Coronavirus

Biotecyl sale al rescate de proyectos sanitarios que mejoran la salud y peligran por falta de financiación

Entre ellos, uno del Hospital de León con una base de datos de pacientes con patologías muy bien documentadas que pueden predecir el comportamiento de la población en otros lugares

Ana Victoria Pérez, gerente de Biotecyl
Ana Victoria Pérez, gerente de BiotecylDavid ArranzAgencia ICAL

Biotecyl sale al rescate de pequeños proyectos de investigación e innovación sanitaria llamados a mejorar la salud de las personas pero que peligran por falta de financiación.

Y es que el clúster de Salud de Castilla y León se ha adherido al fondo de capital riesgo Innohealth, que podría entrar en funcionamiento a finales de este año y a través del que se ofertan 48 millones de euros que podrían llegar a sesenta para respaldar proyectos de pymes del sector sanitario, que estarán mentorizados por Biotecyl y el fondo para lograr su salida al mercado, que es el fin definitivo de estas iniciativas.

A este fondo podrá acceder cualquier entidad de Castilla y León, a través del clúster, que presente un proyecto “que resulte interesante”, según explica al gerente de Biotecyl, Ana Victoria Pérez, en declaraciones recogidas por Ical, mientras señala que los proyectos que presenten las empresas deberán estar en fases muy incipientes, principalmente que hayan surgido de universidades o centros tecnológicos o pequeñas sociedades que requieran una inversión importante.

“Hablamos de un sector cuyos conocimientos éticos o legales para poner un servicio en el mercado suponen un procedimiento tedioso y costoso; e inversiones contenidas en el tiempo. De ahí que un apoyo financiero a entidades que están empezando sea importante y muchas veces vinculadas a Sacyl, como equipos en hospitales”, destaca Pérez, quien advierte de algunos casos en la Comunidad de proyectos interesantes que no pueden salir adelante por falta de financiación.

Entre ellas, iniciativas sobre diagnóstico precoz de enfermedades, aislados para productos farmacéuticos y desarrollos tecnológicos del procesamiento masivo de datos de pacientes, que necesitan de un tiempo para madurar y, por ende, de apoyo financiero para poder llegar al mercado. De hecho, informa la gerente de Biotecyl de que algunos de ellos están ahora siendo “cortejados” por empresas alemanas y de otros países, pero algunos investigadores “no tienen la experiencia y no se animan a dar el salto al mundo empresarial.

En este sentido, apela a la importancia de la investigación en Castilla y León, que tiene cuatro universidades públicas, más de catorce centros de investigación y numerosos estudiantes que “el sistema puede absorber” para dar salida a estos proyectos.

Y pone como ejemplo al Hospital de León, que cuenta con un proyecto interesante de base de datos de pacientes con patologías muy bien documentadas y con una trayectoria casi desde los años 70, “algo difícil de encontrar en Europa”:

“Trabajar eso permitiría crear una herramienta a través de inteligencia digital que predeciría cuales serían los escenarios en cuanto a prevalencia de enfermedades que determinados cortes de población podrán tener”, destaca. O lo que es lo mismo, en otros territorios europeos similares a la provincia leonesa, con hábitos de vida parecidos, “se podría prever lo que podría suceder, apunta. “Si el resultado es que podemos tener muchos cáncer de colón, podemos optimizar la gestión de la asistencia sanitaria y ahorrar costes; y evitar el desarrollo de enfermedades que se identifican a tiempo, mejorar la calidad de vida del paciente o identificar o cohortes de pacientes que pueden ser susceptibles de incluirse en un ensayo clínico para un nuevo tratamiento”, explica.

En este sentido, afirma que esto es posible por la gran cantidad de datos con los que cuenta el centro leonés, muchos de ellos recogidos a mano hace medio siglo, pero también porque es, al igual que el resto de la Comunidad, la región más extensa de la UE, que cuenta con población más envejecida.

“Podemos decir que somos un buen ejemplo de lo que serán muchas regiones europeas en 20 o 30 años. Si tenemos datos de cómo han evolucionado determinadas enfermedades aquí, con registros desde los años 70, nos puede llevar a estimaciones, a través de cálculos matemáticos recogidos en la inteligencia artificial”, desgrana.

Entre esas similitudes se encuentra, por ejemplo, la población caucásica, con rasgos europeos o indoeuropeos, “muy parecidos a los de aquí, obviamente cambiando algunos hábitos, pero pueden ser muy asimilables”. Entre las diferencias, que hay que tener en cuenta, el consumo de alcohol o la distinta práctica de ejercicio, pero ello puede ayudar a hacer “predicciones acerca de muchas derivaciones en otras zonas de Europa”. Si esto se aplica a la Europa Mediterránea (Portugal, Italia y Grecia), los datos contarán “con más fiabilidad y dará un pronóstico más acertado, pero no significa que no sea válido parea otros territorios”, desvela Pérez.

Los grupos de investigación del Hospital que se dedican a la gestión de datos son conscientes del “potencial” que tienen con esta información y buscan esa financiación que les permita conocer hasta qué punto la estandarización de esos datos puede ser la base para el desarrollo de estas tecnologías.