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Reclaman la creación de unidades de Onco-trombosis

La reciente actualización de las guías clínicas recomienda el uso de ACODs como primera elección de tratamiento en vez de la heparina

La trombosis venosa es una enfermedad que puede afectar gravemente a pacientes con otras patologías. De hecho, es la segunda causa de muerte entre los pacientes con cáncer
La trombosis venosa es una enfermedad que puede afectar gravemente a pacientes con otras patologías. De hecho, es la segunda causa de muerte entre los pacientes con cáncerlarazon

La enfermedad tromboembólica venosa (ETV) es una de las complicaciones más frecuentes y la segunda causa de muerte prevenible entre los pacientes oncológicos. Esto es debido a varios factores. Uno de ellos es que los tumores producen sustancias procoagulantes que activan la condensación de la sangre. Por otra parte, la cirugía, la quimioterapia, la colocación de catéteres o la inmovilización, entre otros, también inducen estados de hipercoagulabilidad y, en consecuencia, a la formación de trombos.

En concreto, el cáncer y su tratamiento incrementan hasta siete veces las probabilidades de sufrir un evento tromboembólico y hasta un 20% de pacientes presenta un riesgo alto de hemorragia así como de tromboembolismo recurrente. Por ello, apuntan los expertos, es necesario evaluar de manera sistemática esta situación.

Las guías clínicas recomiendan el tratamiento anticoagulante profiláctico en grupos específicos de pacientes con cáncer. Sin embargo, el abordaje es problemático porque, según la Sociedad Europea de Oncología Médica, «la mayoría de oncólogos subestiman la prevalencia del ETV o la fibrilación auricular (FA), otra complicación derivada del tratamiento antineoplásico conocida, y su impacto negativo en sus pacientes». Es por ello que ambas complicaciones están infradiagnosticadas y, globalmente, los pacientes sometidos a tratamiento de quimioterapia desconocen los riesgos de sufrirlo.

Actualmente, la persona con cáncer y trombosis sigue un tratamiento con inyecciones de heparina que se administran de tres a seis meses. La actualización de las guías clínicas, basada en diversos estudios clínicos recientes, recomienda que, a partir de ahora, el tratamiento de primera elección sea con anticoagulantes orales de acción directa (ACOD) porque se ha demostrado que son «igual de eficaces que las heparinas para prevenir las complicaciones trombóticas y su gran aportación es que disminuyen de manera muy significativa el riesgo de sangrado, excepto en los tumores gastrointestinales», apunta la doctora Amparo Santamaría, autora de uno de los estudios y jefa de la Unidad Trombosis del Hospital Universitario Vall d’Hebron de Barcelona. Los anticoagulantes orales directos actúan como inhibidores directos de la trombina (dabigatrán) o del factor Xa (apixabán, edoxabán, rivaroxabán).

«Los ensayos nos dan la razón y demuestran que los ACOD son igual de eficaces y mejores en seguridad que la heparina, además de mejorar la calidad de vida de los pacientes, ya que se administran por vía oral. Por eso estos resultados suponen una nueva esperanza para aquellos pacientes a los que, como digo yo, no les quedaba un trocito de piel sin pinchazos porque la heparina es inyectable), además de que el tratamiento a la larga les general osteoporosis», continúa la experta.

Basada en estas recomendaciones Santamaria, urge la necesidad de crear Unidades de Onco-trombosis, complementarias a las que ya existen de Cardio-oncología,para garantizar que el manejo de las complicaciones trombóticas las valore y tutele el experto en hemostasia con el objetivo de garantizar un tratamiento eficaz y seguro a unos pacientes pluripatológicos y de alta complejidad diagnóstica y terapéutica.

En este sentido, aclara Santamaría, «el seguimiento de estos pacientes debe ser muy estricto y flexible a la vez. Para ello es fundamental conocer bien las interacciones entre los diferentes fármacos y valorar con otros especialistas los factores de riesgo asociados al tratamiento oncológico con el objetivo de prescribir en cada etapa de la enfermedad la opción terapéutica más adecuada».Porque, como señala, «actualmente no hay una unidad específica que vigile su problemática o que haga un manejo estricto de los pacientes», asegura.

Estudio piloto

Algunos tumores presentan un mayor riesgo de trombosis como el cerebral, cáncer de páncreas, riñón, ovario, estómago, sistema nervioso central, y colon. El riesgo de ETV está muy relacionado con la angiogénesis del tumor y su estadio. Aunque se ha observado que éste es mayor en estadios avanzados, el periodo de mayor peligro de sufrir un enfermedad tromboembólica asociado al cáncer son los seis meses siguientes al diagnóstico. Otros factores de riesgo son la edad, la inmovilización prolongada, trombosis venosa profunda previa, obesidad, varices, disfunción cardíaca, ser portador de un catéter venoso central, síndrome nefrótico y toma de estrógenos.

Una de las escasas excepciones es la Unidad de Oncotrombosis del Hospital Vall d’Hebron, donde se está llevando a cabo una experiencia piloto y cuyos resultados parecen ser muy positivos: «Estamos consiguiendo datos muy buenos que publicaremos en breve», concluye la doctora Santamaría.