¿Cómo vamos en la lucha contra el coronavirus?

Cada día recibimos noticias sobre nuevos posibles tratamientos contra el coronavirus, ¿en qué estado estamos realmente?

Coronavirus.- Investigadores europeos muestran el potencial de varios fármacos ya aprobados para tratar el coronavirus
Investigadores europeos muestran el potencial de varios fármacos ya aprobados para tratar el coronavirus COLOURBOX

El coronavirus sigue afectando a nuestras vidas. Nuestros movimientos han sido restringidos para reducir al máximo su probabilidad de contagio, mientras que los centros de salud y hospitales se sobrecargan luchando contra la enfermedad. En estas circunstancias críticas, lo que mejor podemos hacer es hablar sobre las posibilidades de conseguir algún tipo de tratamiento o vacuna contra el coronavirus. Y saber interpretar correctamente la información que nos llega sobre ello.

La carrera de obstáculos del ensayo clínico

Aunque sea una situación de emergencia, cualquier tratamiento que queramos experimentar en seres humanos no puede ser probado sin más. Cada posible nuevo fármaco es, por definición, una sustancia capaz de afectar a nuestro organismo, y siempre existe la posibilidad de provocar algún efecto secundario impredecible. Por este motivo, un candidato a fármaco debe pasar por diferentes fases de un ensayo clínico hasta poder ser usado en pacientes con total seguridad.

Antes de empezar a ser probado en humanos, los candidatos deben pasar la fase 0. En esta fase inicial, el posible fármaco debe ser probado en animales de experimentación para demostrar que tiene algún efecto beneficioso contra la enfermedad y que no es especialmente tóxico. El problema es que los coronavirus como el SARS-CoV-2 no tienen por qué ser capaces de infectar a otros animales igual que al humano. Por ese motivo, los resultados de éxito en animales pueden llegar a dar sorpresas al pasar al humano. Para mejorar las posibilidades de éxito, se investiga con animales que se parezcan a un humano lo máximo posible, como primates o ratones modificados genéticamente que presentan proteínas humanas capaces de engañar al coronavirus.

Si el posible tratamiento funciona en los animales de experimentación, podremos pasar a la fase 1. Ahora sí, con humanos. En esta fase 1, se prueba el tratamiento con aproximadamente una decena de voluntarios sanos, a los que se les da una dosis pequeña y controlada que va aumentando poco a poco. El objetivo de esta fase es comprobar los posibles efectos secundarios del medicamento y calcular la dosis máxima del tratamiento que podemos admitir sin tener ningún efecto secundario indeseable.

Esa dosis máxima es clave para la siguiente fase del ensayo clínico, la fase 2. En este punto ya se empiezan las primeras pruebas con un centenar de pacientes. Cada uno de ellos recibe una dosis ajustada del fármaco y se comprueba si mejoran en su enfermedad. En caso de no ver ninguna mejoría, la dosis se aumenta poco a poco hasta llegar a la dosis máxima calculada en la fase anterior. Si se ha llegado a esta dosis máxima y no hay efecto, entonces el medicamento es automáticamente descartado y no será posible usarlo.

Un nuevo tratamiento puede demostrar tener un efecto positivo en la fase 2, pero aun así no ser un buen medicamento por ser demasiado leve. Para demostrar si este medicamento merece la pena, existe la fase 3. En esta fase, el tratamiento candidato se compara con el mejor tratamiento disponible para la enfermedad. Si el mejor tratamiento disponible es mejor que el nuevo, no pasa la prueba ya que se considera poco ético sacar un tratamiento peor que lo que ya existe. No obstante, hay varias excepciones a esta norma. Por ejemplo el nuevo tratamiento puede ser un poco menos efectivo pero tener muchos menos efectos secundarios. O puede ser usado en una parte de la población donde otros tratamientos no pueden, como niños o embarazadas. La idea de la fase 3 es demostrar que el nuevo tratamiento es importante para su uso sanitario normal, y es una fase cada vez más estricta a medida que mejoran los medicamentos para una enfermedad dada.

En la búsqueda de tratamiento contra el coronavirus, se da la circunstancia de no tener ningún tratamiento conocido contra el que competir, por lo que el tratamiento candidato se compara contra un placebo, un fármaco falso que no tiene ningún efecto pero tiene el mismo aspecto que el tratamiento a probar. Ciertos síntomas como el dolor pueden verse alterados por nuestras propias expectativas de ser tratados, bajo un fenómeno llamado efecto placebo. Para que la fase 3 pueda ser superada, los nuevos fármacos deben ser mejores que el efecto placebo y demostrar un efecto mayor al que logramos nosotros mismos mediante sugestión.

