Sociedad

¿Maltrato animal o progreso? La última aventura de Elon Musk

Neuralink, que pretende diseñar un revolucionario interfaz para conectar tu cerebro a una máquina, está siendo investigada

Elon Musk asistiendo a la apertura de una fábrica de Tesla en Berlín (Patrick Pleul/Pool via AP, File)
Elon Musk asistiendo a la apertura de una fábrica de Tesla en Berlín (Patrick Pleul/Pool via AP, File) FOTO: Patrick Pleul AP

Elon Musk es uno de los nombres más sonados de la actualidad. Hace un año habríamos dicho que “tanto para bien como para mal, estaba en boca de todos”, ahora, en cambio, podríamos arriesgarnos a decir “para bien” se le nombra menos. El magnate siempre se ha caracterizado por su extraña relación con los medios de comunicación. No tardó en tomar el papel de showman y lanzar promesas arriesgadas sobre sus revolucionarios productos. Promesas que, aunque a veces ha cumplido, rara vez lo ha hecho a tiempo o con la excelencia que había sugerido, en otras ocasiones, simplemente han caído en saco roto. Uno de los casos más comentados ha sido el del robot “Optimus”, que presentó en 2021 mediante un bailarín disfrazado y que prometió tener prototipado para septiembre del presente año. Tres meses después, ni está ni se le espera. En cualquier caso, tras un año bastante movido, Elon Musk ha vuelto a los titulares por su empresa Neuralink y se trata de una cuestión ética.

En 2016, Elon Musk fundó una empresa para diseñar interfaces que permitieran comunicar el cerebro con un ordenador y viceversa. No era el primero en hacerlo y, a pesar de sus promesas, desde entonces Neuralink tampoco ha destacado demasiado dentro del sector. Sin embargo, cada cierto tiempo ha aparecido en los medios prometiendo maravillas, como devolver el control de sus piernas a las personas paralíticas, la vista a las ciegas o incluso curar la depresión o el trastorno del espectro autista. Por ahora solo han experimentado en animales y los resultados no parecen estar demasiado cerca de estos resultados. No obstante, hace tan solo unos días prometió que empezarían a experimentar en humanos el año que viene. La sucesión de los hechos parece algo precipitada, sobre todo con lo delicado que es el procedimiento, ya que implica abrir el cráneo y alojar en él un dispositivo electrónico. El cualquier caso, el escepticismo ha sido solo una parte de la noticia, porque ahora Neuralink está siendo investigada por violaciones del bienestar animal.

No todo vale

Antes de probar un dispositivo así en personas, conviene haber experimentado lo suficiente en animales, para reducir todo lo posible los efectos adversos en los humanos que acabarán siendo reclutados para el estudio. Por ese motivo, Neuralink llevaba tiempo probando el interfaz en mamíferos, especialmente en cerdos, ovejas y monos por sus similitudes con nosotros. De hecho, en 2021 hizo una demostración con un cerdo en el que podían detectar la actividad mental y recientemente mostró a unos monos jugando a un videojuego con este aparato. Ahora, tras ciertas quejas de algunos trabajadores, se ha abierto una investigación para comprobar la adecuación de las prácticas que están llevando a cabo con animales. Porque, aunque podamos creer que la ciencia y la tecnología aceptan todo tipo de sufrimiento animal en beneficio del progreso, la realidad es bien diferente.

