Nomadismo digital, una experiencia muy tentadora

¿Por qué atarse a un lugar fijo cuando puedes convertir cualquier punto del mundo en tu propia oficina? El nómada digital no es un viajero tradicional, aunque una de las cosas que lo definen es que viaja mucho.

Los nómadas digitales pueden instalarse en cualquier lugar del mundo en el que haya acceso a Internet. Aquí, Osiris Martínez en el Parque Nacional de Komodo, Flores, Indonesia.
Los nómadas digitales pueden instalarse en cualquier lugar del mundo en el que haya acceso a Internet. Aquí, Osiris Martínez en el Parque Nacional de Komodo, Flores, Indonesia. FOTO: archivo osiris Martínez

«… la mayoría de las personas descubrirán que el vínculo geográfico se está disolviendo. Sucederá gradualmente…, el mundo se encontrará libre para vivir donde quiera y viajar tanto como quiera. (…) Los humanos podrán preguntarse ¿soy un nómada o un colono?».

Podría decirse que los orígenes del nomadismo digital comienzan con esta cita del escritor David Manners y el científico e ingeniero informático el Dr. Tsugio Makimoto procedente del libro que escribieron en 1997, Digital Nomad. Es decir, el término nómada digital ya se acuñó hace 25 años, no es nada nuevo, pero tuvieron que pasar más de diez para que se hiciera popular y conocido, y esto fue gracias a los medios de comunicación. Por ejemplo, fue en el 2014 cuando importantes medios declararon el nomadismo digital como «un nuevo estilo de vida 2.0», y a partir de ahí y otras publicaciones, el interés de la gente por saber más de esta nueva forma de vida aumentó, y cada vez más personas se sentían seducidas por la libertad que lo caracteriza, y querían experimentarlo. Desde entonces, esta comunidad de profesionales no deja de crecer, sobre todo en este momento en que a raíz de la pandemia muchas personas han descubierto que pueden teletrabajar, que ya no tienen que ir a la oficina, y se preguntan ¿por qué atarse a un lugar fijo cuando puedes convertir cada lugar que visitas en tu propia oficina? No hay duda, es tentador, por lo menos probarlo por un tiempo.

Si tuviéramos que definir qué es exactamente un nómada digital, diríamos que son aquellos que utilizan las tecnologías de la comunicación para poder trabajar desde cualquier lugar del mundo, y en vez de establecerse en algún sitio, escogen una vida nómada, es decir, no son viajeros tradicionales —aunque viajen mucho—, sino que van instalándose de forma temporal gracias a su trabajo remoto en las ciudades y pueblos que les apetece. La mayoría de estos nómadas se trasladan varias veces al año para sortear las restricciones de los visados, conocer nuevos lugares y personas, buscar climas idóneos…, pero existen muchas formas de nomadismo digital. Es, como hemos dicho, un estilo de vida, y aunque hay un perfil definido mayoritario, no hay reglas que lo rijan más allá que cumplir con el trabajo en el lugar donde se asienten —algunos de estos profesionales lo hacen por días, otros por meses y otros por años—.

Repetimos, es tan tentador para todos aquellos que trabajan en remoto y están empezando a crearse tantas «leyendas urbanas» sobre este tema que hemos querido entrevistar a dos personas, Adela Alonso y Osiris Martínez, que hace años eligieron esta forma de vida para que nos cuenten qué fue lo que las motivó a hacerlo, cómo fue el cambio, qué les ha aportado…, y, sobre todo, qué les aconsejan a aquellos que están pensando convertirse en nómadas digitales.

Comencemos por Adela Alonso, su perfil es el de una chica de 37 años que en el 2017 decidió ir cambiando de lugar de residencia gracias a que llevaba dos años trabajando en remoto:

¿Por qué decidiste ser nómada digital? ¿Cómo fue el proceso de esta decisión?

Más que una decisión premeditada fueron las circunstancias las que propiciaron que probara esta forma de vida, y desde luego, una vez que la probé tuve muy claro que me encantaba, aunque nunca antes hubiera pensado vivir de manera errante.

Por motivos de trabajo, me fui a Dubái en el 2015, estuve dos años en la empresa por la que me trasladé allí, hasta que me di cuenta de que no me aportaba, de que no estaba a gusto, y la dejé. Casi inmediatamente, y viviendo aún en Dubái, me contrató una startup en la que todo el equipo trabajaba en remoto, fue mi primer contacto con esta forma de trabajar. No sé muy bien por qué seguí instalada en Dubái, hasta que en el verano del 2018 me dije ¿qué hago aquí a 50 grados pudiendo irme a cualquier lugar del mundo en el que haya buena conexión a Internet?

Adela Alonso actualmente no tiene ninguna residencia fija, todas su pertenencias cogen en una maleta. Aquí se la ve trabajando en Vietnam, donde le pilló los meses de confinamiento de la pandemia
Adela Alonso actualmente no tiene ninguna residencia fija, todas su pertenencias cogen en una maleta. Aquí se la ve trabajando en Vietnam, donde le pilló los meses de confinamiento de la pandemia FOTO: Archivo de Adela Alonso

¿Cuáles fueron tus primeros destinos?

Recogí mis cosas y me fui un mes a Georgia, a Batumi, este fue mi primer destino y sinceramente lo elegí por cercanía y porque tenía muchas ganas de conocer esa ciudad. Como alojamiento alquilé un Airbnb y cada día, después de trabajar con mi ordenador en el apartamento, salía y disfrutaba de esta preciosa «capital veraniega» del Mar Negro georgiano; sentí por primera vez la libertad de decidir por mí. De allí me fui a Tailandia, a la isla Koh Lanta, y fue aquí donde realmente descubrí el mundo del nomadismo digital. Escogí para esta estancia un paquete que ofrece el coworking KoHub, que consta de un espacio de trabajo compartido 24 horas, alojamiento (coliving) y dos comidas diarias, es una opción que soluciona todo de una vez. Si tuviera que describir la experiencia de este mes, fue como una inmersión de choque en este mundo, conocí a muchas personas con las que aún mantengo lazos de amistad, me impregné de la creatividad de sus trabajos, me sorprendí de cómo algunos de ellos dirigían grandes empresas a golpe de Internet —y en chanclas de playa, algo que parecía surrealista— y disfruté de inolvidables atardeceres en su compañía. Era como vivir en un tranquilo pueblecito de paisajes idílicos, pero con el aliciente de estar rodeada de mentes intelectuales e inquietas, y el enriquecimiento personal que eso implica no tiene precio.

¿Cómo fueron tus siguientes experiencias hasta el día de hoy?

De allí fui a Vietnam, España, Bulgaria, vuelta a Tailandia, Filipinas y de nuevo me instalé en Vietnam, donde me pilló la pandemia, y al cerrarse las fronteras, tuve que quedarme en el país. Cuando ya empezaron a abrirlas y pensaba en mi siguiente destino, tuve un accidente de moto en el que me rompí la mandíbula y el hombro, y decidí volver a España a recuperarme con mi familia, regresé en septiembre del 2020. Actualmente, sigo en España, aunque entremedias he estado de nuevo en Bulgaria, he regresado un tiempo a Dubái, he pasado una temporada en Córdoba, y he hecho alguna que otra «escapada» cercana. En breve me iré por unos meses a Bulgaria, de hecho, cuando se publique esta entrevista ya estaré allí.

¿Tienes algún sitio «base»?

La verdad es que no, todas mis pertenencias cogen en una maleta y una mochila. Intento no trasladarme nunca hacia el invierno, es algo que facilita mucho el equipaje al necesitar menos espacio para la ropa, suelo llevar lo que es ropa informal y cómoda, pero también siempre algo de «oficina» para las ocasiones en que lo necesito.

Adela Alonso: "Intento no trasladarme nunca hacia el invierno y disfrutar de la belleza de los lugares en los que me instalo". Aquí, la vemos en Filipinas.
Adela Alonso: "Intento no trasladarme nunca hacia el invierno y disfrutar de la belleza de los lugares en los que me instalo". Aquí, la vemos en Filipinas. FOTO: archivo de adela alonso

¿Actualmente trabajas para alguna empresa o por cuenta propia? ¿Crees que las redes sociales juegan un papel importante para los nómadas digitales tanto profesional como personalmente para que al trasladarse no se rompan los «lazos» que se van creando?

La respuesta a la primera pregunta es que estuve unos dos años con la startup que me contrató en Dubái, pero he ido inclinándome a trabajar por cuenta propia y, a día de hoy, soy autónoma. Os invito a que visitéis mi web, adelaalonsoalonso.com , me he especializado en estrategia de marca e innovación.

Respecto a las redes sociales, en mi caso no las uso de forma profesional, exceptuando LinkedIn, que es por donde me vienen casi todos mis trabajos, pero tengo que reconocer que sí, que en lo personal las utilizo para estar en contacto con mis amigos, es decir, para que no se rompan «lazos», aunque no soy usuaria habitual.

¿Qué recomendaciones prácticas harías para iniciarse en este mundo?

Antes de salir hacia el destino elegido, es conveniente averiguar siempre un seguro de viajes para tener cobertura sanitaria —si es dentro de Europa, basta con pedir la tarjeta sanitaria europea— o si se dispone de compañías privadas, saber la cobertura que tiene. También mirar si el país tiene visado para nómadas digitales y asegurarse una buena conexión a Internet. Esas son mis recomendaciones imprescindibles.

¿Qué es lo que tiene más valor para ti de este estilo de vida y cómo te ves en un futuro?

Si tuviera que utilizar una palabra que encierre los privilegios del nomadismo digital sería la flexibilidad y la libertad. Y respecto a mi futuro, no lo sé, no soy persona de hacer planes a largo plazo, pero lo que es seguro es que no me veo de vuelta a una oficina con un horario estricto, lo que sí me estoy planteando es comprar una casa en Córdoba, usarla de base y alquilarla en las temporadas que esté fuera.

Y, por último, ¿qué consejo das a aquellos que están pensando en unirse al nomadismo digital?

Que prueben, y a ser posible en un coworking como en el que yo estuve en Tailandia, con un paquete de alojamiento. Es una buena forma de conocer en profundidad este mundo.