Si un candidato consigue pasar la fase 3, ya podemos decir que tenemos un fármaco apropiado para ser usado en los pacientes. No obstante, existe una fase 4 final, en la que el fármaco sigue bajo vigilancia mientras se usa en los diferentes pacientes, controlando los posibles efectos secundarios raros, que aparecen en menos de uno de cada mil pacientes y que eran invisible en las fases previas por los bajos números iniciales.

Como nos podemos imaginar, estas condiciones tan restrictivas hacen que la mayoría de candidatos a tratamiento se descarten en alguna de estas fases. Normalmente las industrias farmacéuticas necesitan entre diez y quince años para generar un nuevo medicamento, a través de un intensivo proceso de prueba y error.

Pero esta década de intentos es necesaria para medicamentos de enfermedades conocidas, ya que tenemos tratamientos buenos a los que tenemos que superar en la fase 3. En el caso del coronavirus, solo tenemos que lograr algo que funcione mejor que el placebo, aunque sea levemente, e ir creciendo lentamente desde ese punto. Esto aumenta las posibilidades de conseguir tratamientos viables, siempre y cuando haya muchos tratamientos diferentes por probar.

La mejor vacuna

Desde su descubrimiento oficial en diciembre de 2019, más de 35 empresas farmacéuticas e instituciones científicas se han volcado en la búsqueda de algún tratamiento o vacuna para el coronavirus. La mayoría de centros siguen en una fase de experimentación, tratando de entender la naturaleza del virus, conociendo su funcionamiento, su capacidad de mutar en el tiempo o sus puntos débiles a los que tienen que atacar los fármacos.

Con este mayor conocimiento del virus podemos empezar a desarrollar estrategias para combatirlo, pero debemos seguir todas las fases del ensayo clínico para garantizar la seguridad y eficacia del fármaco que generemos. Existen algunas empresas más adelantadas que han empezado ya los primeros ensayos con humanos, pero hay que recordar que cualquier medicamento puede caerse de esta lista si no consigue pasar las pruebas. Lo que nos debe dar esperanza no es tanto ver si llegan a éxito estos primeros candidatos (que esperemos que lo hagan), sino que existen muchos otros fármacos en desarrollo de manera simultánea, que nos asegura las posibilidades de conseguir algún tratamiento en el futuro.

Esquema de los avances más significativos en este momento en la búsqueda de tratamientos contra el SARS-CoV-2
Esquema de los avances más significativos en este momento en la búsqueda de tratamientos contra el SARS-CoV-2Daniel Gómez Domínguez

Uno de los tratamientos más celebrados es el desarrollo de una vacuna para el SARS-CoV-2. El primer avance en este sentido vino de la mano de la empresa biotecnológica Moderna. Al conocer la información genética contenida en el coronavirus, lograron crear una secuencia de ARN similar pero benigna, permitiendo que se generen las proteínas que forman el virus pero sin capacidad contagiosa. Si se consigue introducir de manera correcta a este virus desarmado, tendremos un entrenamiento ideal para nuestras defensas y podremos inmunizarnos cuando llegue el virus real.

Este ARN modificado es el que ha servido como base para que diferentes compañías y países empiecen a crear prototipos de vacunas. Actualmente, una de las vacunas más avanzadas es la desarrollada en China, que esta semana ha obtenido permisos para empezar con la fase 1 de humanos en las próximas semanas tras haber superado con éxito la fase 0 en monos araña.

En paralelo, la empresa estadounidense Kaiser Permanente ya ha empezado a probar en fase 1 de humanos su propia versión de vacuna usando el ARN modificado, con la peculiaridad de saltarse la fase 0 de pruebas en animales. Para hacerlo, le ha hecho falta el permiso de la Agencia del Medicamento Estadounidense, que ha sido concedido de manera excepcional debido a la emergencia actual. A cambio de saltarse la fase 0, su fase 1 será más lenta y controlada, con un voluntario cada vez y con dosis más precisas para evitar efectos secundarios impredecibles.

El resto de compañías internacionales que están trabajando en una vacuna están aún en fase 0, probando con animales la viabilidad antes de pasar a humanos. No es extraño que en las próximas semanas recibamos noticias de más posibles vacunas que empiezan su propia fase 1, compañías como la alemana CureVac, que a pesar de estar en fase 0 ha recibido recientemente ofertas estadounidenses para trasladar su investigación a este país.

