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Adiós entre gritos

“Ni la historia ni Dios nos absuelve a día de hoy a los españoles que no tenemos problemas de identidad o al menos no los anteponemos a todo lo demás sin importar el destrozo”

El ministro Miquel Iceta, en una sesión de control al Gobierno en el Congreso de los Diputados
El ministro Miquel Iceta, en una sesión de control al Gobierno en el Congreso de los DiputadosCristina BejaranoLa Razón

Cuánto más grita Iceta en el Congreso que no va a haber amnistía ni autodeterminación más claro queda que lo habrá. Porque con este Gobierno ocurre que cuando dicen que no van a hacer una cosa suelen hacerla poco después. Y no pasa nada, si la oposición o algún ciudadano se queja o recuerda la mentira, se le tacha de fascista y se extiende ese concepto de fascismo a los dos últimos siglos para que nadie se escape, como hace la docta ministra Calvo, quien en su sabiduría no se acuerda de que el fascismo fue creado por Mussolini ¡un socialista! en 1919. Qué mal sale la cosa cuando un periodista se mete a político: el dictador italiano, Puigdemont. Claro que aquí tenemos a políticos que no son nada, solo políticos. Como Iceta, cuyo mitin de los años treinta en el Parlamento recuerda al tono de Largo Caballero o cualquiera de los pirados que llevaron a la Segunda República a su fin y, previa guerra civil que promovían desafiantes, nos condenaron a cuarenta años de dictadura. Esa es la república que quieren resucitar borrando a Pemán o a Carranza de Cádiz. Y por si todo esto no suena lo suficiente al querido siglo XX ahí están los obispos añadiendo fuerzas vivas al debate tras sumarse los empresarios a la fiebre indulgente. Seguro que el reparto de los fondos europeos tiene algo que ver, el color del dinero convence más que el de la bandera. Que no falten curas nacionalistas en España ni políticos ignorantes ni empresarios aprovechados. Ni Otegi que ya pretende recoger más nueces. Mientras tanto nuestra imagen internacional se va al garete porque es el propio Gobierno el que no respeta al Estado y por eso un puñado de premios nobel, que como todo en Europa es un premio decadente, se atreven a impugnar nuestro sistema judicial y pedir la absolución de un señor millonario solo porque es su amiguete. Se olvidan de que el bueno de Mas-Colell está metido hasta el cuello en toda esta barrabasada y se ha gastado miles de euros de dinero público, si no millones, en disfrutar del suicidio “indepe”.

En el Congreso Pablo Casado parafrasea nada menos que a Fidel Castro y le advierte a Sánchez de que la historia no le absolverá. Ni la historia ni Dios nos absuelve a día de hoy a los españoles que no tenemos problemas de identidad o al menos no los anteponemos a todo lo demás sin importar el destrozo. Pero claro, si ni siquiera este verano vamos a celebrar los 500 años de la conquista del Imperio Mexica por parte de Cortés y la posterior creación de ese gran país –poblado por muchas más culturas aparte de la de Tenochtitlán– que es México. Y casi borran los nombres de nuestros científicos más ilustres de los premios de investigación. Menos mal que todavía no nos pueden quitar los amores, las tormentas y las cenas de verano. Eso sí, a mí ya no me leerán a la vuelta en este gran periódico que, como me recordó el gran E. al empezar, es donde comenzó a escribir Gistau. Así que gracias a todos, seguro que volvemos a encontrarnos.