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Escribir es cosa de locos: el 63 por ciento de los autores dice que sus personajes les hablan

Además, un 61 por ciento asegura que sus protagonistas son independientes y se comportan a voluntad

Dickens hablaba con sus personajes, igual que Scrooge con los fantasmas de vidas pasadas, presente y futuras
Dickens hablaba con sus personajes, igual que Scrooge con los fantasmas de vidas pasadas, presente y futurasLa Razón

En “Jane Eyre”, la célebre novela de Charlotte Brontë, el personaje central le aseguraba al señor Rochester: “No soy ningún pájaro, y no hay nido que me atrape. ¡Soy un ser humano libre, con una voluntad independiente!“. Un buen discurso, sin duda. Sin embargo, según el 63 por ciento de los escritores, esta frase no la escribió Brontë, sino que simplemente la transcribió. ¿Cuál es la diferencia? Que la escritora no la inventó, sino que se lo dijo directamente Jane Eyre. Porque el 63 por ciento de los escritores asegura que los personajes les hablan.

Está claro que escribir es cosa de locos y provoca desdoblamientos de la personalidad. Hay casos agudos y otros leves, incluso asintomáticos, como se dice ahora.. Yeats aseguraba que utilizaba la escritura automática para comunicarse con los espíritus y Aleister Crowley afirmaba que sus escritos los dictaba una inteligencia no humana llamada Aiwaiss. Estos quizá iban un poco demasiado lejos. Otros, como Charles Dickens, simplemente señalaba que los personajes se le aparecían y le dictaban las líneas de diálogo con sus propias voces.

Los ejemplos son múltiples. Enid Blyton, la autora de “Los cinco”, aseguraba que podía “escuchar y ver todo lo que decían sus personajes”. Su casa era una fiesta. Otros como Alice Walker juraban que sus personajes “venían de visita y comenzaban a hablar”. A veces estas voces llegaban a trastornar a los autores, como le ocurrió a Virginia Woolfe, y Evelyn Waugh llegó a escribir todo un libro transcribiendo los trastornos auditivos que sufría, “La prueba de fuego de GIlbert Pinfold”.

Por no hablar de Philip K. Dick, que llegó a asegurar que sus historias sobre futuros distópicos venían de un extraño ser que le hablaba dentro de su cerebro colonizando sus pensamientos. “Invadió mi mente, tomó el control de mis centros motores y pensaba por mí. Era un espectador de lo que pasaba. (…) Esta mente, cuya identidad desconocía absolutamente, estaba equipada con unos conocimientos técnicos increíbles. De ingeniería, medicina, cosmogonía y filosofía. Tenía recuerdos de más de dos mil años. Hablaba griego, hebreo, sánscrito. No había nada que pareciera desconocer", escribió.

La universidad de Durham realizó durante cuatro años encuestas a los autores internacionales que participaban en el Festival Internacional del Libro de Edimburgo y el 63 por ciento de los escritores, 181 en total, aseguraban que sus personajes les hablaban. Y no sólo eso, sino que el 61 por ciento afirmaban que sus personajes actuaban de forma independiente. Incluso el 56 por ciento señalaban que experimentaban alucinaciones sensoriales viendo o sintiendo a sus personajes mientras estaban escribiendo. EL 20 por ciento iban más lejos y aseguraban que compartían el mismo espacio físico que sus personajes y el 15 por ciento decían que mantenían diálogos con ellos.

Los trastornados nos explican el mundo, por lo que vivimos en un mundo trastornado. Ni más ni menos. La Universidad de Stanford (California) realizó otro estudio en que aseguraba que los enfermos de esquizofrenia experimentan alucinaciones auditivas según su contexto cultural. ¿Todos los escritores son esquizofrénicos? No, la deducción no es correcta, pero demuestra que la misma fiebre que siente un creyente que cree que ha visto a la virgen es la misma que sufre un escritor que cree que sus personajes le hablan.

Pensemos en un robot. Tu programas unas series de parámetros que determinen su comportamiento y funciones y a partir de allí lo dejas que actúe. Los escritores crean mecánicas psicológicas deterministas para sus personajes, con lo que es fácil que crean con el tiempo que actúan ellos solos, pero sólo responden a sus directrices. Es decir, no crean personas, crean personajes, como los científicos crean robots, no personas. Quizá haya genios que consigan lo imposible, crear personas y no personajes, pero desde luego el 63 por ciento de los escritores no son genios.

“Los escritores que participaron en el estudio no hablaban de unas mismas experiencias, sino que todos se referían a lo mismo de una forma particular, pero deja claro cómo interactúa el hecho de escribir con el pensamiento interior de cada uno”, comenta el doctor John Foxwell, responsable del estudio. “Yo sí oigo a mis personajes y creo que los reconocería si los viese en una fila, pero los veo más como actores que como a amigos reales”, señala el escritor David Nicholls.

La lista de famosos autores con la capacidad de proyectar fuera de sí un personaje y creer hablar con él es larguísima. Philip Pulmann, autor de “La materia oscura”, asegura que “negocia constantemente con sus personajes”. Siempre será mejor esto que creer, como Schumann, que sus composiciones eran dictadas por compositores muertos como Beethoven.

Por lo tanto, cuando Jane Eyre reclamaba su libertad al señor Rochester, quizá lo que estaba haciendo era reclamársela a Brontë. Doctorow asegura que “escribir es una forma de esquizofrenia socialmente aceptada” y Francis Scott Fitzgerald afirmaba que los escritores “no son exactamente personas, son una multitud intentando convertirse en una sola”. Esperemos que lo logren.