Debemos entender que crear una vacuna segura y efectiva va a ser un proceso lento. Pasar por todas estas fases de ensayos requerirá de varios meses de ensayo y permisos. Además, una vez una vacuna sea aceptada, es necesario poner en marcha la producción industrial de dicha vacuna para poder inmunizar a toda la población, algo que tampoco podemos empezar en este momento porque no sabemos cuál será la vacuna ganadora.

Pero existe un atajo, otro método que algunas compañías están realizando para poder combatir el coronavirus a corto y medio plazo: reciclar los medicamentos que ya conocemos.

Aprovechar lo que tenemos

Cada empresa farmacéutica tiene a su disposición diferentes patentes de medicamentos que pueden aprovechar para realizar ensayos clínicos con el coronavirus y comprobar si sirven de algo.

La ventaja de este método es que, si se prueba en la fase 0, no hace falta pasar por la fase 1, y podemos empezar directamente en la fase 2. Ya sabemos la dosis máxima que podemos usar en humanos y los posibles efectos secundarios, de modo que podemos concentrarnos completamente en la fase 2 y 3 para ver si el medicamento tiene un efecto real contra el coronavirus, ahorrando un tiempo valioso en esta situación de alerta.

Con este sistema, actualmente hay tres fármacos que están destacando como posibles tratamientos contra el SARS-CoV-2, cuyas pruebas de fase 2 y 3 ya se realizan en hospitales de varios países afectados, incluido España. Hay que tener en cuenta que en estas fases del ensayo clínico todavía es posible que el fármaco sea descartado si no se ve ningún efecto en los pacientes cuando se compara con el placebo. Pero igualmente que algunos tratamientos serán descartados, otros fármacos reciclados aparecerán.

Un sanitario administra un fármaco de prueba
Un sanitario administra un fármaco de prueba

Uno de estos fármacos es el remdesivir, que ha empezado sus ensayos de fase 3 en varios hospitales de España. Este medicamento creado por Gilead Science ya superó la fase 1 anteriormente como tratamiento experimental contra el virus del ébola. Tiene efecto en la replicación de diferentes virus, frenando la capacidad de multiplicación de los mismos, y se espera que sea efectivo contra el coronavirus de igual forma que lo ha sido para el ébola.

Otro candidato en fase 3 es la combinación de darunavir y lopinavir. El primero es un fármaco usado para el tratamiento del VIH y el segundo es un antiviral que funciona contra el virus SARS, muy parecido al coronavirus actual. Actualmente, se incluyen en el protocolo aconsejado por Sanidad y la OMS para el tratamiento primario del coronavirus, a la espera de ver si existe algún fármaco mejor.

El último candidato es un fármaco sorprendentemente antiguo: la cloroquina. Este medicamento ha sido usado ampliamente como tratamiento contra la malaria y actualmente estaba en desuso por la sustitución de fármacos mejores y su bajada de eficacia. Este fármaco es tan antiguo que ya no tiene ni una patente activa, por lo que son varias las empresas farmacéuticas que pueden fabricarlo y han comenzado varios ensayos clínicos de fase 3. Por ahora, se ha comprobado que tiene un efecto sintomático, mejorando la neumonía provocada por el coronavirus y mejorando la supervivencia de los pacientes. La mayoría de ensayos han sido realizados en China y se espera que aparezca en la próxima guía de la OMS sobre el tratamiento del coronavirus.

En resumen, el descubrimiento de nuevos tratamientos contra el coronavirus será un proceso dinámico, y es cuestión de tiempo que alguno de los candidatos a fármaco que están en la fase 0 acaben siendo suficientemente fiables para pasar a humanos. En las próximas semanas y meses tendremos noticias buenas de algunos candidatos, y lamentablemente noticias peores de candidatos descartados. Lo importante es que esta carrera por obtener una cura se mantenga. Da igual quien gane, porque acabamos ganando todos.

QUE NO TE LA CUELEN:

  • Aunque estos fármacos ya existan para otras enfermedades y sean candidatos a ser útiles en la lucha contra el coronavirus, eso no implica que puedan ser usados directamente. Los ensayos actuales están para demostrar su eficacia real y evitar algún efecto secundario que pueda empeorar la enfermedad. Además, la dosis efectiva no tiene por qué ser la misma para diferentes enfermedades.
  • Por cada tratamiento comentado, hay diez que siguen en desarrollo y que aparecerán próximamente si logran pasar a fase 1. Lo importante es avanzar en paralelo todo lo posible para conseguir antes el mejor tratamiento posible.

REFERENCIAS: