La incidencia de ictus aumentará un 35 por ciento en los próximos trece años

Tres de cada cuatro personas que han padecido un episodio de este tipo tienen 65 años o más aunque advierten que cada vez son más jóvenes quienes lo sufren por los cambios en el estilo de vida

Prueba de prevención de ictus en un  Hospital de Valladolid
Prueba de prevención de ictus en un Hospital de Valladolid FOTO: Ical La Razón

La incidencia de ictus en España en general, y en Castilla y León en particular, aumentará un 35 por ciento antes del año 2035 y la mortalidad un 39 por ciento, debido al progresivo envejecimiento de la población y el empeoramiento de los hábitos de vida.

Dos de cada tres personas que sobreviven a un ictus presentan algún tipo de secuela, en muchos casos, incapacitantes. Entre ellas, destacan las vinculadas con la movilidad, la visión o el habla, así como trastornos cognitivos, del estado de ánimo, y de personalidad.

Estos son algunos de los datos que se han extraído de una jornada sociosanitaria que han celebrado las Hermanas Hospitalarias en Castilla y León, con la colaboración de Sacyl, en las que han participado casi cien profesionales de diferentes disciplinas sociosanitarias.

En Castilla y León se generan cada año 6.000 nuevos casos de ictus y se estima que una de cada seis personas acaba padeciendo esta enfermedad sin importar el grupo de edad, sexo o nivel socioeconómico, según el director médico de las Hermanas Hospitalarias de Palencia, Carlos Martín.

Es así una de las principales causas de mortalidad hoy en día y la causa más importante de incapacidad en las personas adultas. Dos de cada tres personas que sobreviven a un ictus presentan algún tipo de secuela, siendo la causa más importante de incapacidad en las personas adultas.

Asimismo, Martín advierte de que tres de cada cuatro personas que han padecido un ictus en Castilla y León tienen 65 años o más. Sin embargo, cada vez está afectando en mayor medida a la población más joven. Algo que el director del centro atribuye a los cambios que se están produciendo en el estilo de vida de la sociedad, al menos en una buena parte.

Por otro lado, los pacientes que sobreviven a un ictus suelen sufrir secuelas físicas relacionadas con la movilidad, la visión o el habla, así como trastornos del ánimo, cognitivos y de personalidad. Esto impacta en su funcionalidad y en la calidad de vida.

Hay que tener en cuenta que el 80 por ciento de los factores de riesgo vascular como el peso, la hipertensión arterial o la fibrilación articular son evitables y su control es la medida más efectiva para la prevención de ictus. La epidemia de COVID-19 ha supuesto, en algunos casos, un agravamiento de las enfermedades cardiovasculares previas y una mayor incidencia de complicaciones vasculares.

Las Hermanas Hospitalarias en Valladolid han realizado cerca de 6.000 asistencias ambulatorias y atendido a 128 pacientes hospitalizados en la unidad de Daño Cerebral, de los cuales 83 con Ictus. Mientras que en Palencia han sido 54 los casos atendidos en la unidad de convalecencia.