Durante las últimas décadas, la investigación ha incorporado una visión mucho más ética de los estudios con animales. Ya no vale todo con tal de progresar, ni mucho menos. Cada vez hay más restricciones legales que obligan a los investigadores a optimizar sus estudios para reducir el daño que puedan producir en animales. En concreto hay tres erres que son fundamentales en la experimentación animal. En primer lugar, tenemos la erre de “reemplazo”, que plantea utilizar sistemas alternativos siempre que podamos evitar con ellos el uso de animales. En ocasiones, un modelo informático puede ser suficiente para la investigación, por ejemplo. La segunda hace referencia a la palabra “reducir” y significa que hemos de utilizar la menor cantidad de animales posibles para un estudio y que, si el experimento puede dar resultados válidos con 10 ratones, por ejemplo, no usemos 11. Y, en caso de que no podamos reemplazar a los animales y ya hayamos reducido su número al máximo, deberemos pasar a la tercera erre: “refinar”. En esta última se contemplarían todas las prácticas que ayudaran a reducir el sufrimiento animal al mínimo: la manera de mantenerlos vivos, su manipulación, la forma de sacrificarlos, etc. Teóricamente, los animales empleados durante los últimos años 1500 de los cuales se han sacrificado desde 2018, pueden haber sido tratados de forma poco ética y eso es lo que la investigación pretende dilucidar.

¿Y todo esto para qué?

Todavía no sabemos si las acusaciones son ciertas, por lo que tendremos que esperar a que se resuelva la investigación, pero debemos preguntarnos otras cuestiones sobre la empresa. Elon Musk ha dicho recientemente que el dispositivo está listo para ser implantado en seres humanos y que él mismo se pondrá uno en una futura demostración. Y es que, por lo que ha afirmado, empezarán sus ensayos en humanos durante 2023. Una vez más, la afirmación ha parecido precipitada entre los expertos del sector. No podemos olvidar que otras empresas menos dadas al show mediático recibieron la aprobación de la FDA para experimentar en humanos durante el año pasado, como fue el caso de Synchron. Neuralink todavía no tiene esa aprobación y se hace difícil imaginar cómo podría obtenerla y ponerla en práctica durante los próximos 12 meses.

Quien sí empezará a experimentar en humanos durante 2023 es la empresa Paradromics y, teóricamente, Blackrock Neurotech empezará a comercializar sus interfaces cerebro máquina durante el año que viene. Ninguno de estos dispositivos hace lo que prometía Elon Musk, pero recordemos que el propio artefacto de Neuralink tampoco cumple sus promesas. Lo que ha mostrado con cerdos y monos no está muy lejos de lo que ya habían hecho otras empresas. Por ejemplo, en 2015 unos científicos lograron devolver la deambulación a un mono con parálisis. Neuralink ni siquiera es punta de lanza en cuanto al diseño de su dispositivo. Por ejemplo, en 2020 la empresa exhibía con orgullo la delgadez de sus electrodos, mucho menos lesivos para el cerebro. Sin embargo, pocos meses después ya habían sido superados por otra empresa. Esto es una parte natural de la investigación en nuevas tecnologías, pero no es propio de una compañía que se presenta con promesas totalmente desmarcadas de lo que ofrecen sus competidoras.

Todavía es posible que Neuralink nos de una sorpresa y revolucione el mercado de los interfaces cerebro-máquina, pero siendo cautos, parece poco probable que consiga acercarse a las maravillas que Musk sigue sugiriendo en sus declaraciones. Y ese es el peligro, porque estamos hablando de esperanza. No es solo una cuestión de inversión, sino de pacientes que esperan cada día una noticia que les cambie la vida y les permita volver a andar. Promesas sin pies ni cabeza de las que algunos medios se hacen eco y que se acaban esfumando.

QUE NO TE LA CUELEN:

  • Es bien sabido que Elon Musk suele prometer plazos y objetivos difíciles de cumplir y que, efectivamente, no suele alcanzar. Para algunos, esto es una manera de revolucionar la industria, captar talento y reunir capital. La cuestión es que este tipo de acciones tienen una dimensión ética, sobre todo cuando pueden afectar al éxito de otras empresas teóricamente más adelantadas, pero sin la capacidad de mover mercados con un tuit. Recordemos que tras las empresas de Elon Musk suele haber una justificación humanista y que, teóricamente, tratan de hacer un mundo mejor. Algunas voces han empezado a preguntarse cuánto encaja esta visión con las promesas imposibles de cumplir y los resultados de Neuralink pueden ser claves para deshacer este entuerto.

REFERENCIAS (MLA):