Cuando todo se derrumba

Songkran Festival cancelled in Thailand due to lockdown
Bangkok (Thailand), 13/04/2020.- A man with an umbrella walks on a quiet Silom road as rain begins to fall during Songkran, Thai traditional New Year, also known as the water festival, in Bangkok, Thailand, 13 April 2020. The Songkran festival is held every year to mark the traditional Thai New Year on 13 April, when people splash water on each other and sprinkle powder on their faces as a symbolic sign of cleansing and washing away the sins of the past year. The Songkran festival was cancelled nationwide to prevent the spread of the COVID-19. (Tailandia) EFE/EPA/DIEGO AZUBELDIEGO AZUBELEFE

Sólo hay una manera provechosa de afrontar la adversidad. Y, esa actitud, es la aceptación. O aparcamos los intentos de evadirnos de esas situaciones en las que la vida nos muestra sus espinas, o lo único que lograremos será añadir sufrimiento al sufrimiento. Lo más predecible es siempre lo impredecible y, lo más permanente, lo impermanente.

Cuando todo se derrumba y lo que pide el cuerpo es salir corriendo, toca hacer justamente lo contrario: serenarse y practicar eso que en Oriente llaman filosofía de la no evasión: «¿Qué refugio vas a encontrar fuera de ti mismo?», amable lector. Sólo hallarás una manera provechosa de afrontar la adversidad: cesar en el intento de negarla y concentrar tus energías en tomarle el pulso a lo que te está pasando. Así ensancharás tu mente y descubrirás, en medio del caos, que la solución habita en ti: confía en Dios, descansa en Él, reposa en Él. ¡Pero no te cruces de brazos! «A Dios rogando y con el mazo dando».

Los tuareg del desierto mauritano, me enseñaron algo que nunca he olvidado: «Confía en Alá, pero ata el camello». Pura sabiduría árabe. El término chino para la palabra crisis, consta de dos ideogramas: uno significa «dificultad», el otro «oportunidad». Así es, ciertamente: las situaciones de crisis encierran valiosas oportunidades para ensanchar el horizonte y darte holgura, si sabes sacar tajada de ellas.

La vida es la mejor maestra. Cuanto todo se complica y entramos en terreno desconocido, es la ocasión ideal para librarnos de lo que nos mantiene atrapados y abrir nuestro corazón y nuestra mente más allá de cualquier límite. Lo esencial está dentro. En mi primer viaje a Nepal —no lo olvidaré nunca—, un monje budista me aconsejó hacerme amigo de mis miedos. Algo que llevo a rajatabla. Es un método que no falla, a la hora de cultivar la entereza y la alegría del corazón.

La vida es como es. Creemos que sabemos y que controlamos, pero no sabemos nada. Decimos que las cosas son buenas o malas, pero tampoco lo sabemos. Por eso cuando parecería que todo se cae a pedazos y estamos a punto de no se sabe qué, es el momento de apaciguarse, dejar espacio para la meditación y el silencio interior y prepararse para lo que llega, con la certeza de quien sabe que lo mejor está por venir. Hasta lo más pavoroso puede convertirse en un don, para aupar la esperanza y levantar la vida, cuando se transforma en una experiencia espiritual.