Ángeles Santos, 110 años de un misterio

La pintora está escasamente representada en los museos de Cataluña

"Autorretrato", un óleo de Ángeles Santos
"Autorretrato", un óleo de Ángeles Santos FOTO: Museo Nacional Centro de Arte Reina Sofía

Han pasado 110 años de su nacimiento y Ángeles Santos, una de las principales artistas catalanas del siglo XX, nos sigue pareciendo un misterio. Algunas de sus mejores pinturas pueden verse hoy en instituciones como el Museo Nacional Centro de Arte Reina Sofía, el Museu Nacional d’Art de Catalunya (Mnac) o el Museu de l’Empordà, mientras que algunas otras piezas, como las que fueron propiedad de su hermano Rafael han quedado dormidas en un almacén sin saber cuándo serán expuestas. Es uno de los nombres fundamentales, desde el punto de vista pictórico, de la Generación del 27, pero sigue siendo un enigma en muchos aspectos, algo que ella mismo se encargó por culpa de algún episodio algo controvertido en su biografía.

Ángeles nació en la localidad fronteriza de Portbou en 1911, tres años antes que su hermano Rafael, un importantísimo historiador y crítico de arte. Eran hijos de Julián Santos Estévez, funcionario de aduanas y de Aurelia Torroella y Rodeja. Precisamente el trabajo del padre hace que los cambios de residencia sean constantes, lo que les hace ir de La Jonquera a Sevilla pasando por Salamanca. Fue hacia 1928 cuando pintó sus primeras obras importantes, «Paisaje» o «Tío Simón», y que llamaron la atención de Francisco de Cossío, periodista y miembro de la Real Academia de Bellas Artes. Un año más tarde. el Ateneo de Valladolid le dedicó la primera exposición individual.

Poco a poco se fue introduciendo en el mundo cultural de su tiempo, llegando a conocer a Federico García Lorca, Jorge Guillén o Ramón Gómez de la Serna. Con este último mantuvo una extensa relación epistolar de la que no se ha conservado nada. La propia Ángeles, obligada por sus padres, destruyó las misivas. Ramón le dedicó un artículo en «La Gaceta Literaria» el 1 de abril de 1930 en el que denunciaba que la pintora había quedado incomunicada en un sanatorio. En ese artículo, el escritor apuntaba que «Ángeles Santos es la anunciadora de una superación y toca el cielo con las manos. No está en una frase ni en un esguince su acierto, sino en trama misteriosa de colores, en complicaciones de, encarnación, en gritos de madre que dice: “¡Ha nacido!”».

«Niña Muerta» de Ángeles Santos, una obra de Ángeles Santos y que fue propiedad de su hermano Rafael
«Niña Muerta» de Ángeles Santos, una obra de Ángeles Santos y que fue propiedad de su hermano Rafael

Cuando Ramón publicó esas líneas, Ángeles Santos ya había pintado su obra maestra «Un mundo», una gran composición que llamó la atención del mismísimo Juan Ramón Jiménez, y que hoy se guarda en el Reina Sofía tras años expuesto en el Museu de l’Empordà. Las muchas escenas que en ese óleo se narran han sido analizadas y estudiadas al detalle. Sin embargo, además de las lecturas académicas resultan interesantes, pero a veces puede ser más interesante ir directamente a la fuente. El historiador y crítico de arte Ricard Mas tuvo la suerte de trabajar codo con codo con Rafael Santos Torroella, hecho que le permitió conocer a la mismísima Ángeles. «Ella me hablaba de los elementos de “Un mundo” de la manera más normal, como escenas que había visto en la calle. También me decía que había querido hacer en el cuadro la Tierra como un cubo para introducir el cubismo», explica Mas a este diario. La pintora que estaba destinada a ser uno de los grandes nombres de la pintura de su tiempo lo dejó todo. Fue, como explicó Gómez de la Serna, ingresada en un sanatorio en 1930. En 1935 conoció al también pintor Emili Grau Sala con quien se casó y con quien tuvo un hijo, Julián Grau Santos, hoy un reconocido pintor.

Esporádicamente volvió a la pintura, pero no volvió a ser ese ciclón de los años treinta. El silencio se apoderó de ella, aunque cabe decir que los grandes museos empezaron a interesarse por su trabajo para incorporarlo a sus colecciones. En la actualidad es el Museo Nacional Centro de Arte Reina Sofía quien mejor ha sabido acoger la producción de la artista, como lo demuestran las siete piezas que conserva entre ellas, además de «Un mundo», el maravilloso autorretrato de 1928 o «Tertulia» de 1929. Curiosamente son los museos catalanes los que peor representada tienen a la pintora, como es el caso del Mnac con solo una tela: «Niña» de 1929. De los cuadros que tiene el Ayuntamiento de Girona se ignora cuándo se exhibirán.