El estudio de 400 objetos funerarios confirma que los roles de género ya estaban bastante definidos hace 7000 años

La división del trabajo ha sido un aspecto de la antropología poco estudiado por la arqueología, no obstante, un nuevo estudio arroja algo más de luz en este tema.

Ilustración de agricultores neolíticos
Ilustración de agricultores neolíticosMasclans ACreative Commons

Hace ya mucho que la antropología cultural se preocupa por estudiar las divisiones del trabajo establecidas en torno al género del trabajador. Prácticamente en todas las sociedades existe algo parecido a los roles de género en el mundo laboral y eso nos hace pensar que, posiblemente, las sociedades de las cuales venimos también tenían este tipo de divisiones. No obstante, aquí es donde viene el problema. Por un lado, hace mucho que asumimos que existían roles de género en la prehistoria, por otro, parecemos haber descuidado bastante las investigaciones de paleoantropología que refrendarían esta idea.

Así es como, a grandes rasgos, se ha popularizado que, indefectiblemente, los hombres prehistóricos cazaban mientras que las mujeres recogían bayas y que, tras la llegada de la agricultura, las mujeres habrían quedado relegadas a tareas domésticas. Ahora bien, si dejamos a un lado los tropos para investigar qué sucedía realmente, encontraremos una realidad bastante más rica y dinámica, donde los roles cambiaban no solo con el tiempo, sino con la distribución geográfica. Eso es, precisamente, lo que ha hecho el equipo de la doctora Alba Masclans, de la Universidad de Barcelona.

Información que se llevaron a la tumba

Interrogar al pasado no es fácil, en especial cuando la idea es remontarse varios miles de años, hasta el neolítico, por lo que hay que ser bastante metódico. Los investigadores decidieron restringir su trabajo a los yacimientos datados con 7.000 años de antigüedad y, en cuanto a la ubicación, las seis ubicaciones estudiadas se extienden a lo largo de una misma latitud recorriendo casi 900 kilómetros a través del centro y oeste de Europa. El yacimiento más oriental se encuentra en Nitra (Eslovaquia) y el más occidental en Vendenheim (Francia).

El siguiente paso era determinar cómo se podía extraer información acerca de la división del trabajo en estos yacimientos. Hacía falta encontrar alguna asociación entre individuos de distintos géneros y su actividad, pero las actividades, como tal, no se conservan. En su lugar, hacía falta hipostasiarlas de algún modo, buscar objetos relacionados con las actividades y que sí se hubieran preservado. En cuanto a cómo asociar estos objetos con individuos concretos, por desgracia no es frecuente encontrar restos de personas en plena labor, pero hay un lugar de donde pueden extraerse estas relaciones: las tumbas.

Aunque ahora no se estile tanto, durante buena parte de nuestra historia las personas eran enterradas con un ajuar que, o bien les serviría para su vida en el más allá, o se trataba de objetos que simbólicos que podían haber sido relevantes para el difundo. Así pues, podríamos asumir que un sujeto enterrado con puntas de flecha, posiblemente se hubiera dedicado en vida a la caza o la lucha. Esta era la primera pista, pero había muchas dudas que aclarar.

Más de 400 objetos

Sacar conclusiones no era tan fácil como exhumar un par cuerpos y ver su sexo y el tipo de herramientas con las que habían sido enterrados. Para sacar resultados realmente robustos el equipo de Masclans analizó más de 400 herramientas diferentes. La idea era clasificarlas en función de sus características físicas, tanto macroscópicas (proporciones, tamaño, peso, curvatura…) como microscópicas (erosiones a pequeña escala, desgaste…) lo cual nos habla de el uso que se les había dado. A esto se sumó el análisis de los cuerpos, tanto para determinar su sexo mediante el estudio de sus huesos (un análisis isotópico, que no es otra cosa que detectar las proporciones de determinados elementos químicos que nos hablan del origen y antigüedad de los restos.

Los resultados parieron mostrar un patrón claro donde los restos de sexo masculino fueron enterrados con herramientas de piedra que, a juzgar por su aspecto y el conocimiento previo de la industria lítica de estos enclaves, habrían sido usadas para trabajar madera, cortar carne, cazar y combatir. Actividades que siguen más o menos estereotipadas como masculinas. Frente a estas, los cuerpos de sexo femenino fueron hallados junto a herramientas empleadas para curtir pieles de animales o cuero. Por supuesto, este análisis solo nos mostrará aquellas actividades que hayan dejado instrumentos con los que pudiera enterrarse al individuo, por lo que hay que tener en cuenta que no representa la distribución completa de tareas.

Del mismo modo, las limitaciones obvias hacen necesario asociar (por estadística) que el sexo de los fallecidos estudiados coincidía con los roles de género propios de su tiempo, lo cual en cierto modo ha sido refrendado por el hecho de que la distribución de herramientas parezca bastante clara en función del sexo. No obstante, esta distribución de herramientas también parece seguir un patrón geográfico que coincide con la expansión de la agricultura que avanzó de este a oeste.

QUE NO TE LA CUELEN:

  • En el propio estudio se aclara que las herramientas en cuestión no eran necesariamente las usadas por los difuntos, pero que independientemente de ello, podían ser una forma de simbolizar las actividades que realizaban en vida.
  • Otro detalle a tener en cuenta es que tenemos evidencias de mujeres que cazaban durante la prehistoria e incluso ahora existen tribus como la de los Aka, en África, donde los roles de género parecen estar invertidos. No obstante, no debemos confundir esto con una sociedad matriarcal en el sentido más antropológico de la palabra, pues del mismo modo que para nuestra sociedad los valores relacionados con las tareas propiamente masculinas han sido ensalzados como superiores (valor, fuerza, resistencia…), en estas comunidades tiende a hacerse lo mismo, elevando los valores de las tareas que entienden como propiamente masculinas (el cuidado parental, las habilidades culinarias, etc.)

REFERENCIAS (MLA):