El gen suicida de Esquerra

El candidato a la Presidencia de la Generalitat, Pere Aragonès, abandona el Parlament tras no salir elegido en primera votación.
El candidato a la Presidencia de la Generalitat, Pere Aragonès, abandona el Parlament tras no salir elegido en primera votación. FOTO: EUROPA PRESS/D.ZORRAKINO

Si alguien brilló en el debate de investidura de Pere Aragonés fue Salvador Illa. El socialista dejó la puerta abierta a futuros acuerdos económicos, dio apoyo al equipo dirigido por el Doctor Argimón que dirige la crisis de la pandemia, y esbozó un proyecto de gobierno mejor presentado que el candidato Aragonés.

El presidenciable de Esquerra Republicana leyó su carta a los Reyes Magos. Detalló sus grandes proyectos regados con una lluvia de millones que no se sabe ni donde están ni de donde vendrán, so pena que Aragonés haya llegado a Ítaca y descubierto el tesoro oculto de los piratas berberiscos de Barbarroja. Citando a Karl Marx, el candidato elogió de forma poco sutil a la CUP, incomodando a la bancada de Junts per Catalunya.

JxCAT fue desleal, una vez más, y no votó a Aragonés. Y difícil está que lo vote en la próxima sesión. Las voces que llegan de los Puigdemont es que hay tiempo, o sea que le harán sudar la camiseta a los ERC, sobre todo, después que Aragonés dijera hasta nueve veces la Generalitat Republica, una forma de decirles a sus enemigos íntimos que la fuerza independentista que manda es ERC. Por si no quedó claro, Aragonés anunció la creación de un Comisionado para gestionar los Fondos Europeos, es decir, se queda con el dinero quitándoselo a Economía, consejería donde recalarían los neoconvergentes.

“Todo el mundo ha visto el poco interés del candidato a presidente para buscar complicidades con Junts per Catalunya. Es legítimo, nada que decir. Puede ser que se entienda mejor nuestra abstención. Plena disposición a seguir negociando con lealtad, respeto y discreción para dar sentido al 52% independentista”, decía en un tuit Jordi Sánchez. O sea, no será realidad el deseo de Aragonés de formar gobierno cuanto antes. Junts tiene intención de forzar la situación y doblegar el brazo a Aragonés y no faltan voces en esa formación que apuestan por una repetición electoral.

Un apunte, en realidad, en el Parlament las fuerzas independentistas presentes solo suman algo más del 48%, pero en el nuevo discurso independentista se suman incluso las fuerzas que no han obtenido representación, y así blandir el espantajo del 52%, cuando perdieron más de 700.000 votos.

El mal rollo entre la “unidad” independentista se empezó a ver por la mañana. Los saludos entre unos y otros brillaron por su ausencia. El tono y los reproches auguran que, aunque lleguen a un acuerdo de gobierno, que llegarán, aunque sea sobre la campana del 26 de mayo, fecha tope, la gobernabilidad de Catalunya será un imposible porque el liderazgo sigue en juego. Puigdemont, además, quiere tener su papel, no quiere quedarse al pairo, pero sabe que al final tendrá que ceder porque cientos de sus cuadros trabajan en la Generalitat, y cobran por ser cargos de confianza. Quedarse fuera tiene muchos riesgos. Por eso, el mensaje de Illa de dejar puertas abiertas abre esperanza a un escenario de posibles acuerdos en materias económicas y sociales, donde las diferencias son mínimas.

El martes se votará de nuevo y no se vislumbra fumata blanca. La desconfianza, el recelo y la inquina dominan unas relaciones envenenadas que dejarán de servicio al gobierno actual, un gobierno interino desde hace meses. Aragonés será presidente de la Generalitat, pero el precio que deberá pagar será alto. ERC no se ha atrevido a romper el frente independentista y explorar otras vías porque le siguen temblando las piernas ante la posibilidad de ser acusada de escaso ardor independentista. Para cambiar las cosas hay que asumir riesgos. Si haces lo mismo, la realidad no cambia. Aragonés ha sido conservador y lo pagará con creces. En la negociación, y en el Govern. El gen suicida de ERC ha vuelto a salir, porque la presidencia con Junts será su tumba.