Salud

Una terapia con malla de tejido del propio paciente logra por primera vez regenerar el cartílago lesionado

Este tratamiento, desarrollado en el Instituto Cugat, recurre a trozos del cartílago dañado mezclados con plasma del paciente para restituir lesiones en este tejido y evitar así llegar a desarrollar una artrosis

La nueva terapia con malla de PRP requiere de una pequeña intervención en el caso de lesiones en la rodilla. En cadera y tobillo se hace con artoscopia
La nueva terapia con malla de PRP requiere de una pequeña intervención en el caso de lesiones en la rodilla. En cadera y tobillo se hace con artoscopiaInstituto Cugat

En el campo de la traumatología, el principal caballo de batalla en lo relativo al abordaje de las lesiones en las articulaciones es el cartílago, que es el elemento que más peso tiene ya que frecuentemente acaba generando artrosis, razón por la cual la mayor parte de terapias biológicas, que son todos aquellos procedimientos mediante los cuales, de alguna manera, se crea una influencia en el crecimiento o regeneración de un tejido determinado, están a día de hoy enfocadas a mejorar ese tejido.

Y ello repercute principalmente en dos tipos de pacientes, que son muy numerosos, cada vez más. El mayoritario es el que sufre artrosis, que se concreta en un desgaste global de la articulación y suele producirse en personas mayores. Para este perfil, no existe ningún tratamiento que pueda recomponer este cartílago y las terapias que se hacen, los tratamientos que hasta el momento se inyectan, están dirigidos a intentar ralentizar este desgaste en la articulación, ya sea la cadera, la rodilla o el tobillo.

También existe un abordaje evolucionado que consiste en intervenir quirúrgicamente al paciente para hacerle un agujero dentro del hueso, gracias al cual se accede a la zona en la que crece el cartílago con el fin de bañarla con factores de crecimiento. Con ambas terapias se logra reducir el dolor, se mejora la función y se logra disminuir la rigidez de las articulaciones, pero no se repara la lesión, sino que solo se consigue frenar el desgaste o estimular la capacidad que todavía tenga el paciente de crecimiento en esa articulación.

El segundo grupo de pacientes resulta más problemático, puesto que se trata de personas jóvenes, muy activas, que practican mucho deporte o, incluso, son deportistas profesionales, y que han tenido un traumatismo o una lesión del cruzado, por ejemplo, y se ha generado una lesión, una fractura, de un trozo de cartílago, dejando suelto un fragmento. El tratamiento convencional consiste en realizar una cirugía para quitar ese trozo de cartílago desprendido, pero no existe forma de sustituir o cubrir el hueco que resulta de esta intervención, de manera que esa articulación, con el tiempo, avanza hacia la artrosis.

“La lesión de este tipo es como una pared de yeso a la que golpeas un día y se crea una grieta y si no haces nada para repararla, con el tiempo crece un poco más o empieza a descascarillarse y poco a poco van cayendo trozos de la pared”, explica a modo de ejemplo el doctor Roberto Seijas, traumatólogo ortopeda de Instituto Cugat, para a continuación indicar que “son pacientes que con el paso del tiempo van teniendo un desgaste más amplio y, por lo tanto, más dolor y con solo 40 años tienen una artrosis como la de una persona de 80 años que no hubiera hecho deporte”.

Pero en 2015, el equipo del Instituto Cugat puso en práctica una nueva técnica ideada por la Fundación García Cugat que mejora significativamente los resultados del abordaje médico de este tipo de lesiones. Al respecto, el doctor Seijas revela que “cuando empiezan esos primeros traumatismos o lesiones que descascarillan la articulación, lo que hacemos es entrar en esta articulación para quitar estos trozos de cartílago que empiezan a caerse y los conservamos para mezclarlos con el plasma del propio paciente, el cual se convierte en un especie de gelatina, y cuando se produce esa mezcla se puede generar una malla, que es como una tortilla de patatas, en la que la patata es los trozos de cartílago y el huevo es el plasma”. “Esa gelatina, la malla, se puede manipular y se le puede dar forma, de manera que la colocamos en el hueco en el que está la lesión y donde antes no podíamos hacer nada”, añade.

La malla está formada por trozos de la articulación que se han desprendido y plasma del propio paciente
La malla está formada por trozos de la articulación que se han desprendido y plasma del propio pacienteInstituto Cugat

Esta terapia fue testada en un ensayo con ovejas que permitió comprobar que la malla favorece la regeneración del cartílago, algo que hasta el momento no se había podido observar con otros tratamientos. “Por primera vez, podemos restituir lesiones de cartílago que, en su inmensa mayoría, llevan a una artrosis, de manera que hay un grupo numeroso de pacientes al que le podemos cambiar el curso natural de esa articulación”, señala el doctor Seijas para a continuación indicar que “la estructura que se genera con la malla es muy parecida al cartílago normal y se comporta de forma parecida”. Así pues, con este nuevo tratamiento se puede restituir el cartílago, que se mantiene y con el paso del tiempo no hay desgaste, mientras que antes, “una lesión de un cartílago era una condena, porque con las terapias convencionales siempre quedan limitaciones”.

El uso de la malla PRP, que en los últimos años se ha incrementado de forma significativa hasta llegar a los 10 o 12 casos por mes en el Instituto Cugat, donde ya se ha hecho más de dos centenares de intervenciones de estas características, no solo está indicado para los pacientes jóvenes con lesiones en las articulaciones, sino que también se puede aplicar en pacientes de edad avanzada en quienes la lesión está localizada, no así en aquellos en los que la articulación ya está totalmente gastada, en cuyo caso es necesaria una prótesis.

Sobre la técnica a la que recurren los cirujanos para introducir la malla, en el caso de la rodilla, es necesario hacer una incisión, con una pequeña cirugía abierta, pese a que con las terapias convencionales bastaba con una artroscopia, técnica a la que, sin embargo, aún se puede recurrir en las articulaciones de cadera y tobillo. Pese a ello, la recuperación tras la intervención es rápida y, tras una inmovilización de una semana, empieza la rehabililtación.

Así pues, esta terapia ha supuesto un gran avance, sin embargo aún queda margen de mejora. Tal y como señala Seijas, “con el tratamiento de la información con Inteligencia Artificial se podría llegar a saber qué tratamiento es el más adecuado para cada paciente: qué porcentaje de plasma hay que poner, qué tamaño de malla hay que usar..”. Además, “aún está muy verde el tema de poder tratar a los pacientes con malla de tipo 3D”, añade.