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Breve guía de intolerancias alimentarias: ¿por qué cada vez hay más?

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Quirónsalud

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No es habitual comer algo y que nos siente mal, y además de repente. La mayor parte de las personas podemos comer todo tipo de alimentos sin problemas, aunque para un pequeño porcentaje de la población sí hay determinados alimentos o componentes de los mismos cuya ingesta puede provocar reacciones adversas, como alergias o intolerancias.

Desde la Sociedad Española de Alergología e Inmunología Clínica (SEAIC) las diferencian así, puesto que no son lo mismo:

- Alergia alimentaria: Sus síntomas aparecen antes de las dos horas tras la ingestión del alimento. La gravedad de los mismos varía en función del alérgeno ingerido, la sensibilidad de la persona, y de factores externos como el asma, el ejercicio físico o el consumo de analgésicos, o de alcohol. Aunque suelen ser leves, las reacciones a alimentos causan entre el 10% y el 50% de las anafilaxias tratadas en Urgencias. Los alimentos que con más alergia producen son el huevo, la leche, las frutas, y los frutos secos.

- Intolerancia alimentaria: Los síntomas pueden aparecer más lentamente y suelen ser náuseas, diarrea, dolor abdominal, cólico, cefalea o sensación de mareo, y de calor. A diferencia de las alergias, se pueden consumir pequeñas cantidades del alimento o del componente alimenticio, sin que den síntomas o haya peligro.

La doctora Pilar Cots, jefa del Servicio de Alergología del Complejo Hospitalario Ruber Juan Bravo de Madrid, explica que el sistema inmune reacciona en las personas con alergias alimentarias contra ciertas sustancias presentes en los alimentos, que reciben el nombre de ‘alérgenos’.

Mientras, precisa que los casos de intolerancia alimentaria se dan cuando el cuerpo no puede digerir correctamente un alimento o uno de sus componentes, aunque puede tener síntomas similares a los de una alergia. Aquí señala que el sistema inmunológico no está involucrado, y que los ejemplos más característicos son la intolerancia a la lactosa y al gluten, aunque también dice que son frecuentes las intolerancias a otros azúcares, o a algunos aditivos, como los sulfitos.

“La causa principal es el déficit parcial o total de alguna enzima que impide metabolizar correctamente algunas de las sustancias presentes en los alimentos”, indica la especialista en alergología, quien aclara que fundamentalmente se presentarán síntomas digestivos, que variarán en función de la cantidad ingerida e incluso a lo largo del tiempo.

Sobre por qué son cada vez más frecuentes, esta experta del citado hospital madrileño, perteneciente al Grupo Quirónsalud, advierte de que ya “alrededor de la mitad de la población española” padece algún tipo de patología digestiva como consecuencia del estilo de vida actual, entre las que se encontrarían las mencionadas alergias e intolerancia alimentarias.

Las dos grandes intolerancias alimentarias: lactosa y gluten

Así con todo, la experta menciona que las dos intolerancias alimenticias más frecuentes entre la población son primeramente a la lactosa, y en segundo lugar al gluten.

“La lactosa es un azúcar o disacárido natural, compuesto de glucosa y galactosa, que se encuentra en todos los tipos de leche, y en muchos alimentos preparados. El cuerpo necesita una enzima, llamada ‘lactasa’, para digerir la lactosa, y cuando el organismo no produce suficiente cantidad de esta enzima, es cuando se padece la famosa intolerancia”, remarca la doctora Cots.

Aunque a cada persona le afecta de una manera distinta y sus síntomas no son graves, esta intolerancia afecta cada vez a más individuos debido al consumo excesivo de productos con este azúcar. “La persona experimenta dolor abdominal y diarrea tras la toma de leche, pero tolera la ingestión de yogures o de quesos curados, mientras que el alérgico a la leche no tolera la toma de ningún producto lácteo, y los síntomas no se limitan al aparato digestivo”, puntualiza la SEAIC en este sentido.

Asimismo, la especialista indica que para compensar estos síntomas existe una alternativa: compensar la deficiencia de la lactasa consumiendo alimentos ricos en cultivos bacterianos como el yogur o suplementos de lactasa.

En el caso del gluten, subraya que esta sustancia es una “fracción proteínica” presente en el trigo, el centeno, la cebada, la avena o sus variedades híbridas, que el cuerpo reconoce como un “agente extraño”, por lo que no la absorbe, impidiendo filtrar el resto de nutrientes que consumimos, y generando también síntomas digestivos, crónicos o intermitentes, como la diarrea, el dolor abdominal, las náuseas, o los vómitos.

Eso sí, destaca que la intolerancia al gluten, aunque no requiere de tratamiento farmacológico ni de otro tipo, sí obliga a llevar una dieta exenta de gluten durante toda la vida, la llamada ‘dieta celíaca’, ya que si se ingieren alimentos que contienen gluten se pueden causar efectos adversos sobre la salud de las personas con esta intolerancia.

“Si tienes intolerancia al gluten debes evitar alimentos como por ejemplo la harina, el pan, la pasta, las galletas, y los pasteles que contengan los cereales indicados. Muchos alimentos procesados pueden llevar también ingredientes derivados del trigo, como por ejemplo algunas salsas y derivados cárnicos (hamburguesas, salchichas)”, añade.

Siempre que se presente alguno de estos síntomas se recomienda acudir al especialista indicado, como puede ser el alergólogo o el especialista en medicina digestiva.

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