Trump y el arte: de pelearse con Warhol a tener obra falsa de Renoir

El presidente de Estados Unidos no ha tenido muy buena suerte con el mundo de la pintura

El cuadro de Renoir en el Art Institute of Chicago. Trump tiene una copiaArt Institute of Chicago

Durante la presidencia de John F. Kennedy hubo un verdadero interés, gracias especialmente a la Primera Dama Jacqueline Kennedy, de fomentar el papel de las artes dentro de la nueva administración. A la restauración de la Casa Blanca, recuperando no pocos tesoros guardados o desgastados en almacenes, se sumó el impulso que aquella presidencia hizo invitando, por ejemplo, a que “La Gioconda” visitara suelo estadounidense o el regalo de un cuadro de Monet, por parte de la familia Kennedy, en memoria del presidente tras su asesinato en 1963.

No se tiene noticias, por ahora, de que quien actualmente dirige el mundo desde el Despacho Oval, es decir, Donald Trump, tenga un fino paladar artístico. Lo que sí sabemos es que ha intentado demostrar que es un coleccionista, que sabe comprar y que ha intentado crear un fondo a base de firma. Previamente lo intentó poniéndose en contacto directamente con artistas. Si la estrella de Trump empezó a brillar con fuerza en los años 80, entonces su hombre tenía que ser Andy Warhol.

Gracias a la manía, en ocasiones excesiva, del pintor por apuntarlo todo, sabemos cuándo la estrella del Pop Art conoció a quien es todavía hoy presidente de Estados Unidos. Son los diarios de Warhol una estupenda fuente de información para poder seguir mejor un proceso que acaba con un final inimaginable. Empecemos por el principio de esta peculiar historia.

Todo empezó el 22 de febrero de 1981 cuando los dos hombres coincidieron en la fiesta de cumpleaños de Roy Cohn, el abogado que trabajó con el mccarthysmo durante la llamada «Caza de brujas» y que fue un íntimo amigo y tutor de Trump en el mundo del conservadurismo estadounidense. Dos meses más tarde, el magnate acudió a la Factory de Warhol para hacer negocios. El director artístico de la revista «Interview», Marc Balet, fue el encargado de traer a Trump hasta el estudio del artista. Dejemos que sea el propio Warhol quien tome la palabra: «Tuve que encontrarme con Donald Trump en la oficina. Marc Balet había organizado esta reunión. Sigo olvidando que Marc dejó la arquitectura para convertirse en director de arte, pero todavía construye modelos en casa, me dijo. Está diseñando un catálogo para todas las tiendas en el atrio de la Trump Tower y le dijo a Donald Trump que debería hacer un retrato del edificio que colgaría sobre la entrada a la parte residencial. […] Fue tan extraño, esta gente es tan rica. Hablaron de comprar un edificio ayer por $ 500 millones o algo así. […] Es un tipo marimacho. No se resolvió nada, pero de todos modos voy a hacer algunas pinturas y se las mostraré».

Warhol empezó a trabajar en el proyecto y realizó una serie de piezas basadas en una fotografía del ostentoso rascacielos. La idea es que pasara a ser la portada del catálogo que preparaba Trump. Cuando el 5 de agosto, Trump vio la serie realizada por Warhol «estaba muy molesto porque no estaba coordinado por colores. Tienen a Angelo Donghia haciendo la decoración, así que vendrán con muestras de material para que pueda hacer las pinturas para combinar con los rosas y naranjas. Creo que Trump es un poco tacaño». Warhol no le compró las obras y en sus diarios siempre hablaría mal del empresario.

Si no se puede con los contemporáneos siempre se puede ir a lo seguro, a los nombres de referencia del arte y Renoir es uno de ellos. Trump siempre ha presumido de tener dos cuadros de uno de los grandes maestros del impresionismo. No es un especialista, ni un amante del arte: a él lo que le ha gustado es presumir de la firma del maestro, el detalle que señalado cuando ha viajado con la tela, incluso en su avión privado.

«En la terraza (dos hermanas» fue pintado por Renoir en 1881. Trump siempre ha asegurado que es una obra original que tiene un valor en el mercado de unos 10 millones de dólares. El problema es que existe otro ejemplar de la misma obra, pero en un museo, en el Art Institute de Chicago donde cuelga desde que entró a formar parte de sus salas en 1933. La pintura fue entregada al museo en ese año por un donante que la había comprado por unos 100.000 dólares. La procedencia era un comerciante que lo adquirió directamente del pintor francés en 1881.

Para acabar de complicar la historia hay un segundo trabajo de Renoir. Se trata de «El palco» que luce en una de las paredes del despacho de Melanie Trump en el rascacielos de su marido. Otra vez nos encontramos con el mismo problema y es que un museo, en este caso es The Courtauld Gallery, en Londres. La tela de 1874 es una de las joyas de un museo que puede presumir de tener auténticas piezas maestras del impresionismo de nombres como Van Gogh, Gauguin, Manet o Monet.

En estos años, Trump nunca ha dado ningún detalle de dónde compró los dos supuestos Renoir. Lo que sí podemos afirmar es que dejó escapar la ocasión de tener una serie completa de obras de Warhol, pero con tonos que no iban bien con su decoración.