Evolución

¿Por qué nos gustan tanto los cachorros?

¿Cómo es posible que una cría de otra especie nos enternezca tanto?

Cachorro de dachshund de pelo largo
Cachorro de dachshund de pelo largomoshehar / PixabayCreative Commons

Es un hecho que los cachorros nos parecen adorables. Es más, posiblemente sean el paradigma de la “adorabilidad”. Es un fenómeno tan extremo que, podríamos preguntarnos si no hay, acaso, más personas dispuestas a considerar que un gatito es más adorable que un bebé humano. Ahí podríamos entrara en un lodazal sociológico sobre la relación que cada generación guarda con el concepto de paternidad, pero, mucho antes de llegar a esas ciénagas, hay zonas más amables que podemos explorar. Porque, si dejamos de lado a los bebés humanos y pensamos en cuánto nos puede enternecer un perrito, un lechón o incluso una cría de tucán, tendremos que preguntarnos por qué nos despierta esos sentimientos. No son de nuestra especie, algunos ni siquiera son mamíferos, pero remueven en nosotros algo que nos invita a cuidarlos. ¿Cómo camelan a nuestro instinto?

Aquí nos encontraremos con algunos de los problemas clásicos a la hora de hablar sobre evolución. Debemos tener cuidado para no creer que los organismos cambian persiguiendo un fin y que, por lo tanto, buscaron pacientemente que las generaciones los llevaran a una meta particular. Cada pequeño paso debe tener su valor o, al menos, no molestar. Y, cuando hablamos de cambios en el aspecto, pasa una segunda cosa, que no siempre son seleccionados por sí mismos, sino que pueden estar relacionados con cambios en otras características, ya sean físicas o mentales que, por lo tanto, hay muchas factores que debemos tener en cuenta si queremos entender cómo hemos llegado a sentir lo que sentimos por los cachorros ajenos.

No eres tú, soy yo

Hay respuestas incorrectas que no tienen sentido y que, por lo tanto, podemos descartar con facilidad, pero en este caso, corremos en riesgo de caer en lo que es peor: respuestas parciales. Por ejemplo, podríamos pensar que los humanos hemos sido seleccionados para que nuestro instinto paternal se despierte al ver seres con determinados rasgos que comparten tanto los bebés humanos como los cachorros de otros animales. Será cierto, pero incompleto, porque ¿a qué se debe esa similitud? Por otro lado, podríamos decir que algunos animales han evolucionado de tal modo que sus crías resulten adorables para otros individuos ajenos a su especie y, aunque muy cogido con pinzas, podríamos llegar a aceptar la afirmación para algunos casos concretos. La verdadera clave está en tratar de integrar ambos conceptos.

Por un lado, resulta que las proporciones de los cachorros suelen ser más o menos parecidas entre distintas especies: los cráneos grandes y redondos, ojos voluminosos, frentes anchas, morros cortos y movimientos desgarbados. Podemos ver esto en aves, mamíferos, incluso en reptiles… No es que haya algo esencialmente adorable en esas proporciones, sino que los organismos que respondían a ellas, en teoría, aseguraban mejor el bienestar de sus crías y, por lo tanto, fomentaban la supervivencia de sus genes. Es parte del proceso normal de desarrollo, de las limitaciones de cada tejido y del proceso embrionario del que partimos. Así que, podríamos decir que esos rasgos tan distintivos de cachorros están presentes en otras especies, no porque les den ventajas para enternecer a adultos, sino porque son así. Pero, entonces

Neotenia

Pero antes habíamos dicho que, en cierto modo, algunas especies sí que han evolucionado hasta hacer a sus individuos más adorables, pero por un motivo diferente. Con la domesticación, por ejemplo, fuimos seleccionando a los individuos con un carácter más social, los menos agresivos. Ya fueran lobos, cerdos o aves, eso significa que los individuos más infantiles eran aquellos más dados a la convivencia y, por lo tanto, más aptos para la cautividad. Pero claro, seleccionando los rasgos psicológicos más “infantiles”, también se seleccionaron características físicas del mismo tipo. Por eso, si lo pensamos, hay gran similitud entre un perro y un cachorro de lobo (con sus orejas gachas y sus patas rollizas), o entre un jabato y un cerdo doméstico, por ejemplo.

De hecho, también nos hemos domesticado un poco a nosotros mismos en pos de poder formar comunidades más grandes y complejas (o, al menos, eso plantean algunas hipótesis bastante aceptadas). Nuestro aspecto pelón, de mandíbula estrecha y cejas poco prominentes recuerda al de una cría de chimpancé más que al de un gran simio adulto. Así que, en cierto modo, podemos decir que algunas especies han ido cambiando hasta volverse más adorables, aunque no de la manera que esperaríamos y, no solamente entre sus crías.

QUE NO TE LA CUELEN:

  • Hay muchos estudios que tratan de comprender los mecanismos que hay tras la neotenia, pero sigue habiendo mucho que aclarar y, por supuesto, resultados cuestionables que se han ido purgando con el tiempo.

REFERENCIAS (MLA):