La valentía de apostar por la digitalización

Juan Carlos de Margarida

Como si se tratase de una nueva película de “Regreso al futuro”, la sociedad española vivió el pasado mes de marzo una digitalización a pasos agigantados. La explosión de la pandemia obligó a miles de empresas, públicas y privadas, y a numerosos trabajadores a utilizar los medios digitales de manera urgente, sin la posibilidad de respetar los tiempos de mejoras o automatizaciones pertinentes.

La Covid-19 ha dado un giro de 180º a nuestra forma de vida; a cómo entender el día a día; a la obligación de superar adversidades que anteriormente solo eran pesadillas de una película de terror. Si bien no hay nada positivo en el estallido de una pandemia a nivel mundial, sí que hay formas positivas a la hora de afrontarla. Y ahí es donde nos encontramos los castellanos y leoneses: dando un paso hacia adelante que, por el momento, continúa sin ser suficiente.

Hablar de digitalización es hablar de futuro, de cómo poner fin a problemas “existenciales” de difícil retorno como, por ejemplo, la despoblación en una región con un alto grado de dispersión. Los territorios más pequeños de la Comunidad llevan décadas desangrándose por la fuga de sus jóvenes, y no tan jóvenes, en la búsqueda de oportunidades. La digitalización ofrece hoy una opción real de volver a recuperar vida en el medio rural. Para ello es necesario tener acceso a internet, potenciando la conectividad en sectores determinantes para la reactivación económica y social como son el industrial y el de servicios.

La digitalización no solo permite solucionar el problema de la despoblación, sino también mejorar el rendimiento de las micropymes, principalmente de las que no tienen conexión e internet, pues sin ella no solo están minorando sus ganancias, sino que pueden hasta desaparecer. Por otra parte, las empresas castellanas y leonesas, aunque sí dominan los usos digitales básicos, deben dar importancia a los más avanzados para poder competir con el resto de territorios, teniendo en cuenta que en materia de digitalización de las empresas no hay que temer a la competencia sino a la incompetencia digital.

Castilla y León y su tejido empresarial tienen, sin lugar a dudas, que dar un paso en firme para aprovechar las capacidades digitales y el talento de sus ciudadanos, sobre todo en los próximos años, donde el número creciente de jubilaciones obligará a contratar nuevo personal, y este tiene que estar más que preparado en conocimientos y habilidades digitales.

En definitiva, la región está obligada a apostar por la digitalización en todas sus formas. La valentía es una virtud muy preciada en la actualidad, por lo que las empresas tienen que coger el testigo para garantizar su futuro, al tiempo que las Administraciones Públicas ayuden a ir por el “buen camino de la digitalización” tanto a los ciudadanos como al tejido empresarial, pero no sólo con ayudas de índole económico, sino también a través de otras acciones como reducir los trámites administrativos y burocráticos en el procedimiento de adquisición de las ayudas y posterior justificación de la inversión, simplificar el marco legal existente (eliminando programas tecnológicos complejos que acarrean mayores riegos para las microempresas y autónomos), flexibilizar la elección de soluciones tecnológicas y, finalmente, la participación de la pequeña empresa, y no sólo de las grandes compañías, en el diseño y gestión de las soluciones orientadas a micropymes y pymes.

Solo de esta manera, las debilidades y las amenazas se reducirán y las oportunidades y las fortalezas se acrecentarán logrando con ello que la región se posicione a la hora de revertir la despoblación y el envejecimiento, creando así un futuro esperanzador para las nuevas generaciones de castellanos y leoneses.