Sociedad

Un nuevo estudio arroja luz sobre la supuesta la nave alienígena de Loeb

El famoso objeto extrasolar ‘Oumuamua podría ser “solo” un pedazo de un planeta como Plutón

Reconstrucción de ‘Oumuamua realizada por William K. Hartmann en 2018 (No se trata de una reconstrucción hecha a tenor de los últimos artículos, como algunas fuentes parecen sostener)
Reconstrucción de ‘Oumuamua realizada por William K. Hartmann en 2018 (No se trata de una reconstrucción hecha a tenor de los últimos artículos, como algunas fuentes parecen sostener) FOTO: William K. H Creative Commons

A finales de 2017 llegó a nuestro sistema solar un viajero de otro mundo. Le llamamos ‘Oumuamua, precisamente porque en Hawaiano significa algo así como “primer mensajero distante”. Su presencia despertó la atención de los medios por varios motivos. El primero era esperable: se trataba de un objeto astronómico excepcional, el primero proveniente de fuera de nuestro sistema solar. Estudiarlo podría aportar conocimiento muy valioso sobre cómo son otros lugares del cosmos. Por desgracia, su velocidad apenas nos dio tiempo de observarlo antes de que prosiguiera su periplo, huyendo de este sistema solar lleno de astrónomos paparazis.

Su visita fue fugaz, demasiado fugaz, de hecho. Los pocos datos que los científicos pudieron recoger parecían incompletos. Dejaban aparentes lagunas que podían interpretarse de las más peregrinas maneras. ¿Era aquello un asteroide, un cometa, o alguna otra cosa? Según cómo entendiéramos las evidencias podíamos considerar que las observaciones no encajaban con lo que debíamos esperar de uno de estos objetos astronómicos, y en ese momento fue cuando alzó la voz Abraham Loeb sugiriendo que ‘Oumuamua podía ser una nave alienígena. Este fue el segundo motivo por el que el extraño objeto ganó la atención de los medios. Ahora bien, pese a que la comunidad científica y de filósofos de la ciencia disentían de Loeb, él ha seguido defendiendo su hipótesis en la radio, la televisión e incluso en su libro. Sin embargo, puede que su defensa haya llegado a su fin.

¿Y si es de un hielo diferente?

Los investigadores de la Universidad de Arizona, S. Desch y A. Jackson, decidieron enfrentarse al reto explicativo y han llegado a una conclusión sorprendente. Dos de los mayores problemas de ‘Oumuamua se debían, en primer lugar, a que en estos cuerpos, aceleraciones como la que experimentó al acercarse al Sol se suelen deber a que el calor hace que su hielo pase a gas, empujándoles lejos del astro Rey. Sin embargo, esto normalmente deja una estela de monóxido de carbono o dióxido de carbono propia de los cometas que no ha podido ser distinguida en ‘Oumuamua. Por otro lado está su extraña forma que puede interpretarse, o bien como una tortita o bien como un cilindro alargado y, aunque conocemos objetos astronómicos con este aspecto, no suelen ser muy frecuentes.

Frente a la solución “fácil” de especular acerca de naves alienígenas, Desch y Jackson decidieron estudiar cómo se comportaría una simulación de ‘Oumuamua si esta estuviera compuesta por diferentes tipos de hielo. Al hacer esto, los investigadores pudieron deducir qué cantidad de cada hielo haría falta para generar un objeto que se comportara de forma análoga a como había hecho ‘Oumuamua. Así fue como encontraron una posible solución en el hielo de nitrógeno.

Si ‘Oumuamua hubiera estado formado por este tipo de hielo, podríamos explicar que no se hubiera detectado una cola de polvo, monóxido de carbono o dióxido de carbono. En cuanto a su forma, los investigadores han podido estimar que, del mismo modo que una pastilla de jabón se aplana porque rozamos más sus lados que sus cantos, ‘Oumuamua pudo haber sublimado (pasado de sólido a gas) su estructura helada de tal modo que el tiempo lo hubiera dejado casi chato. De hecho, según estos cálculos y teniendo en cuenta su trayectoria y velocidad, ‘Oumuamua pudo haber abandonado su sistema estelar de nacimiento hace más o menos mil millones de años, concretamente desde algún sistema estelar joven en el brazo galáctico de Perseo. Por aquel entonces, su tamaño habría sido de unos 92 metros de largo, por 91 de ancho y 54 de profundidad.

