Fundación Unicaja respalda a Harena para evitar el aislamiento social de personas mayores

El programa que se llevará a cabo ayudará al colectivo mediante el acompañamiento social voluntario y la participación en actividades de envejecimiento activo

Acuerdo entre Fundación Unicaja y Fundacion HarenaServicio Ilustrado (Automático) FUNDACIÓN UNICAJA

Fundación Unicaja respalda un año más la labor de la Fundación Harena, una organización que trata de paliar los efectos de la soledad y el aislamiento de las personas mayores en Málaga, a través del apoyo al programa ‘Soledad 0, vida 10’, creado para mejorar la calidad de vida de las personas mayores de 65 años, especialmente ahora, cuando la crisis sanitaria actual ha agravado la vulnerabilidad de este colectivo.

La renovación del acuerdo ha sido ratificada en un acto en el que han estado presentes la responsable de Solidaridad Social y Educación de la Fundación Unicaja, Ana Cabrera, y la directora gerente de la Fundación Harena, María Angélica Moreno, han informado a través de un comunicado.

Esta iniciativa se enmarca dentro de una de las líneas prioritarias de la Fundación Unicaja, “que tiene como objetivo mejorar la vida de los ciudadanos, poniéndose del lado de uno de colectivos más necesitados como son las personas mayores, realizando actividades que promuevan su integración y mejora en la calidad de vida”, han precisado.

Este programa surgió para mejorar la inclusión social de las personas mayores que viven solas en Málaga capital y provincia, gracias al apoyo de voluntarios que, además de acompañar a la persona mayor, actúan de enlace con la comunidad y fomentan su participación en el entorno a través de la realización de diversas actividades.

Mediante el acompañamiento social voluntario y la participación en actividades de envejecimiento activo, el programa ‘Soledad 0, vida 10’ trata de apoyar al colectivo, especialmente en la actual situación de crisis sanitaria provocada por la Covid-19.

Más de 60.000 malagueños mayores de 65 años afrontaron en soledad el pasado confinamiento, por lo que se hace más necesario que nunca fomentar el voluntariado integral, es decir, abarcando el acompañamiento telefónico, domiciliario, residencial y hospitalario, siguiendo siempre todas las recomendaciones indicadas por las autoridades sanitarias.

El número de mayores atendidos se ha triplicado en los últimos meses debido a la actual situación y ya son 927 las personas de más de 65 años que se benefician del programa ‘Soledad 0, vida 10’, atendidos por los 568 voluntarios con los que cuenta la Fundación Harena.

Para paliar los efectos de la soledad y el aislamiento de estas personas, el programa se basa en dos ejes principales. El primero de ellos, el acompañamiento voluntario a estas personas mayores, mediante diversas visitas domiciliarias, a residencias o centros hospitalarios. Una vez identificados los beneficiarios del programa y analizadas sus necesidades se realiza el emparejamiento con la persona voluntaria más adecuada.

Asimismo, como mecanismo de participación social, se promociona y fomenta la figura del voluntario, tratando de captar nuevos colaboradores, que recibirán una formación específica que les capacitará para relacionarse y entenderse con las personas mayores. Los voluntarios celebrarán diversas sesiones informativas y recibirán formación continua, tanto de forma presencial como online.

La Fundación Unicaja colabora con la Fundación Harena desde hace ya más de una década. A través de este programa se atendió el pasado año 2019 a 750 mayores. Desde la creación de ‘Soledad 0, vida 10’, en el año 2008, la red de voluntarios de la asociación ha llegado a atender a un total de 16.073 mayores.

La Fundación Harena, premiada con la Medalla de Oro de la Provincia de Málaga por la Diputación de Málaga, tiene el objetivo de mejorar la calidad de vida y la inclusión social de las personas mayores de la provincia.

El aumento de la esperanza de vida ha determinado un cambio en la situación de la población mayor, que puede sufrir situaciones de exclusión social iniciadas por el surgimiento de limitaciones en las capacidades físicas y de autonomía provocadas por el propio proceso de envejecimiento y que puede conllevar tendencias de aislamiento.