Presentamos ahora a Osiris, una chica de 36 años que llevaba más de tres años sin pisar Europa, y que ha venido unos días a Madrid para desalojar un trastero alquilado hace cuatro años en el que dejó sus cosas cuando decidió ser nómada digital. ¡Es obvio que no piensa volver!

Osiris: "Convertirme en nómada digital me ha aportado libertad, y la maravillosa experiencia de conocer otras culturas".
Osiris: "Convertirme en nómada digital me ha aportado libertad, y la maravillosa experiencia de conocer otras culturas". FOTO: Archivo de Osiris Martínez

¿En qué momento de tu vida te planteaste ser nómada digital?

Os resumo. Nací y estudié en París hasta los 21 años, parte de mi familia era de Oviedo y me vine de Francia y estuve seis meses en esta ciudad. Luego me trasladé a Madrid. Allí, mientras trabajaba ya en el mundo de TV por Internet, estudié un máster de comunicación y moda, de ahí a becaria en Glamour y después en Grazia España hasta que cerró en 2014, poco después me hice freelance y empecé a colaborar como estilista con el País Semanal, Yo Donna y Cosmo, entre otros. Ya por aquel entonces, yo notaba que no estaba a gusto con la vida que llevaba, siempre me preguntaba ¿si mañana te atropella un coche, Osiris, sentirías que habrías vivido plenamente? La respuesta era siempre que no. A esto hay que sumarle que tenía trastornos de la alimentación y que la terapia con el psicólogo no funcionaba.

En el 2016, me dije que tenía que irme un tiempo, y elegí Bali, ya que una compañera de trabajo se iba a vivir allí y me habló maravillas. En un principio me iba para tres semanas, pero una vez allí vi que hay otras vidas, otras realidades, y que el problema no soy yo, sino que no estoy conectada con mi entorno en Madrid. Fui moviéndome por Bali, y amplié mi estancia tres semanas más; pude hacerlo porque trabajaba en remoto. Por el tema del visado, tenía que salir de Bali y me fui Malasia, a Kuala Lumpur, donde tomé aún más conciencia de que Madrid no era mi lugar.

Regresé a España donde estuve ocho meses, y volví a irme a Bali, luego a Vietnam, estuve en las islas Gili dos meses, y entremedias iba y volvía a España. El momento en el que tuve la absoluta certeza de que quería vivir en Bali fue cuando me ofrecieron un puesto presencial de redactora jefe en una prestigiosa revista española, sin dudar dije que no y volví a Bali. Estuve viviendo un tiempo en un Guest Home, y empecé a traducir textos para Desigual y otras firmas, a escribir textos para Condé Nast Traveler…, es decir, me desvinculé de la moda. Finalmente, en el 2018 volví a Madrid, esta vez para cerrar el piso y meter mis cosas en un trastero, y comprendí una cosa muy importante: lo que nos ata a los sitios son las cosas materiales, eso es lo que en realidad nos limita.

Ya llevo asentada en Bali cuatro años, he alquilado de forma estable una vivienda, cada dos meses viajo a otros sitios por cortas temporadas, y durante la pandemia aproveché para estudiar y certificarme en Terapia Cognitivo-Conductual, Terapia Transsaccional y en Coaching Emocional y me especialicé en trastornos alimenticios, que es a lo que ahora me dedico profesionalmente, a ayudar a personas con este tipo de trastornos, os invito a visitar mis cuentas de Instagram (@comosoy_tca y @osirismartinez ) y web osiriscoaching.com.

¿Qué es lo que dirías que te ha aportado convertirte en nómada digital?

Principalmente libertad, pero no solo de movimiento, sino también de pensamiento, algo que me ha permitido un gran desarrollo personal y conexión con mi interior. Pero también tengo que decir que este estilo de vida no es para todo el mundo, tiene un punto de inestabilidad y soledad que hay que saber gestionarlo.

¿Qué consejo darías a aquellos que están pensando en unirse al nomadismo digital?

Sin dudar les diría que prueben, que no dejen de hacerlo porque es una experiencia de valor inestimable y que no tengan miedo, porque siempre pueden volver a una vida sedentaria cuando lo deseen.

Si reflexionamos sobre las respuestas de estas dos nómadas digitales, podría decirse que, efectivamente, un nómada digital se define ante todo por trabajar en remoto desde distintos lugares del mundo, y que lo que coincide en la mayoría de los casos es que, a consecuencia de tener un trabajo online, uno se pregunta que por qué no experimentar vivir una temporada en otro sitio, algo que se antoja muy tentador, ¿verdad? No hay duda de que el ser humano es nómada por naturaleza y de que nuestros antepasados han sido durante más tiempo nómadas que sedentarios, así como que en nuestro interior existe un instinto nómada que, ante la posibilidad de elegir este nuevo estilo de vida, se revuelve inquieto y nos hace cuestionarnos la vida tal y como la conocemos. ¿Será, tal y como decían hace 25 años David Manners y el Dr. Tsugio Makimoto en su libro Digital Nomad, que «está ocurriendo una revolución»?