Un viaje menguante

Los rayos cósmicos habrían ido erosionándolo en su viaje hasta que en 1995 irrumpió en nuestro sistema solar con unos 20 metros menos por cada lado. Así pues, cuando lo vimos en 2017, podía tener unos 45 metros de largo, por 44 de ancho y 7,5 de profundidad, lo cual es menor a lo que otros estudios habían estimado hasta ahora, pero esta discrepancia se debe a que su tamaño se calcula en función del brillo, y este a su vez depende del material que lo componga. Como Desch y Jackson plantean que sea un objeto helado, este reflejaría más luz que si fuera rocoso, haciendo que, para el mismo brillo, requiriera un tamaño menor.

La pista definitiva la encontraron cuando estaban calculando cuánta luz debería de reflejar (albedo) la superficie de su modelo de hielo de nitrógeno para que coincidiera con el movimiento de ‘Oumuamua. La respuesta fue, curiosamente, que requería el mismo albedo que hay en la superficie de Plutón, el cual resulta estar cubierto con una cantidad nada desdeñable de nitrógeno sólido. Cabría la posibilidad, por lo tanto, de que ‘Oumuamua fuera un fragmento de un exo-Plutón, si es que queremos llamarlo así. Un pedazo de su corteza que hubiera salido despedido por el choque de algún asteroide o meteoro.

Para afianzar un poco más esta idea, los investigadores trataron de calcular algunos detalles de la hipotética colisión. Así fue como revelaron que, en esta pudieron haberse producido 1014 fragmentos, la mitad con predominio de hielo de agua y la otra mitad con mayoría de hielo de nitrógeno. Aunque los resultados son tremendamente especulativos, los investigadores afirman que estos números encajan con la frecuencia con la que observamos objetos extrasolares, como ‘Oumuamua o Borisov. No obstante, no hemos de olvidar que esta muestra es tremendamente reducida y que todavía no podemos obtener de ella un análisis estadístico riguroso.

Abducción no alienígena

De vez en cuando, nos enfrentamos a escenarios que no encajan con cómo entendemos el mundo. Nuestro cerebro crea modelos de la realidad, regidos por normas sencillas que experimentamos en nuestro día a día. En ellos, se contempla lo más probable. Si soltamos un plato, el plato caerá y se romperá contra el suelo, si nos cortamos con un folio sentiremos dolor y puede que incluso sangremos. Cuando estas regularidades se rompen es cuando la creatividad llama a la puerta.

Una forma de verlo es hablar del pensamiento abductivo: ante un suceso extraño, necesitamos buscar una explicación bajo la cual el suceso empiece a verse como algo normal. Por ejemplo, si escuchamos ruidos en nuestra casa cuando creemos estar solos, podemos imaginar que los ruidos provienen de la nada, o bien, que no estamos tan solos como creemos. Bajo la segunda hipótesis los ruidos ya no atentan contra nuestros modelos del mundo, tendremos que enfrentarnos a la incómoda pregunta de quién hay en nuestro hogar y cómo ha entrado en él, pero los ruidos en sí mismos ya no serán un desafío para nuestras reglas sobre cómo funcionan las cosas.

Lo malo del pensamiento abductivo es que no nos lleva necesariamente a conclusiones correctas, por eso, existe una diferencia clara entre la propuesta de Loeb y la de Desch y Jackson. La última solo precisa de aquello que ya conocemos y nos proporciona una especulación parsimoniosa que cubre los aparentes huecos de ‘Oumuamua, para evitar que por ellos se nos cuele un hombrecillo verde.

QUE NO TE LA CUELEN:

  • Parte de los defectos atribuidos a la hipótesis de Loeb siguen presentes en la nueva explicación de Desch y Jackson. Por ejemplo: la dificultad (o directamente imposibilidad) de falsar su hipótesis, esto es, que, dado que ‘Oumuamua ha partido, ya no podemos someterla a las pruebas de rigor para aclarar si se trataba de una nave, de un trozo de planeta o de cualquier otra cosa. No obstante, podemos defender que la hipótesis del fragmento planetario es superior a la nave en tanto que no requiere de grandes saltos de fe (como asumir la visita de una civilización alienígena) así como por su capacidad para explicar los detalles del evento. Esto es suficiente para reafirmar el carácter innecesariamente complejo de la explicación de Loeb.
  • Del mismo modo, hemos de recordar que esta no es la primera vez que se trata de modelizar ‘Oumuamua como un fragmento de hielo, como sucedió cuando fue propuesto que estuviera formado por hielo de hidrógeno. Todas estas hipótesis fallan en algún punto más o menos relevante, pero nos recuerdan que todavía no tenemos ninguna explicación completamente satisfactoria.

REFERENCIAS: