¿Puede haber océanos que alberguen vida en la luna Europa?

Según un estudio las condiciones químicas de esta luna de Júpiter no descartan que pueda ser habitable

¡Otra vez Europa! Uno de los cuerpos del Sistema Solar más fascinantes, uno sobre el que desde hace décadas más ríos de tinta (o series digitales de unos y ceros) se han vertido, vuelve a ser motivo de discusión científica internacional. Y es un nuevo modelo diseñado por la NASA avala la teoría de que en ese satélite de Júpiter podría haber océanos propicios para albergar vida. Europa es una de las lunas más grandes que hay en nuestro vecindario cósmico y un objeto de deseo científico desde hace mucho tiempo.

Las imágenes que arrojaron en su tiempo las misiones «Voyager» y «Galileo» demostraron que su superficie consiste en una suerte de piel de grueso hielo que flota sobre océanos gigantescos de agua líquida. De hecho recientemente se ha podido confirmar con imágenes astronómicas la idea de que parte de esa agua líquida es liberada a través de grietas en el hielo en forma de gigantescos geíseres, lo que sugiere unas condiciones de actividad y temperatura propicias para albergar o haber albergado algún tipo de vida. Ahora, un equipo de investigadores del Jet Propulsion Laboratory ha reinterpretado los datos obtenidos por la misión Galileo (entre 1995 y 2003) para recrear las condiciones geoquímicas en el interior del satélite helado. En concreto, se han diseñado interpretaciones del núcleo, la capa de silicatos y el océano líquido que subyace bajo la corteza. Y al hacerlo se ha descubierto que puede haber minerales que pierden agua y compuestos volátiles a diferentes temperaturas y profundidades.

Misión Galileo

Cuando se añade el volumen estimado de esos volátiles perdidos, se halla que la cifra coincide con los datos observados en la misión Galileo. Es decir, esos compuestos realmente no se han perdido sino que siguen presentes en el agua de Europa. Lo océanos de la luna de Júpiter siguen siendo rico en materiales de interés para los astrobiólogos, los científicos que buscan vida fuera de la Tierra. Los cuerpos sólidos como Europa pueden tener masas de agua formadas posiblemente mediante metamorfismo: las altas presiones y temperaturas a la que se sometieron los materiales rocosos provocaron la ruptura de muchos de esos minerales y el escape de grandes cantidades de agua que contenían.

Los expertos consideran ahora que el océano original de Europa pudo ser ligeramente ácido, con grandes concentraciones de dióxido de carbono, calcio y sulfatos. Pero con el paso del tiempo las aguas pudieron empezar a albergar más cloruro, es decir, a parecerse más a un mar como los terrestres. Un mar de esas características es más propicio para la vida que un mar ácido. Mohit Melwani Daswan, el autor principal de este hallazgo, ha declarado que «Europa es un de los mundos más interesantes del Sistema Solar porque las probabilidades de encontrar vida en él son mayores que en cualquier otro satélite o planeta que nos rodea».

Todas las miradas que se han dirigido a ese satélite han tratado de responder la misma pregunta. ¿Un océano líquido atrapado baja una capa de hielo es tan habitable como un océano libre al estilo de los terrestres? Desde que tenemos constancia de que esos océanos cautivos de Europa generan gigantescos geíseres nos consta que las condiciones de temperatura interna favorecen uno de los requisitos básicos para la vida: la disponibilidad de energía. Otro requisito es que exista un intercambio de compuestos químicos que sean compatibles con la química orgánica. Técnicamente, una luna helada no favorece ese intercambio.

Pero el hallazgo ahora presentado podría cambiar la percepción científica ante esa limitación. Las condiciones químicas de Europa también podrían sugerir habitabilidad. El dato es especialmente relevante porque podrá ser confirmado si todo sale bien por la misión «Clipper» de la NASA que tiene previsto salir hacia esos mismos lares próximos a Júpiter en algún momeno entre 2022 y 2025 según anunció la agencia americana el año pasado. La nave Europa Clipper no orbitaría alrededor de Europa, sino en torno a Júpiter y haría 45 sobrevuelos a altitudes entre los 25 y 2.700 km por encima de su superficie. Se espera que el Europa Clipper pueda volar a una altitud lo suficientemente baja como para atravesar las plumas de vapor de agua que se elevan desde la delgada corteza helada del satélite, pudiendo así tomar muestras del océano bajo la superficie sin necesidad de aterrizar y taladrar el hielo. Esos pases aéreos serán quizás capaces de hallar restos volátiles que ayuden a certificar si la noticia conocida ayer estaba en lo cierto: Europa es un mundo habitable.