Cuando Dalí fue un pintor cubista

Una carta del artista a su tío muestra cuáles eran los intereses estéticos del ampurdanés a principios de los años veinte

Una página de la carta que Dalí dirigió a su tío Anselm Domènech
Una página de la carta que Dalí dirigió a su tío Anselm Domènech FOTO: UK-PhotoFreelance3

Mucho antes de convertirse en uno de los grandes pintores del surrealismo, Salvador Dalí quiso ser Picasso y, por ello, no dudó en convertirse en un artista cubista. Buen ejemplo de ello son algunas de las obras que pinta en el periodo que va de 1923 a 1926. Hablamos de bodegones, algún paisaje y algún retrato. Todo ello forma parte de la búsqueda de un lenguaje propio por parte de un pintor que está buscándose.

Una de las mejores herramientas para saber de primera mano lo que pensaba Dalí en aquel tiempo son sus cartas. A la espera de que alguien realice alguna vez la titánica labora de recopilar el copioso epistolario daliniano, tenemos que conformarnos con realizar algunas catas a algunos documentos que poco a poco van viendo la luz. Es el caso de esta carta, subastada por Christie’s de Londres en diciembre de 2020 por un poco más de 9.300 libras, y que el artista de Figueres dirigió a su querido tío Anselm Domènech.

No se sabe cuándo fue redactada la carta, pero lo que es seguro es que el entonces joven Dalí estaba en Figueres como lo demuestra que usara como papel de carta el de la notaría de su padre en la ciudad ampurdanesa. No se puede dejar de tener en cuenta que el pintor siempre tuvo una gran confianza hacia su tío, uno de los primeros en apoyarlo de manera destacada en la construcción de su carrera plástica.

La misiva de cinco páginas nos presenta algunas de las principales líneas del pensamiento daliniano a inicios de la década de los veinte. «Querido tío: Estoy pintando mucho, aunque naturalmente nunca estoy satisfecho, mejor dicho cada día estoy menos satisfecho con lo que hago a pesar de ver que adelanto mucho», escribe Dalí.

En la nota podemos ver algunas referencias al cubismo, el terreno por el que le gusta moverse pictóricamente hablando durante esos días. «Los cuadros de los pintores cubistas obedecen solamente a necesidades plásticas, pictóricas que son las únicas necesidades a las que puede obedecer una pintura, nunca a necesidades representativas», matiza el futuro genio surrealista.

La larga carta sigue exponiendo más detalles sobre la teoría cubista del pintor, como cuando expresa que «cuando un pintor cubista pinta la primera forma en la tela, todo el resto del cuadro queda implícitamente compuesto. Alguien ha creído que los cuadros cubistas pueden producir emociones literarias. Esto es un criterio falso. Un cuadro cubista solo puede producir impresiones plásticas y, por lo tanto, impresiones que solo se pueden pintar y que de ninguna manera pueden ser escritas. Si pudiéramos escribir mejor que pintar entonces eso sería escribir una novela», apunta con algo de ironía.

Para el pintor, todo obedece a «necesidades plásticas igual que dan valor a los cuadros de Poussin y los antiguos. Tan incomprensible es un cuadro de Tintoretto como uno de Braque, pese a que se compran un cuadro de Tintoretto por el solo hecho de ver que “representa” el bautizo de Cristo».

La carta concluye con una petición a su tío como es que compre una tela de seis metros «la más barata», según recoge, porque la quiere para trabajar. «Sabes que sin pintar soy como un pez sin agua», concluye el joven Salvador Dalí.