Ávila abre sus puertas al Papa en caso de que venga a España de visita

Gil Tamayo traslada esta petición al nuncio de Su Santidad en nuestro país, Bernardito Auza, durante la festividad de San Teresa en la Catedral, marcada la ausencia de la imagen de la mística por vez primera

Pese a las adversidades y la delicada situación epidemiológica de Ávila, al borde de superar los 500 casos de coronavirus por cada cien mil habitantes -el límite marcado por el Ministerio de Sanidad para confinar un territorio, la capital amurallada y los abulenses celebran este jueves con fervor y emoción la festividad de patrona y protectora, Santa Teresa de Jesús, rezando con ella para que interceda en esta pandemia que parece no tener fin.

La Catedral de El Salvador de Ávila acogía esta mañana la eucaristía y el acto principal un tanto descafeinada, con la mitad de fieles en la seo como medida de seguridad y prevención para evitar contagios y, por vez primera en este día tan especial sin la imagen de La Santa presidiendo los oficios religiosos en la Catedral, ya que por motivos también de seguridad no se trasladó a hombros como suele ser habitual la talla de la mística abulense esculpida por Gregorio Fernández que se encuentra en el convento de la Santa hasta la Catedral.

Una jornada en la que, además, se suspendían otras tradiciones, como la procesión que recorría el centro de la ciudad tras la misa.

Si bien, la imagen de Nuestra Señora de la Caridad, presente junto al altar, muy importante para Teresa de Jesús, ya que oraba ante ella en el funeral de su madre, presidía la ceremonia acompañando al nuncio del Papa en España, el filipino Bernardito Auza, que ofició la misa junto con el obispo de Ávila, José María Gil Tamayo, entre otras veintena de sacerdotes y el obispo emérito de Ávila, Jesús García Burillo, actual administrador apostólico de la Diócesis de Ciudad Rodrigo.

Tamayo aprovechaba sus primeras palabras en la misa para trasladar al represente del Papa Francisco en nuestro país el agradecimiento de Ávila y los abulenses “por su interés especial para con la Diócesis y sus fieles”, y reiterarle su invitación para que visite Ávila en caso de que venga a España si las circunstancias así lo permiten, y conozca la ciudad de Santa Teresa y esta Diócesis que cuenta con catorce monasterios de vida contemplativa.

“Me hago eco también de las autoridades y de todo el pueblo de Ávila, no solo de la Iglesia que aquí peregrina”, decía el prelado abulense.

Por su parte, Auza daba las gracias por la invitación a presidir la eucaristía, al mismo tiempo que mostraba el “aprecio” del Papa a Santa Teresa, quien “encendió en Ávila una creciente luz renovadora, para el bien de toda la Iglesia del mundo”. “El papa Francisco tiene un grande amor por Santa Teresa de Jesús”, apuntaba de esta manera su predicación, marcada por su buen humor y por el dulce acento propio de los nacidos en Filipinas.

Un amor, proseguía, que Francisco no ha mostrado solamente en sus palabras del pasado miércoles, sino también en la carta que envió en su día al entonces obispo de Ávila, Jesús García Burillo, con motivo de la celebración del 500 aniversario del nacimiento de la Santa abulense. “Fue el reconocimiento  a que Teresa encendió en Ávila una ardiente luz renovadora para el bien de toda la Iglesia del mundo”, apuntaba el nuncio de Su Santidad en nuestro país.

Consciente de las “circunstancias muy difíciles” derivadas de la Covid-19, Auza trasladaba también la “cercanía” de Francisco con los que “sufren este mal”, entre los que ha citado al obispo de Ávila, que al inicio del confinamiento permaneció un mes ingresado en el hospital. E igualmente, hacía referencia a los 50 años desde que Santa Teresa fue proclamada por el papa Pablo VI primera mujer Doctora de la Iglesia, destacando de ella su unión con Dios a través de la oración.

“Y con Teresa nos ponemos en manos de la Virgen de la Caridad. Lo mucho o lo poco que Jesús ha puesto en nosotros”. Así cerraba el nuncio la homilía de una eucaristía que contaba con los cánticos del Coro de las Cruzadas de Santa María, y cuyo broche de oro vino, de nuevo con el ‘Nada te turbe, nada te espante’ de Santa Teresa de Jesús.

Una vez concluida la ceremonia religiosa, a la que asistían las principales autoridades locales y provinciales, los fieles abandonaban la Catedral guardando las medidas de seguridad en una ciudad semi-vacía, a diferencia de otros años, en los que la procesión congregaba a miles de personas en las calles.