosos senderos de redención, animalejos con cuernos trotando entre los árboles, en fin, en el Parque Nacional de Triglav encontraríamos belleza y naturaleza y la mano sutil del hombre punteando ciertos recovecos irresistibles.

Para los fotógrafos, el castillo de Bled es el indispensable número uno al diez. Adjunto foto para justificar mi opinión.

Preciosa vista del Castillo de Bled.
Preciosa vista del Castillo de Bled. FOTO: Jakazvan dreamstime

En el ámbito urbanita, para los que busquen ruido, coches, humo, exquisitos ejemplos barajados de arquitectura soviética y austrohúngara, jardines relajantes, restaurantes de nivel, etc., para esos solo tengo tres palabras: Liubliana, Piran y Máribor. Que son la capital eslovena y dos ciudades con un casco antiguo delicioso y prácticamente intacto desde finales del siglo XIX. Los colores blancos y pasteles que pintan las paredes de los edificios potencian la luz del sol y la reflejan por los adoquines de las aceras, iluminando la ciudad como un faro de espejos. De hecho, este artículo lo estoy escribiendo en Máribor y todavía sigo impresionado por la relajante armonía que fluye a lo largo de toda la ciudad, como imitando al río Drava que la atraviesa. Ya haré un artículo dedicado en exclusiva a Máribor pero, de momento, quédate con esto: en Eslovenia la gente es simpática, educada y guapa, Eslovenia tiene sitios fabulosos para encandilar al viajero, Eslovenia comparte con España más de lo que creemos y, bueno... te recomiendo que vengas algún día de visita.