«La acción de los anticoagulantes puede variar con ciertos alimentos»

Belén Fontán, nutricionista del Complejo Hospitalario Ruber Juan Bravo de Madrid

  • Belén Fontán, nutricionista del Complejo Hospitalario Ruber Juan Bravo de Madrid
    Belén Fontán, nutricionista del Complejo Hospitalario Ruber Juan Bravo de Madrid /

    Paula Jiménez

Tiempo de lectura 4 min.

10 de junio de 2019. 17:24h

Comentada
Eva S. Corada 10/6/2019

1 Con el tiempo cambian las necesidades nutricionales de las personas. ¿Cuáles son éstas llegados a la tercera edad?

Se estima que el requerimiento energético se ve disminuido de manera general. El óptimo es aquel que permite al individuo realizar cierta actividad física y mantener el peso en límites adecuados. Del mismo modo, los requerimientos proteicos se ven reducidos con respecto a la edad adulta; los de hidratos de carbono tienen que ir ajustados en función de los niveles de glucosa en sangre del individuo y teniendo en cuenta la importancia de incorporar la fibra dietética a la dieta; y el lipídico baja también debido al aumento de colesterol y triglicéridos en sangre característico de la tercera edad.

2 ¿Cuáles son las claves para tener una dieta equilibrada en estos casos?

Siempre debe ser planteada de manera individualizada teniendo en cuenta los factores que rodean al individuo. Una valoración médica de su estado de salud es fundamental para poder plantear una pauta nutricional que considere su tratamiento farmacológico y el resto de factores como su nivel de independencia, sus relaciones sociales y factores económicos y psicológicos.

3 ¿Hay algún tipo de alimento especialmente recomendado?

A mi parecer no existe un alimento recomendado ni en esta etapa ni en ninguna otra. La clave es que el aporte de nutrientes para el individuo sea adecuado en función de sus necesidades y estado de salud. Sin embargo, y en base a los cambios en los requerimientos nutricionales para la tercera edad, existen recomendaciones a tener en cuenta: es muy importante que las proteínas tengan un alto valor biológico, es decir, que contengan aminoácidos esenciales. Además, el aporte proteico debe estar distribuido entre proteína animal y vegetal. En cuanto al de hidratos de carbono, conviene que sean complejos ya que son de absorción lenta y permiten obtener un nivel de glucosa en sangre más estable. Es importante aumentar la fibra dietética en esta etapa para prevenir problemas de estreñimiento, y los lípidos deben basarse en grasas monoinsaturadas y poliinsaturadas. También que vitaminas y minerales sean aportadas a través de la dieta ya que es común que haya déficits.

4 Gran parte de la población mayor padece alguna enfermedad crónica. ¿Debe limitarse algún alimento?

Toda restricción en la dieta debe ser valorada por su médico en función de la patología del paciente. Sin embargo, y de manera general, es recomendable evitar o disminuir la ingesta de hidratos de carbono simples, como golosinas, chocolates o helados, ya que se absorben rápidamente y tienden a subir los niveles de glucosa. Del mismo modo, limitar el aporte de grasas saturadas, ya que en esta etapa el sistema cardiovascular suele estar afectado por el aumento de triglicéridos y colesterol; y ajustar el proteico en función de las patologías, pues un exceso puede provocar una sobrecarga renal.5 ¿Hombres y mujeres presentan necesidades diferenciadas?En casi todas las etapas de la vida hombres y mujeres poseen necesidades nutricionales diferentes y en la tercera edad esto no varía. Por ejemplo, debido a la menopausia, la masa ósea de las mujeres se ve más afectada que la de los hombres, por ello es importante reforzar el aporte de calcio y de vitamina D, sin olvidar que es imprescindible aportarlo en ambos casos para prevenir fracturas.

6 Al disminuir el requerimiento energético total, ¿debe rebajarse también el aporte de los alimentos más calóricos?

Para el anciano sano podemos considerar disminuir el aporte de alimentos más calóricos y pobres en nutrientes, una buena opción es reemplazarlos por aquellos que contengan un nivel adecuado de vitaminas y minerales. Una de las cuestiones sobre las que más se suele advertir en esta edad es sobre el potencial riesgo de deshidratación.

7 ¿Y cuál sería la cantidad óptima para evitar la deshidratación?

Debido a los cambios físicos y metabólicos que sufre el anciano, su sed se ve disminuida. Este hecho y otros ambientales como el calor, hacen que la deshidratación sea una de las causas más frecuentes de hospitalización. Para el anciano sano se recomiendan al menos ocho vasos de agua al día.

8 Muchas veces no presentan apetito...

Para evitar este rechazo es importante que el anciano disfrute con la comida, fomentar un ambiente agradable durante las mismas, hacerlo acompañado, evitar la monotonía, cuidar la presentación de los platos... Es mejor repartir las comidas en cinco o seis tomas diarias evitando el empacho y manteniendo una hidratación constante. Además, hay que educarle para que coma y beba pese a no tener hambre o sed.

9 ¿Está recomendado el empleo de suplementos alimenticios?

Su uso es muy común ya que suelen aparecer numerosos déficits de vitaminas y minerales relacionados con una dieta pobre en grasas saludables, el rechazo a las frutas y verduras debido a los cambios sensoriales del anciano, problemas de mala absorción y polimedicación etc. Tanto suplementos como complejos alimenticios deben estar pautados por su médico.

10 Es una población que suele estar polimedicada. ¿Cómo influye esto?

Es una de las consideraciones más importantes a tener en cuenta. Alimentación y medicación suelen presentar muchas interacciones, el médico debe advertir al paciente de las mismas y el plan nutricional individualizado debe hacerse en función de lo que esté tomando para evitar interacciones o reacciones que aumenten o disminuyan en exceso el efecto del fármaco. Por ejemplo, la acción terapéutica de los anticoagulantes puede variar con ciertos alimentos, en concreto, disminuye si tomamos cantidades importantes de hortalizas de hojas o hígado debido a su contenido en vitamina K..

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