Almería espera su próximo terremoto

Hace 500 años la provincia vivió el peor seísmo de España, con 2.500 muertos

Mapa de la situación geográfica de la provincia de Almería
Mapa de la situación geográfica de la provincia de Almería FOTO: La Razón

Este año se cumplen 500 años del terremoto más destructivo de la historia de España, el de Almería ocurrido en 1522. Con una magnitud que podría haber alcanzado hasta siete grados en la escala de Richter, se estima que su epicentro estuvo entre la capital almeriense y el municipio de Alhama. Las víctimas superaron las 2.500 y afectó a más de 80 poblaciones del sureste peninsular. Es el ejemplo más extremo de una evidencia más que reconocida: la ingente actividad sísmica de esta provincia.

Junto a Granada y Murcia, Almería es la región más afectada por terremotos, lo que se entiende por su situación geográfica, junto a la falla Al-Idrissi del Mar de Alborán; y a escasos kilómetros del choque de las placas tectónicas africana y euroasiática. Pero lo cierto es que los datos de distribución de esos terremotos también indican que la sismicidad es dispersa y moderada, rara vez a profundidades superiores a 20 kilómetros y siempre a menos de 100 kilómetros.

Aunque la repetición del fenómeno no acaba con los riesgos. Según el primer mapa de probabilidad de daños para las construcciones de hormigón armado, realizado recientemente por la Universidad de Alicante, Almería sería la tercera ciudad española, tras Alicante y Murcia, que sufriría colapso de edificios tras un gran terremoto.

El Plan de Emergencia de Riesgo Sísmico en Andalucía contempla que la provincia de Almería no estaría libre de experimentar una sacudida que alcanzara los 8 grados de intensidad, lo que supondría daños de importancia en aquellos edificios que no estén preparados, sean débiles o se encuentren en ruinas. Se estiman daños graves en torno a 7.000 viviendas de la capital y unas 5.000 en el resto del Poniente de la provincia, zonas que históricamente han sido las más afectadas. Mientras los investigadores piden la revisión de la normativa sismorresistente, vigente desde 2012, ciudades como Adra sirven como modelo de estudio, pero también como ejemplo de prevención de vulnerabilidad. Esa localidad posee hasta dos zonas en las que se han obtenido intensidades sísmicas de 7 y 7,5 para un periodo de retorno de 475 años y es la primera en contar con un Plan de Actuación y Vulnerabilidad en Andalucía, en concreto, desde 1994. De hecho, como recuerda José Espinosa, jefe de Protección Civil de Adra, «pudimos comprobar la efectividad del plan in situ. Tan solo un día después de finalizar el estudio de evaluación del riesgo sísmico, sufrimos un terremoto de magnitud 5. El más grave de un ciclo que sacudió nuestra ciudad desde los primeros días de la Navidad del 93». La calle Natalio Rivas y la parte baja de la localidad se vieron gravemente afectadas, pero se pudieron comprobar errores y mejorar la forma de reaccionar ante seísmos de gran magnitud.

Un trabajo pionero que ha sido revisado en 2018 para mejorar aún más esa prevención tras el desastre de Lorca: «Nos dimos cuenta que no sólo afectaba la magnitud y la profundidad de los temblores, sino también la aceleración. Es decir, el perfil de la onda sísmica». Ese análisis concienzudo estudia los edificios con parámetros como la altura, el tipo de suelo, la forma, el diseño, la edad y la degradación. «No por manzanas, sino con un análisis independiente de cada construcción. Nada tiene el mismo comportamiento si cuenta con distintos materiales, aunque comparta prácticamente el mismo espacio geográfico», aclara.

Riesgo de maremotos

Almería tampoco se libra del riesgo de sufrir un tsunami. Hay restos de ellos en registros históricos de Adra y la posibilidad alcanza peso con estudios que miden la actividad de la falla Averroes y avisan de posibles olas de hasta ocho metros de altura. Por ello, el Plan Estatal de Protección Civil ante el Riesgo de Maremotos encuentra un punto de observación en la costa almeriense, con dos puntos incluidos entre los tramos de alerta y la dotación de medios de detección, con mareógrafos y sismógrafos en los puertos de Almería y Carboneras.