Los anhelos catalanes de Madrid

Las miradas que antes se dirigían a Europa ahora lo hacen hacia la gestión de la pandemia de Ayuso en contraposición con la Generalitat

La Generalitat ha prolongado las restricciones diez días másNACHO DOCEREUTERS

Hasta no hace mucho, Cataluña, con permiso de los vascos, pasaba por ser un ejemplo de gestión. A Barcelona se la consideraba la capital europea del Mediterráneo y algunos, más atrevidos, incluso hablaban de la Dinamarca del sur. Bastaba un vistazo rápido al currículum para descubrir dotes organizativos, como los Juegos Olímpicos o el Mobile World Congress, industriales, con Seat como punta de lanza, o sociales, con legislaciones pioneras en España. Motivos más que suficientes para hinchar el pecho y pecar de cierto narcisismo. Sucede, sin embargo, que nada es eterno, excepto los impuestos y la muerte, como decía aquel. Y el coronavirus que, entre muchas otras cosas, ha servido de acelerador de procesos, ha puesto el resto. Las miradas que en otro tiempo se dirigían a Europa se han girado esta vez hacia Madrid. Y, lo nunca visto, han comenzado a expresar su disconformidad en voz alta.

Así las cosas, en una misma semana, uno de los científicos más importantes de Cataluña y una de las principales asociaciones gremiales de Barcelona han puesto sus ojos en Madrid. Las dificultades de la Generalitat para controlar el coronavirus, el altísimo precio que están pagando algunos sectores con las restricciones y las ínfimas compensaciones económicas aprobadas por el Govern suponen un caldo de cultivo perfecto para las discrepancias.

Así, los primeros en levantar la voz fueron esta semana los representantes del Gremio de Restauración de Barcelona. Hartos de pagar el pato sin ninguna justificación aparente apostaron por un modelo de restricciones similar a Madrid, una comunidad en la que disfruta de una relativa comodidad respecto a la pandemia sin necesidad de cerrar bares y restaurantes. A su juicio, la Generalitat está dejando al sector «en situación de asfixia financiera y con la imposibilidad de poder salir adelante». El presidente del gremio, Roger Pallarols, ha reclamado a la Generalitat una «rectificación inmediata». De hecho, confiaban en que la administración catalana revertiera este viernes parte de las restricciones. Nada más lejos de la realidad. El Govern las ha prolongado diez días más.

Para dar visibilidad a su propuesta, el Gremio reunió esta semana a una veintena de chefs de renombre, entre ellos, Joan Roca, Carme Ruscalleda, Ada Parellada o Ferran Adrià, en el Hotel Majestic para buscar soluciones y volver a abrir. Pallarols lo calificó de «reunión histórica», con la que quieren dar un «grito unánime y contundente» para denunciar lo que califican de «un acoso y señalamiento intolerable» al sector de la restauración.

Pero, sin duda, la campanada la dio el epidemiólogo Oriol Mitjà, que escogió una tribuna inmejorable, TV3, para explicar que la presidenta de la Comunidad de Madrid, Isabel Díaz Ayuso, «lo está haciendo muy bien. La estrategia de test masivos le está dando resultado sin cerrar la economía». Preguntado por las diferencias entre las medidas aplicadas por Madrid y Barcelona, Mitjà explicó que hay dos tipos de estrategias en estos casos. «Puedes recurrir a las restricciones o a los test masivos». El científico explicó que antes de caer en desgracia ese era su plan para Cataluña, pero que la Generalitat ponía una serie de pegas ello. «Demasiada burocracia -remachó-. Por eso digo que me gustaría más trabajar en la comunidad de Madrid»

«La otra cosas que ha hecho muy bien, además de identificar las zonas calientes por áreas sanitarias, es que se han dejado ayudar por el sector privado. Con protocolos estandarizados para facilitar los test». Es decir, incrementar los puntos de testeo allí dónde no llega la administración, como las farmacias. «Estoy deseando que apliquen esas estrategias en Cataluña», añadió.

El tiempo dirá el papel que ha jugado el procés en la aparente decadencia de Cataluña. Si es el origen, un catalizador o su consecuencia. O si se cumplen los presagios de un reciente estudio de la London School of Economics, en el que dibuja una Barcelona que pudo ser Milán y corre el riesgo de convertirse en Birmingham.