Algunos santos

Iglesia de "La Santa" Santa Teresa en Ávila.Alfonso Masolive

De entre todos los santos, tiene uno sus preferidos. El primero san José, del que hablaré otro día porque se merece él solo un artículo, y luego los que a continuación se nombran: San Pedro, porque era pescador de oficio antes de meterse a apóstol; porque le prometió a Jesús que nunca le negaría, pese a que el Maestro le había asegurado que lo haría tres veces antes de que cantara el gallo, y luego fue cobarde y efectivamente así ocurrió, y él rompió a llorar amargamente al darse cuenta; y porque dudó y tuvo miedo en el huerto de Getsemaní cuando los guardias fueron a prender al Maestro, y con una espada le cortó una oreja a Malco, el siervo del Sumo Sacerdote.

San Isidro Labrador, por el oficio humilde que ocupó sus días, que los pasaba labrando la tierra y, cuando se cansaba, se iba a rezar a la iglesia más próxima. Claro que al volver se encontraba con el trabajo hecho y los surcos acabados y bien derechos, pues un ángel se encargaba de guiar a los bueyes y otro el arado en su ausencia.

San Francisco de Asís, porque era pobre, y porque sabía hablar con los animales –el hermano lobo y la hermana cabra–, y tratar con las plantas –el hermano cardo y la hermana ortiga–, y conversar con los astros –"fratello sole, sorella luna"–, y porque prefería la vida de andar por los caminos a la más cómoda y muelle del convento.

San Simeón el Estilita, por haber sido capaz de pasarse 37 años encima de una columna en el desierto, alimentándose únicamente de pan y leche de cabra, y hablando solo con los cuervos.

San Martín de Porres, por ser el primer santo mulato de América y porque se le representa siempre con una escoba, utensilio humilde que no acostumbra a verse en los altares.