Cultura

Prehistoria

Científicos descubren que llevan años confundiendo estas tortugas con plantas

El Padre Gustavo Huertas estuvo décadas coleccionando fósiles de supuestas plantas que, en realidad, eran raros fósiles de tortugas bebés

El fósil que originalmente fue interpretado como una planta, pero que los investigadores han descubierto ahora es el interior del caparazón de una tortuga beb
El fósil que originalmente fue interpretado como una planta, pero que los investigadores han descubierto ahora es el interior del caparazón de una tortuga bebFabiany Herrera and Héctor Palma-CastroEurekalert

Nada tiene que ver una tortuga con una planta. Eso está claro. Pero cuando las hacemos pasar por varias decenas de millones de años, la diferencia no es tan notable o, al menos, no lo es al ojo inexperto. Eso es lo que ha ocurrido con los fósiles de unas crías de tortugas halladas en Colombia hace décadas. Todo comenzó en los años cincuenta, cuando el sacerdote Gustavo Huertas empezó a coleccionar rocas y fósiles que encontraba en sus paseos por la naturaleza. Como aficionado, el Padre intentó clasificar las especies que hallaba y, entre ellas, estaba la Sphenophyllum colombianum, una planta extinta que no despertó sospechas en el Padre Gustavo, pero que hizo saltar todas las alarmas de un grupo de científicos en cuanto supieron de su existencia.

Aquellas supuestas plantas despertaron el interés de Fabiany Herrera, el conservador asistente de plantas fósiles en el Field Museum de Chicago, y su estudiante Palma-Castro. Para un ojo inexperto no había nada extraño. Parecían siluetas de hojas en nódulos de roca, contornos surcados por “venas” vegetales. Sin embargo, había un detalle extraño, porque esos fósiles parecían ser del Cretácico Inferior, hace algo más de 113 millones de años, antes de que se extinguieran los dinosaurios no avianos. Si eso era cierto, el Padre Gustavo había encontrado unos de los ejemplares más antiguos de Sphenophyllum colombianum. No era el lugar geográfico donde hemos encontrado más fósiles de este género de plantas y tampoco la época en la que más había. Así que… ¿y si no eran plantas?

Algo falla

En palabras del propio Fabiany Herrera: "Fui a la colección de fósiles en la Universidad Nacional de Colombia en Bogotá y comenzamos a examinar las plantas, y tan pronto como las fotografiamos, pensamos: 'esto es extraño'". Vistas por un experto en paleobotánica , las “venas” de esos fósiles de apenas 5 centímetros no parecían venas. Tras varios días enteros escrutando varias colecciones de plantas, por fin se atrevieron a decir lo que sospechaban: ¿y si era hueso? A quien tiene un martillo todo le parecen clavos, y estos paleobotánicos habían hecho lo más complicado, comprender que el error de clasificación era tan radical como que no estaba bien identificado, ni siquiera, el reino al que pertenecían los fósiles.

Así pues, decidieron enviarle un ejemplar a Edwin-Alberto Cadena, paleontólogo experto en especies neotropicales. Efectivamente, era hueso, y no uno cualquiera. Lo que pensaban que eran tallos y hojas eran, en realidad, las costillas de una tortuga “bebé”. Aunque los dibujos animados nos hayan enseñado que el caparazón es un objeto de quita y pon, en realidad está fusionado al propio esqueleto de la tortuga. Si pudieras quitarle el caparazón a una y verlo por dentro, podrías observar cómo la columna vertebral surca la parte interior del caparazón superior, desplegando a ambos lados pares de costillas sobre los que se asienta lo que nosotros vemos desde fuera, todo unido en una estructura inseparable.

Un fósil excepcional

Y lo más sorprendente es que estos fósiles de tortugas son especialmente delicados. Al ser crías, su esqueleto es más fino y frágil, por lo que se suele conservar mucho peor y apenas contamos con fósiles de crías de tortugas. Así que estos ejemplares se vuelven especialmente interesantes para la paleozoología y, aunque es difícil estimar la edad exacta, sus características óseas hacen pensar que tenía entre 0 y 1 años, aproximadamente. "Estas tortugas probablemente eran parientes de otras especies del Cretácico que medían hasta quince pies de largo, pero no sabemos mucho sobre cómo crecieron hasta alcanzar tamaños tan gigantes", dice Cadena.

A falta de identificar la especie, los investigadores han decidido apodar a estos ejemplares como “Turtwig”, un Pokémon medio tortuga medio planta, con una hoja en la cabeza. "Resolvimos un pequeño misterio paleobotánico, pero, lo que es más importante, este estudio muestra la necesidad de volver a estudiar las colecciones históricas en Colombia. El Cretácico Inferior es un momento crítico en la evolución de las plantas terrestres, especialmente para las plantas con flores y las gimnospermas. Nuestra tarea futura es descubrir los bosques que crecieron en esta parte del mundo", afirma Herrera.

QUE NO TE LA CUELEN:

El error del Padre Gustavo es, en realidad, bastante comprensible y así lo relatan los expertos. En ningún caso pretendemos criticar su trabajo.

REFERENCIAS (MLA):

An Early Cretaceous Sphenophyllum or a hatchling turtle? Palaeontologia Electronica 10.26879/1306