¿Por qué España no logra contener la pandemia como Nueva Zelanda o Vietnam?

La estrategia de mitigación del virus ha inmerso a España en ciclos de escaladas y desescaladas con medidas que debilitan la economía, el sistema sanitario y la salud emocional

Ambiente en las calles y comercios del centro de Madrid el día en el que se celebra el Ciber Monday. La antesala de las compras navideña han provocado aglomeraciones en el centro de la capital. 
En la imagen, ambiente en la calle preciados
Ambiente en las calles y comercios del centro de Madrid el día en el que se celebra el Ciber Monday. La antesala de las compras navideña han provocado aglomeraciones en el centro de la capital. En la imagen, ambiente en la calle preciadosAlberto R. RoldánLa Razón

Este fin de semana, el estado de Victoria, en Australia, anunciaba que después de 28 días sin registrar ningún caso nuevo de coronavirus ni defunciones por Covid-19, daba por eliminado el virus en el condado. El secreto de su éxito es el mismo que Nueva Zelanda, Singapur, Vietnam o Taiwan.

Desde el inicio de la pandemia, Singapur ha contabilizado 38.218 casos, entre una población de cinco millones y medio; Nueva Zelanda, 2.056 casos, entre poco más de cinco millones de habitantes, y Vietnam, 1.346 casos, entre 95 millones de personas. Para hacerse una idea, es un número de casos similar al que Cataluña contabilizó ayer, en tiempos de desescalada tras dar por superada la segunda ola. ¿Por qué estos países han controlado mejor la pandemia? Un análisis del Instituto de Salud Global de Barcelona (ISGlobal), centro impulsado por la Fundación “la Caixa” y en el que participa el Hospital Clínic, señala que han conseguido arrinconar al virus gracias a la estrategia COVID Cero. Se trata de una estrategia de máximos que tiene por objetivo erradicar el virus. Los países asiáticos tenían experiencia en trazar las cadenas de transmisión e identificar brotes tras la gestión de los virus MERS (Síndrome Respiratorio de Oriente Medio) y SARS (Síndrome Respiratorio Grave). E igual que Nueva Zelanda cuentan con un sistema de salud público robusto que en la gestión de los brotes integra el apoyo económico, asistencial, psicológico y social para asegurar el aislamiento de los positivos y sus contactos.

Su fórmula se basa en cuatro ingredientes: rastreo, test, trazado y aislamiento con apoyo económica, asistencial, psicológico y social. Cuanto más ágil, coordinado y eficaz sea este proceso, más fácil será cercar al virus, interrumpir que circule y mantener el contagio a niveles residuales. “Pero esta estrategia es efectiva cuando la incidencia es baja y el virus está controlado”, constata Caterina Guinovart, investigadora del ISGlobal y una de las autoras del informe “¿Qué es una estrategia COVID Cero y cómo puede ayudarnos a minimizar el impacto de la pandemia?”.

“Está claro que con la incidencia actual, España no puede plantearse implementar esta estrategia mañana, pero no llegar ni siquiera a planteársela es una torpeza”, lamenta.

España se mueve entre la estrategia COVID cero y la apuesta sueca del inicio de la pandemia de favorecer un contagio controlado hasta adquirir cierta inmunidad grupal. El informe de ISGlobal descarta esta estrategia porque no hay suficiente conocimiento del virus. “No sabemos cuánto dura la inmunidad, ni qué impacto tiene la enfermedad a largo plazo ni la mortalidad y morbilidad que conlleva esta fórmula”, señala la investigadora. También rechaza la estrategia de mitigación por la que parece haberse decantado España, que ve el contagio como algo inevitable y actúa cuando la transmisión comunitaria es ya muy elevada y ejerce un impacto en el sistema sanitario. Porque al final el país acaba inmerso en ciclos de escaladas y desescaladas con medidas que debilitan la economía, el sistema sanitario y el compromiso de la ciudadanía.

El pecado original de España

El pecado o los pecados originales de España son no contar una estructura robusta de salud pública. También avanzarse en la desescalada en verano, un error que vuelve a cometer ahora, a juzgar por las fotografías de las calles de Madrid y otras ciudades llenas de gente este fin de semana. Guinovart cuenta que haces dos meses, Nueva Zelanda impuso restricciones en un municipio al detectar 5 o 6 casos no filiados, es decir, que no sabían dónde se habían contagiado. Decretó un confinamiento quirúrgico y limitado para volver a coger el control del virus. La primera clave de la estrategia Covid cero es la rapidez a la hora de detectar casos y contactos, prescribir aislamientos y cuarentenas y dar apoyo a las personas que lo necesitan.

Aunque España ha reforzado con parches el sistema de salud pública, no hay una estrategia unánime, bien dirigida y faltan recursos humanos y un sistema informático potente para trazar las cadenas de contagio y localizar el origen de los brotes. “Todo esto cuesta dinero, pero nos estamos gastando más dinero en crear ucis y ampliar hospitales porque reaccionamos con medidas restrictivas tarde, cuando la transmisión es muy alta y el sistema sanitario amenaza con colapsarse”, señala Guinovart.

Tercera ola inevitable

Hay mucha incertidumbre sobre estrategias para contener la Covid, pero la experiencia internacional muestra qué políticas funcionan. Y la estrategia de mitigación, que es algo parecido a lo que está haciendo España, es decir, aplanar la curva para evitar el colapso sanitario, no funciona. Se corre el riesgo de cronificar la transmisión y quedar atrapados en ciclos de escalada y desescalada de medidas que debilitan la economía, el sistema sanitario y la salud emocional de la población. “Estamos abriendo cuando sabemos que es demasiado pronto y si no se refuerzan los sistemas para hacer test, el rastreo de a contactos de infectados y los sistemas de aislamiento el correspondiente soporte económico, la tercera ola será inevitable”, advierte. “Estamos en una montaña rusa en la que cada vez bajamos menos, porque si no acompañas las restricciones con ayudas, enseguida has de volver a abrir. Una de las claves es priorizar en qué te gastas el dinero y apostar por desplegar una estructura de salud pública a largo plazo capaz de hacer test, de rastrear el origen de los contagios y consolidar un sistema de aislamiento y soporte económico”, resume.

Guinovart admite que “la estrategia de máxima supresión no es fácil porque requiere un grado elevado y prolongado de coordinación e implicación del conjunto de la sociedad” y eso requiere de liderazgo y de estrategias de comunicación que involucren a la población y generen confianza.

Si reforzamos el sistema de salud publica y reforzamos el rastreo, podemos llegar a saber dónde se originan los contagios. Es menos dramático cerrar un gimnasio quince días donde se han localizado dos contagios que cerrar todos los gimnasios o todos los bares y restaurantes. En una estrategia de máxima supresión, la idea es utilizar confinamientos en fases con pocos casos para recuperar el trazado y el control del virus. Estos confinamientos son más quirúrgicos, se decretan en las zonas donde es necesario, por un tiempo breve de tiempo y siempre con apoyo económico, social y psicológico.