Duelo entre portavoces

Cada martes, Bendodo estará atento en San Telmo a lo que dice en su comparecencia la ministra portavoz Montero desde La Moncloa

Rueda de prensa tras la reunión del Consejo de Ministros con la presencia de las Ministras Isabel Celaa, Maria Jesús Montero e Irene Montero
Rueda de prensa tras la reunión del Consejo de Ministros con la presencia de las Ministras Isabel Celaa, Maria Jesús Montero e Irene MonteroJesus G. FeriaLa razón

Como Pedro Sánchez I de España todo lo puede, ya saben, él puede nombrar a veintidós ministros, tener hasta cuatro vicepresidencias y que la nueva Fiscal General del Estado sea una mujer que acaba de dejar la silla caliente en la bancada azul del Congreso como ministra de Justicia en uno de los ejercicios de autoritarismo político más escandalosos de la historia de nuestra democracia, como Pedro El Guapo todo lo puede, decimos, puede cambiar incluso las dinámicas más asentadas en el calendario laboral de la vida política de esta país. Y pedir dos huevos duros, como los Hermanos Marx.

De este modo, el Consejo de Ministras (versión Irene Montero en su toma de posesión como titular de la cartera Igualdad: nunca pensamos que su antecesora Bibiana Aído iba a parecernos algún día una estadista de fuste) se reunirá cada martes, en lugar de los viernes como era tradición desde los tiempos de Felipe González. Una decisión que, al margen de que sus señorías del Partido Popular y de Ciudadanos hayan montado en cólera, significa, si lo vemos desde la óptica andaluza, que Bendodo tendrá que estar muy atento a lo que se cuece y se cuenta desde La Moncloa para salir al quite al momento.

El portavoz de la Junta de Andalucía, Elías Bendodo FOTO: Manuel Olmedo Manuel Olmedo

Me explico. Cada martes, se reúne en el Palacio de San Telmo el Gobierno al completo de Juanma Moreno y a continuación el consejero de la Presidencia en su condición de portavoz del Ejecutivo andaluz protagoniza la rueda de prensa sobre la que pivotará toda la comunicación de la semana. En este año al frente de portavocía del Gobierno de la Junta, Bendodo ha ejercido el cargo con la agilidad de un mago que se saca de la chistera asuntos como el del fraude de las vacunas de la gripe, la manipulación de las listas de espera en el SAS o la aparición de unas supuestas cajas fuertes de los ERE que han servido, cada martes, para hacer un ruido considerable y dar carnaza a todos los compañeros que –en este oficio en el que toca reinventarse- en lugar de sacar noticias, las comentan, igual que los de «Sálvame» comentan las vicisitudes de una tal Adara, tal es la pasión que le ponen al asunto. Sefardita listo como es, sabe que la gestión no vende, mientras que del escándalo se vive semanas.

Hasta ahora, a estas «bendodadas» la réplica se las daba un PSOE anémico con portavoces del fuste de Ramírez de Arellano o Pepe Fiscal, unos auténticos nadie al norte de Sierra Morena. Susana Díaz ha comparecido poco o casi nada en estos últimos 12 meses para contrarrestar mensajes o defender la gestión socialista. Con la salvedad de la rueda de prensa que, de manera sorpresiva, ha protagonizado este mismo jueves, el día que se filtró de nuevo que el policía jiennense Felipe Sicilia sería un magnífico líder andaluz, y la mañana en que Juan Espadas pronuncia en un foro en Madrid las siguientes palabras: «Estoy para lo que los compañeros decidan», que es lo mismo que decir «cambiemos ya de tercio, señores, que Susana está muerta y yo soy el elegido». Mientras todo esto se producía, las palabras de Susana desde el gélido patio de San Vicente sonaban a lo de siempre: las derechas son muy malas y tengo fuerza y ganas para liderar el PSOE andaluz y Triana entera. Nunca se la vio menos convencida.

Y aquí, cabe pensar, una vez más, en ese estratega de manual que es Pedro Sánchez como responsable de una operación que deprecia aún más la voz de su enemiga íntima. Sabemos bien que la oposición de Juanma Moreno no es Díaz –diluida su voz y presa de las consecuencias de aquel funesto Comité federal de octubre de 2016–, es Montero y por eso era necesario hacerla portavoz y que sus ruedas de prensa, en la que escucharemos su verbo rápido y su delicioso acento, coincidieran con las del Gobierno andaluz. Y como la contraprogramación con contraprogramación se combate, ahí que se han apresurado los mandarines junteros a advertir que «próximamente se va a valorar» si su tenida semanal se adelanta a los lunes. Son como niños. Cada martes, el portavoz desde San Telmo y la «portavoza» desde Moncloa, cada uno en su palacio, saldrán decididos a vender las medidas aprobadas por sus colegas de Gobierno pero en realidad aprovecharán la mínima para atizarse en directo. No en vano, los del PP de Andalucía sienten una aversión enfermiza por Montero, ministra reprobada por el Pleno del Parlamento y, a cuenta de la famosa carta sobre el futuro financiero autonómico (una de las «bendodadas» más rentables de los últimos tiempos), tachada de Belcebú para el futuro de Andalucía. Y, como diría Chusa, «no es para tanto, chiqui».