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Fernando Sánchez Dragó: «La dieta mediterránea es un camelo como la copa de un pino»

Todos queremos vivir muchos años y, además, disfrutarlos en el mejor de los estados posibles. Fernando Sánchez Dragó, paradigma de esa vejez llena de vitalidad que todos desearíamos y en una envidiable forma física y psíquica, comparte, en su último libro, el secreto de su eterna juventud. Para él, juventud es salud y salud es juventud y pretende conservar ambas.

  • Fernando Sánchez Dragó / Escritor
    Fernando Sánchez Dragó / Escritor / Manuel Olmedo

Tiempo de lectura 4 min.

10 de octubre de 2016. 15:06h

Comentada
Beatriz Muñoz 10/10/2016

- Acaba de publicar el libro «Shangri-la. El Elixir de la Eterna Juventud» (editorial Planeta). ¿Cómo se alcanza la eterna juventud?

-En la eterna juventud hay tres factores. Primero, la genética que es un don que tienes que cuidarlo y, en mi caso, con los productos que tomo e ir estudiando ese elixir de la eterna juventud que va cambiando con los años. Pero hay otros dos vectores igual de importantes. Uno de ellos es el estilo de vida y he procurado respetarlo basándolo en dos sentidos: el común y el del humor. La gente se cree que soy un chalado y que estoy medio loco, pero se equivocan: yo tengo mucho sentido común y gracias a eso puedo permitirme muchas piruetas y caer de pie. Y, por último, el carácter, la filosofía y cómo encarar mi existencia. Este libro es fruto de estos tres vectores y de cómo he intentado cuidar las tres cosas a lo largo de la vida.

-¿Cuáles son esos productos que albergan el secreto de su «eterna juventud»?

-El Sumo Reishi es el único de fiar de todo el mercado y cuya única forma de adquirirlo es a través de una pequeña tienda on-line, es japonés, ecológico y no ha sufrido manipulaciones químicas. Ahora hay Reishi en cualquier lado, pero es coreano, malayo o chino y no vale para nada. El Sumo Reishi es una panacea y en la antigua China estaba reservado para el emperador chino y su familia y se atribuía a la longevidad. También está el Keriba, que es un producto que se hace en Murcia y es granada, pero se trata de la pieza entera, es un antioxidante muy potente y mano de santo para la próstata. Por último, la melatonina, que no es, ni mucho menos, un somnífero, pero tienes un sueño bueno como cuando tenías 15 años.

-¿Qué lugar ocupa la medicina convencional?

-Si me diagnostican una enfermedad grave, me voy al mejor médico del mundo, pero también a Lourdes y a un curandero del pueblo, como manda el sentido común. Hay gente que me dice que defiendo el naturismo y es mentira porque yo no defiendo ningún ismo. Yo defiendo la libertad y me parecen bien el naturismo, la medicina convencional y todo aquello que funcione. Corren leyendas sobre mí que si soy vegetariano, ¡qué cosas! Yo que soy de Soria, donde se desteta a los niños con torreznos. Defiendo la libertad respecto a todo y el no pedir permiso. Si tú crees porque tu conciencia, tu carácter y tu vocación te lo dice que tienes que hacer una cosa, hazla y no se te ocurra preguntar si puedes hacerla porque si preguntas te dirán que no porque el miedo anida en el corazón de la especie humana.

- Siempre ha sido muy crítico con la industria alimentaria. ¿Contra qué ingredientes habría que luchar?

-La peor y más adictiva droga de la historia de la humanidad es el azúcar. Se lo añaden a todo y, no contentos, también se exceden en la sal. Es increíble que esté prohibido fumar marihuana y estén permitidas las grasas trans cuando se sabe que forman placas de ateroma y en EE UU, por ejemplo, las han prohibido. Hay que poner sentido común, pero hay que leer las etiquetas y hay que huir de las grasas trans, el azúcar y el aspartamo...

- En esa búsqueda de la longevidad, ¿qué papel ocupa la alimentación?

-La ciencia lo único que ha demostrado que alarga la vida es reducir a una tercera parte lo que comemos. Esta costumbre en España de dos platos, entremeses, postres y pan y vino no lo entiendo. Otra cosa que me desespera es la dieta mediterránea, porque es un camelo como la copa de un pino ya que por mediterráneo hay dieta egipcia, turca, griega, levantina... y la que promocionan se basa, fundamentalmente, en grasas y productos lácteos, harinas refinadas, mucha carne y embutidos por todas partes. Si veo un restaurante que pone «cocina mediterránea» paso de largo.

- Y cada vez más obesidad infantil...

-Vamos hacia un mundo de diabéticos y a los niños se les está haciendo adictos al azúcar. Le pongo a mi hijo en la televisión «La Patrulla Canina» y aparecen 40 anuncios de venenos puros.

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